jueves, 27 de febrero de 2014

¿Tener la razón o ser feliz? por Merlina Meiler

Si nos preguntaran cuál de estas dos opciones preferimos en temas de pareja, lógicamente, diríamos: ¡las dos!

Pero en caso de tener que elegir solo una, ¿cuál sería tu preferencia?

Científicos realizaron un curioso estudio de campo, en que el hombre debía estar de acuerdo en todo lo que opinara su esposa y no quejarse de nada; a continuación, el resultado en un artículo firmado por Diego Golombek.

Piensen en todas las discusiones que tenemos a diario: con la pareja, con los hijos, con el jefe, con los compañeros del fútbol 5. Y convengamos en que a veces discutimos sin saber muy bien por qué; así, vale la pena preguntarse si no sería mejor un dulce laissez-faire, sobre todo en tiempos de fines o comienzos de año en que la vida se desbarranca y comienza nuevamente.

¿Qué es mejor, ser feliz o tener la razón? Esta cuestión casi shakespeariana no parece ser un oscuro objeto del deseo científico, pero, ya se sabe, la ciencia da para todo. Así es que un grupo de médicos de Nueva Zelanda quiso tomar las discusiones por las astas, bajo la hipótesis de que discutimos y pretendemos tener razón sobre todo para sentirnos en control de las situaciones. Está bien: es un poco una broma, sobre todo teniendo en cuenta que se publicó en el número especial de Navidad de la revista de medicina británica (la pomposa British Medical Journal), que suele regalar a sus lectores este tipo de perlas.

Así, los investigadores eligieron una pareja y realizaron el estudio de campo en la misma casa de los sujetos experimentales. El diseño requería que la mujer quisiera tener razón y que el hombre prefiriera, por esa vez, ser feliz (vale aclarar que el hombre era cómplice del experimento y por eso jugaba su papel alegremente; la mujer, por su parte, no estaba al tanto del estudio).

La intervención científica consistió en que el hombre debía estar de acuerdo en todo lo que opinara su esposa y no quejarse de nada (aun cuando ella estuviera equivocada). Así, el estudio se realizó con una población consistente en dos personas, obviamente distribuidas al azar.

La observación fue de manera relativamente oculta hasta que, por razones de seguridad el estudio debió interrumpirse al día 12, dado que el participante masculino refirió que la situación se había vuelto completamente intolerable: por más que él acordara en todo, la participante femenina se había vuelto completamente crítica de todo lo que su pareja hiciera o dijese. Luego vino el análisis estadístico de los datos obtenidos en cuanto a las encuestas de calidad de vida que se les realizaron a los voluntarios. A lo largo del estudio la variable subjetiva de calidad de vida del hombre había disminuido en varios puntos, mientras que la de la mujer llegó a subir sutilmente.

¿Conclusión? Parece ser que tener razón, o pensar que se la tiene, mejora la calidad de vida. Intentar ser feliz y estar de acuerdo aun con lo que no se está de acuerdo lleva a la paradoja de no ser muy feliz que digamos. Claro que los autores aclaran diversas falencias asociadas con el estudio, como que los efectos puedan deberse a una cuestión de género (recordemos que se trataba de un n=1 para cada sexo), además de que la estadística deja bastante que desear. En todo caso, estar de acuerdo en todo no parece ser el mejor plan de vida.

Está bien: es un disparate, hecho sobre todo para arrancarle una sonrisa a los científicos y los médicos lectores de la revista inglesa. Pero en algunos aspectos se parece peligrosamente demasiado a algunos estudios que intentan registrar y validar estadísticamente todo comportamiento o tendencia psicológica que camine, hable, respire, piense. Luego de reírnos un poco, podemos volver a sospechar de investigaciones ligeras sobre el sexo o las espaldas de los ángeles, los genes de los hinchas de Atlanta o las discusiones maritales. Uno es científico, sí, pero tampoco hay que exagerar.

¿Prefieres tener la razón o ser feliz?

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