jueves, 21 de agosto de 2014

Manos des-atadas – Parte II (con ejercicio) por Merlina Meiler

Ya has leído la parte I de esta nota y te has dado cuenta de que te sientes con las manos atadas.

También tienes en claro quién o quiénes están relacionados y qué parte de ti ha permitido que las cosas llegaran a este punto.

Lo positivo es que has decidido dejar de estar en esta situación, independientemente de las razones que dieron lugar a tu estado actual.

A continuación hay un ejercicio muy potente para comenzar a desandar el camino que te llevo hasta aquí. Trata de hacerlo cuando estés solo, en un lugar en el que no te molesten durante unos minutos (puede ser durante el trayecto en un transporte público).

Al terminar de realizarlo, resulta útil anotar las imágenes o las sensaciones que hayan aflorado, para tener una idea más cabal de qué pasos sería conveniente que tomes primero y hacia dónde dirigirlos.

EJERCICIO

En un lugar sin interrupciones por un rato, imagínate con las manos atadas. Ya sabes qué circunstancia te ha puesto en esa posición.

Dedica unos instantes a pensar en ella por última vez de ese modo.

Puede ser que tengas tus manos delante o detrás de tu cuerpo y que las palmas estén juntas o cruzadas.

Como sea que las visualices, estará bien.

Tal vez la atadura que las une esté un poco suelta o más ajustada.

Concéntrate en la atadura y obsérvala detenidamente.

Luego, contéstate estas preguntas:

¿Cómo la describirías? (por ejemplo, una cuerda gruesa bastante deshilachada)

¿De qué material es?

¿Qué color tiene?

¿Cómo es su textura?

¿Desde cuándo la llevas?

¿Estás decidido a quitártela de encima?

Ahora, focalízate nuevamente en la atadura y comienza a ver cómo, lentamente, empieza a desatarse.

Vas teniendo cada vez mayor movilidad en las manos y en las muñecas.

Comprueba cómo te sientes a medida que las vas girando y liberando.

Fíjate si en algún momento esto se torna dificultoso; ten en cuenta que te has topado con un freno o con una limitación.

No hay reglas fijas ni le pasa lo mismo a la mayoría de las personas; todo lo que vaya sucediendo está bien y está relacionado contigo en especial.

En algunos ejercicios, la atadura cae o incluso desaparece enseguida; en otros, presenta cierta resistencia, asociada a la aparición de algunas imágenes o sensaciones que nos van ayudando.

En este último caso, intenta dilucidar lo siguiente:

¿Quiénes están involucrados?

¿Cuándo te sentiste así en otro momento?

¿Qué clase de emociones te generan?

¿De qué manera puedes sentirte en paz contigo mismo?

¿Qué es necesario que hagas para que las ataduras te liberen por completo?

Tu voluntad de salir airoso y de avanzar es más fuerte y, gradualmente, tus manos están cada vez menos sujetadas, hasta que pueden movilizarse con facilidad, sin nada que las contenga.

En caso de no haberlo logrado totalmente, reflexiona sobre todo lo que sucedió y vuelve a realizar el mismo ejercicio dentro de una semana, luego de haber realizado algunas acciones de mitigación.

¡Recuerda compartir conmigo cómo te va!


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