jueves, 10 de abril de 2014

Disfrutando sin culpas por Merlina Meiler

Hace algunas semanas, hablando con una amiga que está embarazada de su segundo bebé, me comentó que se sentía angustiada.

Ella es profesional y trabajó toda su vida. Dejó de hacerlo formalmente al tener su primera niña y ahora, el tema le pesaba muchísimo, por lo que estaba buscando trabajo “de cualquier cosa” (según sus propias palabras).

Le pregunté si su marido tenía alguna urgencia económica (por lo que yo tenía entendido, a él le estaba yendo bastante bien) y me aseguró que él podía mantener la casa perfectamente – de hecho, él le había propuesto que dejara de trabajar al convertirse en madre y ahora, ante su premura por conseguir un empleo, le aseguró que no es necesario que volviera al ruedo y que él se seguiría encargando del bienestar económico de todos.

Pero ella siente que debe trabajar y ganarse la vida –no dedicarse solamente a ser esposa y madre, aunque solo fuera momentáneo- y por eso tuvo varias entrevistas laborales (todos, al ver su panza de embarazada, le sugirieron que volviera luego de tener su bebé). Incluso algún conocido le ofreció un empleo de pocas horas sin sueldo, como favor para que se sintiera mejor (lo que obviamente, tuvo el efecto contrario esperado ante tamaña propuesta).

Yo le di mi punto de vista: ella está en uno de los momentos más importantes de la vida de una mujer y, en vez de gozar de su situación privilegiada de poder enfocarse en su embarazo y en su otra niña a pleno, se siente abrumada de no poder trabajar de lo que estudió en la universidad (o de cualquier otra cosa).

Poco tiempo me llevó darme cuenta de dónde provenía su presión interna (“mi mamá no trabajó nunca en su vida y yo no quiero ser una mantenida”) y, por suerte, mis palabras bien intencionadas tuvieron un efecto positivo.

Le propuse a ella lo mismo que quiero sugerirles a ustedes: disfrutar sin culpas.

En la vida se nos presentan muchas situaciones para aflojarnos y para gozar. Un simple fin de semana o una tarde libres, vacaciones, desde la salida del trabajo hasta el ingreso del día siguiente son solo algunas de las múltiples oportunidades que tenemos para tratarnos bien, dejarnos fluir, descansar, entretenernos, darnos gustos.

Estos ratos son absolutamente necesarios y hay mucha gente que se los boicotea por presión interna, por mandatos externos o porque hay una vorágine en la sociedad que hace pensar que tener tiempo libre está mal, no es lucrativo o es improductivo (los celulares inteligentes o las tabletas no ayudan en absoluto). Allí es donde aflora la culpa (“Tendría que estar estudiando en lugar de en el cine” “Falté al trabajo porque tengo fiebre y un terrible resfriado pero igual leeré mis correos cada hora”) y no solo no encuentras solaz en lo que estás haciendo: la energía que dedicas a tu trabajo o a tu estudio no llega a ser ciento por ciento fructífera.

CÓMO DISFRUTAR SIN CULPAS

Date tiempo para no hacer nada que responda a tus compromisos diarios. En otro momento u otro día ya realizarás las actividades que debes llevar a cabo. Resulta absolutamente imperioso que dediques ratos a recrearte, a consentirte, a hacer algo que realmente te guste y te distraiga, a dejar que otros se ocupen de ti y está muy bien que así sea. Es beneficioso para tu alma y para tu mente.

Pero asegúrate de que esas instancias estén “blindadas” a prueba de sentimientos y de pensamientos negativos: permite que solo aflore lo positivo y conéctate plenamente con tu capacidad de relajarte y de disfrutar ¡durante todo el tiempo que dure!

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