jueves, 22 de mayo de 2014

Parejas por coincidencia por Merlina Meiler

Al igual que la mayoría, yo también hago relaciones de personas, momentos y eventos fortuitos basándome en la coincidencia.

Con bastante frecuencia, esto implica un disfrute extra.

Y es que muchos de nosotros creemos que, al producirse una situación por accidente, tenía que suceder por alguna razón en particular y, en ciertos casos, incluso le atribuimos un poder especial – pero, contrariamente a lo que esperabas escuchar, aquí es donde se producen los conflictos.

Ya que considerar que algo se produjo por el destino o porque estaba predestinado para nuestro bienestar puede llegar a convertirse en un arma de doble filo, en nuestro detrimento, al darle a ese hecho una connotación que escapa a lo normal, la cual debemos acatar porque así ha sido estipulado.

En este campo quiero destacar, específicamente, la pareja.

He visto a una cantidad importante de seres conocerse de un modo poco convencional y así dar comienzo a una historia de amor que, con el tiempo, comenzó a ennegrecerse debido a incompatibilidades, a faltas de respeto o de objetivos en común, etc.

Pero al darle al azar ese halo mágico que emana del hecho que él o ella estaban “elegidos” para estar a su lado debido a lo inusual del inicio de la relación o a hechos a los que deseamos otorgarles un rango sobrenatural, se tiende a hacer y a aguantar cualquier cosa para sostener lo insostenible – aún a costa de la salud mental y física.

Es la propia persona quien le da a lo infrecuente o a lo poco común una connotación que no tiene.

Disfrutarla es bueno. Asumir premisas irreales y dejarnos llevar por ellas no lo es.

El ser realista, en estos casos, permitirá disfrutar de lo que se presenta, pero también mantener la mente fría para llegar a discernir si la una pareja realmente hace feliz y aporta bienestar o si, por el contrario, es mejor recomponerse y dejarla ir, sabiendo que un inicio producto de la casualidad o del azar no necesariamente debe dar lugar a un final feliz de a dos.

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