domingo, 9 de febrero de 2014

Accidentes por Merlina Meiler

Se habla tanto sobre los accidentes que creo que olvidamos el verdadero sentido de la palabra, lo que ella conlleva y las oportunidades (sí, oportunidades) que trae aparejadas.

Un accidente, según la Real Academia Española, es “un suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas”. Algo que “que altera el orden regular de las cosas”.

O sea que, por un lado, es un hecho que produce un daño.

Y por el otro, implica que todo tiene un orden regular, el que muchas veces depende de nosotros.

Es triste observar lo que puede parecer, a primera vista, un accidente, y nos lamentamos de que el hecho desencadenante se haya producido.

Pero, ¿hasta qué punto podría haberse hecho algo para que lo acaecido resultara distinto?

Esta columna no está destinada a echar culpas sino, por el contrario, a una idea básica y simple: la prevención. Esta es la gran oportunidad que se abre frente de nosotros.

Ya que los “sucesos eventuales”, en gran medida, pueden no tener lugar:

- si realizamos las acciones que nos han asignado o que sabemos que son necesarias para que todo funcione correctamente (tales como controles de seguridad). Esto incluye avisar cuando algo no se está llevando a cabo como debería y hacer el seguimiento hasta que se subsane la incorrección

- si tomamos las medidas de seguridad correspondientes (por ejemplo, usar casco cuando está indicado)

- si observamos las normas y los estándares, aunque suenen poco útiles o nadie les preste atención (un ejemplo claro de esto es al manejar)

- si hacemos caso cuando nos dicen que una acción no debe hacerse o, directamente, está prohibida (por ejemplo, salir a nadar al mar con la bandera roja)

- si no dejamos que los niños manipulen objetos inapropiados para su edad (como pirotecnia) o que estén expuestos a situaciones que implican riesgos para ellos pero no para los adultos (por ejemplo, tomacorrientes o planchas calientes)

- si seguimos las reglas del sentido común, incluido nuestro hogar – que es el lugar donde más suelen producirse “accidentes” (tal como freír aceite con el mango de la sartén hacia afuera)

Hay mucho que puedes hacer para que la cantidad de imprevistos esté reducida al mínimo y pases largas temporadas gozando del “orden regular” de lo que te rodea, sin sobresaltos.

Y recuerda:

Si se puede evitar, no es un accidente.

No hay comentarios: