viernes, 17 de mayo de 2013

De la felicidad…

La felicidad para algunos es acumular riqueza,
obtener un buen empleo, que nuestros deseos se cumplan,
ganarnos un nombre y fama.

Sin embargo, sólo aquellos que están contentos con su vida
y se sienten felices con la felicidad de otros
realmente han comprendido en qué consiste la verdadera felicidad.

El gozo que uno obtiene de los placeres externos es temporal.
Le verdadera felicidad puede disfrutarse por dentro.
Cuando nuestros pensamientos son puros,
cuando no nos preocupamos por nimiedades, solo entonces,
podemos disfrutar de la verdadera felicidad.

“Felicidad” es un estado mental.
Uno pudiera estar feliz cuando nuestros parientes
o amigos alcanzan un buen nombre o fama.
Por otro lado, la misma persona pudiera no sentirse feliz
cuando alguien más la obtiene.

La gente grande es aquella que se siente feliz
cuando los demás son felices.

Deepthi Ayyappan

Neutralizar la agresividad

Vivimos con un alto nivel de crispación: en la política, en el trabajo, en la calle… ¿Qué hay detrás de esta comunicación tan agresiva? ¿Cómo podemos combatirla?

Voy a buscar a mis hijos a la escuela. En un paso de cebra cercano a la entrada, por el que han de cruzar cada día los niños, me encuentro a un padre estacionado con su flamante Mercedes. Con absoluta serenidad, le hago notar que está bloqueando el paso justo en el punto por el que pedimos a diario a nuestros hijos que crucen para hacerlo con seguridad. Su respuesta no me atrevo a reproducirla. Lo más cariñoso que me dijo fue: “Métete en tus asuntos, y si te aburres, monta una ONG…”, a lo cual seguía un grosero insulto.

Estoy en la panadería del barrio. Dos chicas entran con un perro. Un cliente les llama la atención avisándoles de que está prohibido entrar en el local con animales. Entre ellas, pero alzando la voz para que el hombre las oiga, comentan: “Ya estamos. Otro [insulto] que se aburre en casa y tiene que venir a dar lecciones a la gente…”.

Estas son solo dos anécdotas recientes. Pero lo cierto es que muchas veces uno tiene la sensación de que hoy día la agresividad flota en el ambiente. Una agresividad gratuita, innecesaria y que en ocasiones raya la violencia. Una agresividad que hace de la relación casual con los demás una experiencia nada agradable, y que pone en jaque la convivencia. Y cada vez que nos enfrentamos a ella surge la misma pregunta: ¿qué le pasa a esta persona?, ¿por qué tanta irritación?

Detrás de la agresividad

“La violencia es el miedo a los ideales de los demás” (Mahatma Gandhi)

Ante un estímulo externo tenemos dos comportamientos posibles: responder o reaccionar. En el primer caso controlamos de forma consciente nuestro comportamiento. En el segundo actuamos sin control. En este contexto, la agresividad no es nunca una forma de respuesta, sino de pura reacción.

La reacción es un impulso automático del ser humano, que procede del instinto de supervivencia, y que tiene lugar cuando percibe un peligro o se siente atacado. Así pues, la agresividad es en esencia una reacción defensiva de alguien que en un momento dado se siente provocado.

Al margen de la agresividad patológica, que no es objeto del presente artículo, hay distintos orígenes para los comportamientos agresivos ocasionales con los que nos obsequia la gente en nuestro día a día:

- Hay agresividad que procede de nuestra inseguridad: cuando nos sentimos inseguros ante algo o alguien, cuando no dominamos algo y alguien nos cuestiona o nos pone en duda, la reacción por defecto será con toda probabilidad agresiva. Solo desde una gran dosis de seguridad personal podemos responder serenamente si alguien nos cuestiona.

- Hay agresividad que procede de nuestra falta de valor para decir lo que tenemos que decir: cuando tenemos que dar malas noticias, o hacer alguna observación negativa, y somos de los que nos cuesta hacerlo, nunca encontramos el momento adecuado. Y cuando finalmente hacemos acopio de valor, y lo decimos, nos vamos directamente y sin darnos cuenta al otro extremo, pasando de callarnos a decirlo con agresividad.

- Hay agresividad que simplemente procede de nuestra inquietud, de nuestros nervios: cuando algo nos inquieta, sea porque estamos ante una persona importante, porque hemos trabajado mucho en el tema o por cualquier otro motivo, es difícil responder ante cualquier observación sin alterarnos, manteniendo un tono constructivo.

- Y hay también agresividad que procede de nuestro sentimiento de culpa. Este sería a mi entender el caso de los ejemplos descritos al inicio. Cuando el sujeto se siente culpable y sabe que ha hecho mal las cosas, vive el comentario que le hagan como una agresión que le induce al ataque. En este caso, lo que hace es proyectar su enfado en los demás, cuando en realidad con quien está enfadado es consigo mismo.

