martes, 6 de mayo de 2014

Recuerdos borrables (con ejercicio) por Merlina Meiler

Se habla mucho de los recuerdos imborrables, ¿pero, no te gustaría que muchos de ellos desaparecieran?

Y si pudieras eliminarlos, ¿lo harías?

Los hechos dolorosos que te han sucedido dejaron su impronta en tu interior. En ciertos momentos puntuales o sin razón aparente alguna, vuelven a aparecer y a movilizar las mismas fibras de una manera similar a la que experimentaste anteriormente.

Retornan imágenes, sonidos, sensaciones, incluso sabores u olores, como una catarata impetuosa que no puedes frenar y que, obviamente, no es bien recibida.

A veces se suceden ininterrumpidamente y no sabes cómo frenarlos. Otras, solo te resta revivir lo pasado y hacer un esfuerzo mayúsculo para poder situarte en el presente, haciendo caso omiso a semejante lastre que te jala hacia atrás.

¿Cómo lidiar con esto?

El recuerdo que conservas perdería gran parte de su connotación aflictiva si pudieras separarlo o, por lo menos, alejarlo de tus emociones y de lo que genera en tus sentimientos.

Cuando estés en soledad y sin distracciones (por ejemplo, no en la oficina pero sí en el transporte público o en tu casa/jardín con el teléfono silenciado), te propongo que hagas este ejercicio, para lograr una diferencia importante en lo que te provoca tristeza o no te deja avanzar como desearías.


Ejercicio

En este lugar sereno en el que estás, te invito a que, por última vez, traigas a tu mente esos recuerdos de los que tanto te está costando despegarte.

Si estás de acuerdo, primero, cierra los ojos e imagina que estás detrás de un vidrio blindado, en un lugar que te brinda seguridad. El vidrio te permite escuchar y ver, pero no deja que se involucren tus emociones.

Ahora, del otro lado del vidrio blindado, comienza a suceder el hecho que tanto te ha abrumado hasta hoy, como si fuera una película. Puedes verte a ti mismo y a los demás actores de la situación, escuchas lo que dicen, pero estás protegido de tener cualquier sentimiento al respecto.

Mira a quienes formaron parte de la situación, desde tu lugar de espectador. Obsérvate a ti mismo y a los demás, y cambia el ángulo las veces que sea necesario, repetidamente, para tener una visión más acertada de todo el espectro, por última vez.
Estás aquí, protegido, a salvo.

Presta atención a las palabras, a lo que te dices a ti mismo, a otras voces que tal vez participaron y que no pudiste oír en esa circunstancia.

Observa tranquilamente la proyección del evento. Es probable que veas cómo se va alejando del vidrio blindado que los separa (también de ti). También que sus bordes se desdibujan y que los colores van desapareciendo, hasta quedar en blanco y negro (y algún gris).

Respira pausadamente y despídete de lo que sucedió: ya es hora de que vuelvas a caminar en libertad.

De ahora en adelante, cuando rememores ese recuerdo, la diferencia será sustancial.

¡Comparte conmigo cómo te ha ido!

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