miércoles, 6 de agosto de 2014

Buena respuesta...

Dos niños patinaban en un lago congelado de Alemania. Era una tarde nublada y fría. Los niños jugaban despreocupados.

De repente, el hielo se quebró y uno de los niños se cayó, quedando preso en la grieta del hielo. El otro, viendo a su amigo atrapado y congelándose, tiró un patín y comenzó a golpear el hielo con todas sus fuerzas hasta, por fin, consiguió romperlo y liberar a su amigo.

Cuando los bomberos llegaron y vieron lo que había pasado, preguntaron al menor:

- “¿Cómo conseguiste hacer eso? ¡Es imposible que consiguieras partir el hielo, siendo tan pequeño y con tan pocas fuerzas!”

En ese momento, el sabio Albert Einstein, que pasaba por allí, comentó:

- Yo sé cómo lo hizo.

- ¿Cómo? – le preguntaron.

“Es sencillo, -respondió Einstein-, no había nadie para decirle que no era capaz”.

“Dios nos hizo perfectos y no escoge a los capacitados, sino que capacita a los escogidos. Hacer o no hacer algo, sólo depende de nuestra voluntad y perseverancia”.

Conclusión:

Preocupémonos más por nuestra conciencia que por nuestra reputación. Porque por la conciencia somos lo que somos y por la reputación somos lo que los otros piensan de nosotros. Y lo que los demás piensen de nosotros es problema de ellos.


Desconozco el autor/a.

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