En todos los casos la raíz es común, y se trata del miedo en cualquiera de sus formas o matices. Como afirma el Dalai Lama, “la ira nace del temor”, y ciertamente, cuando alguien o algo nos da miedo, la reacción colérica o fuera de tono no se hace esperar.

¿Cómo responder?

“El buen juicio no necesita de la violencia” (León Tolstói)

A menudo, ante los ataques de alguien, no sabemos reaccionar. Aguantamos estoicamente su brote de ira, y nos quedamos por el camino con la sensación de que es esa persona la que en el fondo se sale con la suya y consigue sus fines (es evidente que el padre del flamante Mercedes no movió ni un centímetro su coche, y que yo desistí de hacer nada más al respecto).

Pero probablemente esto sea lo mejor que podemos hacer. La recomendación fundamental ante una persona irritada es por encima de todo no reaccionar nosotros, y en muchos casos ni tan siquiera la respuesta serena merece la pena, puesto que si el otro está fuera de sí, no va a procesar nada de lo que le intentemos decir.

Lo que es seguro es que ante una persona agresiva no lleva a ninguna parte dejarla en evidencia, afearle su conducta o intentar discutir. Porque caeremos inevitablemente en una espiral de reacciones y contra reacciones que muy pronto nos hará perder el control a nosotros y nos encontraremos comportándonos a merced del otro.

Es importante vivir la agresividad ajena con la prevención de no caer nunca en su terreno de juego, no caer en la provocación y reaccionar, para mantener así y en todo momento nuestro juicio. Como afirmó Viktor Frankl, “no podemos controlar los acontecimientos, pero sí nuestra reacción a ellos”, y, como nos recuerda Stephen Covey, “nuestra conducta es una función de nuestras decisiones, no de nuestras condiciones”.

¿Qué se puede hacer?

“El medio para hacer cambiar de opinión es el afecto, no la ira” (Dalai Lama)

Si tenemos en nuestro entorno una persona que se muestra reiteradamente colérica (dejando al margen siempre casos no patológicos), hemos de considerar en primer lugar los posibles motivos: estamos ante una persona a la que la inseguridad y/o alguna manifestación del miedo la está colapsando.

No ayudará, por tanto, censurar su comportamiento ni mientras lo muestra (no está en condiciones de aceptarlo) ni en algún momento posterior (aunque lo acepte, su seguridad se verá inevitablemente minada). Tampoco funcionará dejarlo públicamente en evidencia. Todo ello no hará más que reforzar su inseguridad y, por tanto, la directa manifestación de esta: su reactividad y su agresividad.

Hay un camino que sí ayudará, aunque será lento en algunos casos y exigirá una gran dosis de empatía y generosidad: aceptar a la persona, comprenderla y, una vez comprendida la raíz de sus miedos, darle seguridad.

Con aquellas personas de nuestro entorno a las que queremos ayudar tenemos una posible estrategia a seguir: en lugar de enfadarnos con ellas cada vez que se muestran agresivas, podemos llevar a cabo un trabajo de fondo, que consistirá en ir dándoles mensajes positivos cada día. Esta estrategia no trata de tapar sus comportamientos agresivos. Trata de compensar y superar el mal de base, el origen de la agresividad, que es su falta de seguridad. La persona que muestra actitudes agresivas sabe perfectamente que no lo está haciendo bien, y no necesita que se lo recordemos. Lo que le ocurre es que no sabe de dónde proceden estas actitudes, y en esto es en lo que nuestra ayuda a través del refuerzo de su seguridad puede ser fundamental.

En los encuentros accidentales con gente que se muestra puntualmente agresiva, y a la que quizá ni conocemos, podemos responder con una pauta fija: serenidad y la mejor de las sonrisas.

Y cuando somos nosotros los que nos comportamos agresivamente, será bueno que analicemos qué tipo de situación ha desencadenado nuestra reacción: porque aquello ante lo que reaccionamos con irritación es precisamente aquello sobre lo que nos sentimos inseguros, aquello que no tenemos resuelto en nuestras vidas. Identificar lo que no tenemos resuelto y trabajarlo será la solución definitiva, más que intentar que un disciplinado autocontrol nos haga evitar un brote de cólera.

Agresividad, una palabra que rima con soledad. Está científicamente demostrado que tenemos mayor propensión por relacionarnos con aquella gente que nos muestra una actitud amable. No hace falta que hablemos con ellos; la sola expresión afable ya nos invita a la relación. Y siguiendo el razonamiento, parece lógico pensar que tendremos de forma natural una especial prevención a relacionarnos con gente que nos muestra una expresión hostil.

La agresividad con los demás levanta altos muros de aislamiento y lleva con el tiempo a la soledad. La gente se distancia hasta cortar todo vínculo de relación. A nadie le gusta pasar un mal rato en nuestra interacción con los otros. Y ya no es una cuestión de tenerle miedo al agresivo. Es el simple y humano deseo de sentirnos bien en compañía de los demás.

