martes, 29 de julio de 2014

Exclusión por Merlina Meiler

En mayor o en menor medida, todos hemos sido incluidos en algún grupo al cual dejan de lado, realizan bromas de dudoso gusto o, directamente, nos hemos sentido discriminados por situaciones completamente ajenas a nosotros.

Ya sea por raza, religión, ideas políticas, país de origen, color de piel, falta de estudios, peso, profesión o muchas otras circunstancias en las que no tenemos ni voz ni voto, hemos escuchado palabras que nos han herido.

A las claras, no sabemos cómo defendernos de aquello que nos endilgan porque apelan a una especie de destino colectivo del que ningún miembro de ese conjunto puede escapar.

Y nos sentimos excluidos.

Quiero proponerte algo:

Piensa por un momento si no tomas una actitud similar con respecto a otros seres humanos.

Tú mismo, ¿no te refieres así sobre alguna gente que conoces (o que no conoces), repitiendo conceptos que no tienen ningún asidero lógico?

Porque nos quejamos del maltrato y expresamos que no todos somos iguales cuando nos atacan, pero en algún lugar nos suele aflorar un encono generalizado sin bases aparentes y sin relación directa con la persona a la que nos referimos en términos despectivos, incluso en ocasiones tan cotidianas como un partido de fútbol o un atasco en el tránsito.

Si ya no quieres volver a sentirte excluido de esta manera, ten en cuenta dos puntos importantes:

Nadie puede hacerte sentir inferior sin tu consentimiento.

¡Y deja de hacer lo mismo con los demás!

El primer paso, como siempre, es desde adentro hacia afuera.

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