viernes, 18 de julio de 2014

Las apariencias engañan

En una prestigiosa universidad de Sudamérica, el primer día de clases, se encontraba en la biblioteca un hombre vestido de overol, de ésos que usan los trabajadores de las fábricas, y calzaba sandalias en un día muy frío. En sus manos llevaba varios libros.

- ¿Quién es ese hombre? – era la pregunta general.
- Es un profesor de Física, y viene de Norteamérica - fue la respuesta, con la siguiente historia:

Un día, este hombre llegó hasta la facultad de Física, vestido del modo tan particular en que le gusta vestir. Pidió, en un español poco fluido, una entrevista con el decano. Le indicaron que estaba en una reunión con un grupo de docentes. El hombre insistió en verlo. La secretaria lo buscó, y al rato salió el decano a verlo.

Luego de saludarlo, el hombre le dijo: -Vengo a pedir trabajo como docente de Física.
El decano miró su apariencia de arriba abajo; su aspecto era la antítesis de un profesor universitario. De pronto, el decano dibujó una leve sonrisa en su rostro, y lo invitó a que lo acompañara. Entraron en una sala, donde había una media docena de docentes universitarios.

El decano le dijo: - Hace poco recibimos este libro como texto guía. Estamos
aquí, intentando solucionar unos problemas de Física. Si usted es capaz de resolverlos, lo contrato como docente.

El hombre tomó el texto, se dirigió a una pizarra, y tranquilamente comenzó a resolver uno a uno los problemas que le habían indicado. Los docentes cambiaron poco a poco la sonrisa de burla que tenían en sus rostros, por una cara de asombro. Cuando terminó, el decano, atónito, le dijo casi tartamudeando:

- ¿Cómo pudo hacerlo? ¡Hemos estado aquí varios días sin poder resolver estos teoremas! El hombre, con sencillez, simplemente respondió: - Yo soy el autor del libro.
La mejor forma de equivocarnos con las personas es juzgarlas por aspectos externos.


Desconozco a su autor

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