Ferran Ramón Cortés

Un poco de amabilidad…


Dale hoy al mundo un poquito de amabilidad.
Brinda algo de amabilidad y verás cuánto crece.
Porque la amabilidad que ofreces jamás desaparece.
Cuanto más des, más habrá.
Incluso si parece que la amabilidad que das no es valorada,
hay en ella verdadero valor. Aunque parezca que a nadie le importa,
sí tiene sentido para ti.
Brinda algo de amabilidad, y te mantendrás enfocado.
Brinda algo de amabilidad y podrás reconocer
todo un mundo de nuevas oportunidades.
Invierte tu tiempo y tus esfuerzos en ser amable,
y no habrá limites en cuanto a todo lo bueno que ello pueda generar.
Porque una determinada gentileza, una vez que ha sido ofrecida,
puede seguir replicándose a si misma por mucho tiempo,
incluso mucho después de que tú la hayas olvidado.
Y finalmente esa amabilidad, luego de haber ido
y crecido a través de las muchas vidas que haya tocado,
volverá a ti.
Hasta podrías llegar a no reconocerla por lo mucho
que habrá crecido y por lo hermosa que habrá llegado a ser.

Si pinto el sol…

Si pinto el sol, quiero que la gente sienta su enorme potencia,
su luz y su poderío; si pinto una fruta quiero que sientan su jugo,
y cuando pinto un trigal quiero que se adviertan en él
hasta los átomos que conforman los granos de trigo
que pugnan por crecer.

“Trigo al amanecer” (Wheat Rising Sun), Vincent Van Gogh, 1889
Así también, cuando pinto el retrato de un hombre
quiero que se advierta su lucha.
Para mí la uva y tú están formados de la misma materia.
Si pinto un campesino en el campo quiero que se advierta
la unidad que existe entre uno y otro.
Quiero que se sienta que el sol vivifica por igual al campesino,
al caballo y al trigo.

Vincent Van Gogh

Hace tiempo, tal día como hoy ocurría

Año: Efeméride:

1348 Asalto de la judería de Barcelona por las turbas tras una epidemia de peste.
1498 Vasco da Gama desembarca en la India, a donde llega circunnavegando África.
1510 Muere el pintor Sandro Botticelli.
1642 Fundación de la ciudad canadiense de Montreal.
1749 Nace el médico Edward Jenner.
1803 Napoleón rompe la Paz de Amiens de 27 de marzo de 1802 y reemprende la guerra.
1809 Pío VII excomulga a Napoleón por la anexión a Francia de los Estados Pontificios.
1845 Nace el poeta Jacint Verdaguer.
1924 Se funda la Metro-Goldwyn-Mayer.
1958 Franco promulga ante las Cortes Españolas la Ley Fundamental del Movimiento Nacional.
1973 Comienza el proceso Watergate en el Comité del Senado de los Estados Unidos.
1983 Israel y Líbano firman un tratado de paz, que es condenado por Siria, la OLP y la URSS.
1992 El papa Juan Pablo II beatifica a José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei.
1993 El Camino de Santiago, declarado patrimonio cultural europeo
1997 Laurent Kabila se autoproclamó jefe del Estado de Zaire
2003: mueren 13 personas en un enfrentamiento étnico entre kurdos y árabes en Kirkuk (Irak).
2003: 29 turistas alemanes que se dirigían a España mueren en Francia en un accidente de autobús.
2003: el atleta español Alberto García, campeón de Europa de los 5000 m, desvela su positivo por EPO (eritropoyetina) tras un control efectuado el 29 de marzo después del Mundial de cross corto.
2004: las asociaciones españolas de periodistas crean un Consejo Deontológico.
2005: el Congreso español aprueba, con el único voto en contra de los populares, la resolución promovida por el grupo socialista que autoriza al Gobierno a entablar conversaciones con ETA en el supuesto de que la banda abandone definitivamente las armas.
2005: el Parlamento boliviano promulga la polémica Ley de Hidrocarburos.
2005: el demócrata Antonio Villaraigosa, hijo de inmigrantes mexicanos, se convierte en el primer alcalde hispano de Los Ángeles.
2005: neurólogos españoles describen por primera vez las manifestaciones clínicas de una rara malformación cerebral llamada urelgia.
2006: el FC Barcelona gana su segunda Liga de Campeones de la UEFA ante el Arsenal FC en el Stade de France de París.
2006: a la 1:00 - Hora de Chile, se produce la mayor tragedia carretera de los últimos 15 años, un bus de la compañía Tur-Bus se da vuelta en un puente.
2007: Tandil Argentina: Es inaugurada la réplica de la Piedra movediza.
2007: la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó el 2008 Año Internacional de los Idiomas para fomentar el multilingüismo, la unidad y la comprensión internacional.

Fuente: Almanaque de las efemérides