viernes, 25 de julio de 2014

Tu individualidad por Merlina Meiler

No importa a qué te dediques ni en qué emplees la mayor parte de las horas de tu vida.

Es necesario que haya algo que te pertenezca a ti solamente.

Quizá te dediques exclusivamente a tu hogar y a la crianza de tus niños.

Tal vez trabajes o estudies y el resto del tiempo estés en tu casa, con los tuyos.

Más allá de lo que hagas en compañía de tu familia de origen, pareja o hijos, es imprescindible que haya algo que te pertenezca a ti solamente.

Puede tratarse de un hobby, una amistad, una pasión, algo que refleje un gusto o una afición de tu parte y que permite que tu personalidad reluzca y tu creatividad florezca, además de hacerse sentir bien y en plenitud.

Y es esencial que cuentes con un espacio así, con la asiduidad que resulte posible.

Las parejas que están juntas hace años o los mayores de edad que viven en la casa de sus padres y están subordinados a ellos económicamente pueden llegar a acatar el punto de vista ajeno, en desmedro de sus propios intereses, deseos y aspiraciones.

La dependencia nunca es recomendable y la dependencia interna total, mucho menos.

Porque te hace perder tu individualidad, estar todo el tiempo pendiente de las decisiones y de las reacciones del otro y, además, opaca tu luz.

Te trasforma en un ser alejado de ti mismo y llegas a no reconocerte.

Créeme que nunca pero NUNCA vale la pena dejar que esto suceda. Por lo general, esto se aprende con el tiempo y con las experiencias, pero ojalá te des cuenta de la importancia antes de que esto te produzca alguna tristeza.

Porque aunque en un principio dejar nuestros intereses de lado parezca más sencillo y también una manera de evitar problemas, a mediano y a largo plazo generará conflictos que provocarán el efecto inverso al buscado, tanto en tus relaciones interpersonales como dentro de tu ser.

No renuncies a tu individualidad por nadie ni por nada.

Tampoco permitas que una persona (sea quien sea) se interponga entre tú y aquello que facilita que te reconozcas a ti mismo de una manera que solo tú conoces.

Quien te quiere bien no intentará que abandones o pospongas indefinidamente aquello que demuestra tu individualidad y que te hace feliz

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