martes, 3 de junio de 2014

¡Quiero enojarme menos! por Merlina Meiler


Si tiendes a enojarte bastante por lo que hacen o dejan de hacer los demás, o porque no reaccionan de la forma que desearías, leer estas líneas puede ayudarte a que logres tener una vida más relajada.

Perder los estribos puede significar no solo que tu paciencia no es lo suficientemente elástica para enfrentar las situaciones, sino también que esperas demasiado de quienes te rodean.

Los otros, por más que entiendan lo que les dices, van a actuar a su manera. Aunque sigan instrucciones detalladas, pueden llegar a desviarse un tanto de ellas, sin que esto signifique, necesariamente, que estén cometiendo un error. De hecho, incluso pueden mejorar tus propuestas, si les dejas el espacio para que así sea.

Si te enfadas con ellos por esta razón o por cualquier otra, pierden los dos.

Ellos, porque otra vez se sentirán intimidados, observados, nerviosos, lo que coartará sus movimientos en desmedro de lo que esperas de ellos, mientras piensan (tal vez con cierto dejo de certidumbre) que nada de lo que hagan te agradará.

Tú, porque hay consecuencias físicas de enojarse mucho y porque, después de tu reacción, quedarás tensionado y frustrado durante un tiempo. Tal vez incluso seas el espectador de un diálogo interno poco deseable y que se desarrolla una y otra vez, más allá de tus intentos por frenarlo.

Enfurecerse también puede estar dejando entrever algún grado de inseguridad (aunque creas que gritando sometes a los demás y demuestras poder, no llegas a acallar tus carencias internas): no sabes bien qué hacer o consideras que los demás tienen más claros algunos conceptos que tú y por este motivo, en vez de quedarte reflexionando durante unos minutos sobre lo que tienes entre manos, estallas, no les brindas a los otros la posibilidad de pensar con claridad, pero tampoco te las das a ti mismo.

¿Qué hacer?

La próxima vez que sientas que te vas a enojar (ya sea un poco o desmedidamente), respira hondo algunas veces (cuatro o cinco alcanzará).

Si puedes retirarte a un lugar en el cual estés en soledad (una oficina cerrada o la cocina de tu casa, por ejemplo), tómate unos pocos minutos para serenarte, hasta que puedas pensar con claridad sobre el motivo que te ha llevado hasta ese extremo, para buscar y encontrar una buena salida.

En frío las cosas se ven bastante distintas. Y es allí donde aparecen las mejores soluciones y las ideas más brillantes.

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