jueves, 9 de enero de 2014

Un cambio de enfoque

Imagina un proyector, eternamente brillando su luz a todo su alrededor.
El proyector esta rodeado por una pared blanca, neutra. La diapositiva
que se proyecta a través del proyector es completamente transparente:
no distorsiona para nada la pura luz saliendo constantemente de adentro.
Pero con el tiempo, la diapositiva se va ensuciando, por todo lo que va
viviendo el proyector. Se va oscureciendo, distorsionando el rayo
perfecto de luz saliendo eternamente del proyector.

Ahora la luz, cuando sale, proyecta sobre su entorno esa suciedad y
oscuridad que tiene adentro. Cuando el proyector ve esa oscuridad, le da
miedo, y muchas veces se trata de mover a otra parte, para evitar esa
experiencia tan desagradable. Pero cuando se va por otra parte, lleva la
diapositiva consigo, y sigue proyectando a través de la suciedad y la
mugre. Solo se encuentra con la misma experiencia, la misma
decepción.

A veces el proyector trata de cambiar el entorno para ver algo
diferente. Pero cuando logra cambiarlo, cuando logra tumbar la pared
blanca en donde se está reflejando la mugre que el proyector tiene
adentro, solo sigue proyectando sus miedos y oscuridades de lo que hay
detrás de otra pared.

Cuantas veces has tratado de cambiar tu entorno para tratar de sentir
mejor? Y cuantas veces has encontrado, que al lograr lo que
supuestamente te iba a hacer sentir ese cambio, terminas sintiendo lo
mismo?

La felicidad de los cambios en nuestro entorno es pasajero, así como
los cambios en nuestro entorno son pasajeros. Podemos tratar toda la
vida de encontrarnos en el lugar donde nos sentimos realizados, o con la
gente con quien nos sentimos plenos, pero siempre vemos reflejado lo que
tenemos adentro, donde sea que vayamos, con quien sea que estamos.

Cuantos años tiene tu proyector juntando mugre y polvillo? Cuánto
te han entrenado a ver de cierta forma?

La mirada de un niño no tiene nada que lo distorsiona: por eso los
niños ven todo con absoluta claridad y inocencia. No tienen ninguna
expectativa acerca de lo que están viendo, ni ninguna idea
preconcebida. Cuando miran a algo, lo ve con absoluta sencillez. Por eso
los niños ven la belleza y el encanto en todo. Pueden disfrutar
durante horas mirando a las piedras en el piso, o la alfombra. Cuando
nuestra percepción esta clara, vemos la belleza en todo lo que nos
rodea.

La idea de que, al cambiar algo que nos rodea, vamos a sentirnos mejor,
es la mentira más grande. Es como tratar de sacar un grano de nuestra
cara limpiando el espejo.

Pero todos lo hacemos.

Cuando comenzamos a practicar las técnicas Ishayas, estamos cambiando
el hábito de años de buscar nuestra realización en el entorno,
y comenzamos a buscarlo adentro. Esto pasa automáticamente cuando
practicamos las técnicas. Automáticamente comenzamos a limpiar la
diapositiva de nuestro proyector. Por eso, muchas veces cuando
comenzamos a practicar las técnicas, al principio notamos los cambios
en nuestro entorno antes de verlos en nosotros. Comenzamos a ver más
belleza en nuestra alrededor. Comenzamos a sentir como que la gente que
nos rodea está cambiando. Esto a veces nos sorprende, porque en
realidad no tenemos ni idea de lo poderoso que somos: no sabemos hasta
que punto somos creadores de nuestros mundos.

Y mientras más vamos limpiando la diapositiva, más vamos
dándonos cuenta de que la fuente de todo nuestro mundo está dentro
nuestro. Que toda esa diversidad y inmensidad esta saliendo de adentro
nuestro. Comenzamos a ver que esa luz, esa fuente, es la experiencia que
más nos llena, que más nos hace sentir completos. Y entonces, sin
que el entorno cambie, sin que cambiemos nuestros hábitos ni nuestras
rutinas, comenzamos a hacer el cambio más intimo y más valioso. El
cambio de enfoque, de estar siempre enfocados en nuestro entorno
turbulento, a comenzar a basar nuestro enfoque en esa experiencia
eterna, invariante, y plena: la experiencia de nuestro verdadero Ser.

Pero cuando comenzamos a darnos cuenta que lo estamos llevando todo
adentro, nos comienza a caer la ficha de que no podemos seguir evitando.
Ya no podemos seguir corriendo de nosotros mismos, porque sabemos que lo
llevamos donde sea que vayamos. En ese momento, a veces nos da miedo:
miedo de comenzar a enfrentarnos con lo que hemos invertido tanta
energía y tanto tiempo tratando de ignorar.

El miedo no es real. Solo lo sentimos porque estamos tan acostumbrados
al sufrimiento que trae el evitarnos a nosotros mismos. Pero lo único
que va creciendo mientras más vamos abrazando lo que tenemos adentro,
es el amor. El miedo desaparece ya que nunca era real.

La ascensión es tan fácil que a veces no nos damos cuenta de lo
increíblemente poderosa que es. El cambio es tan sutil, que no nos
damos cuenta lo fundamental que es para vivir una vida plena, libre y
llena.

Pero las cosas no son siempre como parecen.
Con mucho amor
Ganesha Ishaya

No hay comentarios: