martes, 14 de enero de 2014

Superar los obstáculos

Cuando no podemos visualizar nuestros deseos o cuando no logramos obtener estímulos de ellos, nos encontramos ante un obstáculo en nuestra motivación. Esto puede convertirse en un problema a la hora de iniciar una actividad_ “No puedo ponerme en marcha”-o bien una dificultad que nos impida o entorpezca el avance-”He perdido el interés”-Para estas dos situaciones podríamos encontrar unas causas bastantes frecuentes: el miedo y la confusión, en el primer caso; y el aburrimiento y la falta de resultados, en el segundo.

EL MIEDO:
Muchas veces, el miedo puede disuadirnos de emprender un nuevo rumbo. Sin embargo, el miedo no obedece a una falta de
motivación sino todo lo contrario: las cosas que nos interesan mucho también nos dan mucho miedo por la posibilidad de que no resulten como las imaginábamos. Con todo, el simple sustitución de la frase “mje da mucho miedo” por “me gustaría mucho” nos devuelve muchas veces las riendas de la situación y puede funcionar para salir de la inercia y ponernos en acción. Creo que el mejor consejo para enfrentar el miedo es aquel que ya he comentado alguna vez, y que se resumen en el título del libro de la psicóloga Susan Jeffers, “Aunque tenga miedo hágalo igual”.

DESINTERÉS:
A veces la sensación de desconocer qué es lo que queremos toma la forma extrema del ” no hay nada que me interese”. Salvo en los casos de una profunda depresión, esto no es así. El desinterés generalizado es una dificultad de entrar en contacto con los propios deseos. Esta dificultad es, en la mayoria de los casos, una manera de evitarse el dolor que conlleva querer algo. Porque llegar a ese “algo” implica siempre un trabajo, aunque sea un trabajo con el que disfrutemos. Desear representa enfrentarse con la incertidumbre y el riesgo. Para evitarnos este riesgo, muchas veces terminamos eligiendo no querer nada, no elegir. Esta actitud nos evita dolor pero, inevitablemente, nos conduce a una vida pobre y gris.

ABURRIMIENTO:
¿A quién no le ha ocurrido haber comenzado una actividad repleto de entusiasmo y energía para que, al cabo de un tiempo, se instalen gradualmente el aburrimiento y el desinterés?
Es la sensación del “esto ya no es lo que era”. Muchas veces, ésta es la evolución natural de las cosas, pues se convierten en lugares que ya no nos pertenecen o a los que nosotros ya no pertenecemos y de los cuales tendremos que saber retirarnos.
Otras veces, en cambio, ocurre que espacios que todavía nos interesan a largo plazo, en lo inmediato no nmos motivan. Lo que sucede en este caso es que, en un principio, es suficiente con la novedad y el estímulo externo para generar la motivación, pero una vez que esto ha pasado, es necesario poner algo de nosotros mismos para enriquecerlo. Ninguna actividad, tarea, relación de pareja o vínculo emocional se sostiene si no ponemos de nuestra parte. Es necesario cuidar de ello y nutrirlo para que siga respondiendo a nuestros deseos y nos motive.

FALTA DE RESULTADOS:
Otra causa frecuente de desmotivación es la falta de obtención de resultados: “¿Para qué continuar, si no obtengo nada de ello?” La motivación proviene de la sensación de que estamos avanzando, y los pequeños logros son a veces necesarios para conseguir esa sensación. Pero creo que en estos casos el problema está en confundir la forma en que intentamos algo-el plan de acción-con el deseo o interés que la sustenta. Si las cosas salen mal, lo que deberíamos replantearnos quizá es el “cómo estamos buscando algo determinado, pero la dirección en que queremos dirigirnos-el “qué”-no debería depender del resultado. Siempre podemos cambiar de ruta, pero el rumbo es algo más profundo, que debe ser trazado a partir de nuestras emociones y no de las múltiples fuerzas de las que dependen el éxito o el fracaso.

Dr. Demián Bucay.

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