viernes, 6 de diciembre de 2013

Alegría de vivir

El día estaba bastante frío, la tarde paramosa. Por eso, decidí ir a la panadería más cercana. Al llegar, encontré que había muchas personas solicitando panes, jugos, pasteles, bizcochos, pandebonos. Esperé pacientemente, pues las dependientes eran pocas y algunos de los usuarios gritaban, otros pagaban, hacían fila. Como yo era el último, observé a la señora menos ocupada y cuando me inquirió, le pregunté: - Por favor, ¿Qué es lo más caliente? - “El horno”, me contestó. Ante esa respuesta, miré a unas señoras que acababan de entrar y esbozaron una sonrisa. Miré a quien me había atendido, quien se había quedado seria, pero sin contenerme, le dije: - Entonces, me lo empaca, por favor. Hice mi pedido y al salir de allí, con un “que pasen buena tarde”, todos contestaron: – “Lo mismo, señor”. Muchas veces no entendemos a quienes nos prestan un servicio. Gritamos, porque creemos que tenemos la razón. No nos ponemos en sus zapatos. Las personas que atienden en cajas, oficinas, merecen respeto. Merecen que les hablemos con cariño, sin enojos.

Son capaces de echar chistes si llegamos con expresión de alegría, satisfacción. Si entramos a una oficina, empresa, hipermercado, saludemos. Nada quita el decir: “buenos días”, “buenas tardes”. Ese ejemplo me bastó para entender mucho más a personas que nos encontramos a cada momento, pero que las hacemos pasar desapercibidas, porque no nos importan, no nos interesan. Sin embargo, sí importan e interesan. Son personas, seres humanos que tienen alegrías, emociones, tristezas, familias. Sienten tanto como nosotros. Pero no estamos acostumbrados a valorarlas. Un portero en un edificio. La primera pregunta que a veces se nos ocurre es: ¿Está el doctor Fulano? No lo saludamos. A la aseadora del edificio, la oficina. La encontramos trapeando y pasamos por encima como si nada. Ni siquiera un: – perdón. La alegría de vivir está en esas cosas pequeñas, en esos detalles simples que no vemos muchas veces. Porque no nos importan, los dejamos pasar. Después de un tiempo para reflexionar, meditar, cambiemos nuestra forma de ser, nuestro modo de pensar. Entendamos que la alegría de vivir está ahí y no la vemos. Los momentos, los minutos, el tiempo, los valoramos como tales, pero no los damos. Decimos “no tengo tiempo” a personas que necesitan nuestro tiempo, un minuto, un café. Negamos “un café” cuando podemos sentir la alegría de vivir al estar a lado de alguien que nos quiere transmitir un problema, requiere nuestra ayuda. Al entrar a una cafetería, una panadería, al llegar a una portería, entendamos que esas personas allí, son importantes, valen la pena. Son seres humanos que también sienten la alegría de vivir. 

Manuel Gómez Sabogal

Vive un día a la vez, se feliz.

La vida es como tú la quieras hacer, nada es fácil, siempre nos encontramos con nuevos retos, y cada día es una aventura.

La vida muchas veces nos golpea tan fuertemente que hasta nos cuesta abrir los ojos por la mañana, pero en nosotros mismos está el poder hacer de nuestra vida algo bonito u optar por no revertir las cosas que nos salen mal. Siempre hay cosas por las que vale la pena seguir soñando, porque eso nos hará felices.

Si por el motivo que sea la persona con la que habías soñado y hecho planes se ha marchado de tu lado, ser feliz no será fácil para ti. En una situación así lo único que se desea es llorar y no volver a ver la luz del día.

Pero detente un momento y piensa: lo has conocido, no naciste justo a esa persona, si se fue no era tal el amor que pretendía tener. Debes pensar con la mente fría que hay que saber cerrar ciclos y dejar atrás lo que te hace daño, y debemos por nuestro bien seguir adelante, porque nadie está obligado a querernos para siempre.

La vida es y será siempre bella, no te dejes angustiar por las cosas cotidianas, siempre habrá razones para querer vivir, una persona no puede ser todo lo que esperas. Mira a tu alrededor, hay mucha gente buena que siempre estará dispuesta a darte una mano cuando las tuyas no te alcancen, alguien siempre está contigo, sólo que no te das cuenta porque te has encerrado en su mundo y te olvidaste de que tienes uno propio.

Te conoces ya sabes como eres, date la oportunidad de volver a querer y seguro que con esa felicidad que irradias acercarás a muchas personas que tendrán ganas de compartir tus sueños, y porque no, quizás hasta tu amor. Disfruta cada momento de tu vida, porque son únicos, nunca habrá un día igual que el otro, disfruta de las maravillas que hay en la creación. Muchas personas se quedan tristes y amargadas por no mirar más allá de sus frustraciones, no seas de esas personas, aprovecha tu vida, vívela plenamente pues sólo se vive una vez.

Tu pareja jamás debiera ser el centro de tu universo, debemos aprender a vivir nuestras propias vidas, sin necesitar de esas "muletillas". Piensa en positivo, piensa que eres grande, que todos los planes con los que un día soñaste podrías llegar a realizarlos. Eres una persona única, no te aferres a cosas que no son para ti, no dejes que se te vaya la vida pensando y tratando de recuperar lo que has perdido, piensa mejor en lo que has ganado.

Date permiso para dar rienda suelta a tu vida, para sonreír, vivir y reír… Concédete permiso para llorar, amar, perdonar, recordar y olvidar… nunca dejes de soñar. Sonreirás, eso es algo que está al alcance de tus manos, nadie puede vivir la vida por ti, sólo tú tienes poder real sobre el camino que deseas tomar.

La vida es una sola, si alguien no sabe darte amor, olvídale, tú puedes tener todo lo que desees. Si eres y has sido una buena persona, la vida sabrá premiarte. Un día mirarás el amanecer con nuevos ojos, tu vida será de muchos colores y te darás cuenta de que has aprendido a amarte y valorarte a ti misma. Eso hará la gran diferencia y hará de ti una mujer independiente y segura.

Vive un día a la vez, se feliz, que eso es lo más importante, lo demás viene por añadidura.

Fuente: Oasis