jueves, 18 de abril de 2013

La caja del ahorro que no miramos

Juan se encontró en la calle con un conocido y lo saludó:
Hola, Cómo estás??
La respuesta fue:
Mal, todo mal, cómo quieres que esté con toda esta historia de los problemas económicos y demás?

Juan reflexionó y luego preguntó:
¿Con quién desayunaste hoy?
Con mis hijos.
Y después ?
Después qué?, Después fui a la oficina.
Anoche cenaste antes de dormir?
Claro que cené. No iba a ir a la cama con el estómago vacío, no?
Y dónde dormiste?
En mi casa, en mi cama.
Y con quién?
Con quién iba a ser? Con mi mujer, por supuesto!
! Qué es todo este interrogatorio?
Nada, nada. Déjame recordar: o sea que cenaste, dormiste en tu cama, junto con tu mujer, desayunaste con tus hijos, fuiste a tu trabajo.
Y todo, todo está mal? Todo mal?

Este diálogo real muestra la dimensión que cobraron en nuestra vida, palabras como situación económica, dólar, transferencia, caja de ahorro, plazo fijo y tipo de cambio.
Ocupan todos los espacios, están en sueños, planes y pesadillas; hoy y aquí es imposible hablar sin mencionarlas.

Y en ese fárrago se perdió, se postergó o se olvidó un instrumento esencial para la calidad de nuestra vida: la caja de ahorro AFECTIVO.

Esta cuenta no se abre en ningún banco y tiene la ventaja de que no puede ser incautada ni confiscada.
Una cuenta de ahorro afectivo es la que tiene como titulares únicos e irremplazables a aquellas personas que conforman y construyen un vínculo de tipo emocional (una pareja, padres e hijos, amigos).

Los titulares depositan en ella su capital de afecto, cariño y amor, y se comprometen a destinar ese monto a una finalidad común.

Esa finalidad puede ser la construcción de puentes de confianza,
-o la creación de un espacio de intimidad, o la preservación de la armonía,
-o el impulso para el desarrollo mutuo y acompañado de las mejores potencialidades de cada uno,
-o el tejido de tramas de seguridad psicológica,
-o la aceptación y la unión desde la diversidad,
-o el crecimiento espiritual compartido,
-o el aprendizaje vivencial y mancomunado del respeto.

En fin, hay tantas posibilidades como hay tantas personas que construyen, sostienen y alimentan sus vínculos.
Hay, además, vínculos indirectos o de segundo grado, como los que me relacionan con mis socios, compañeros, vecinos, conciudadanos, compatriotas, congéneres.
Tanto unos como otros, por diferentes motivos, son esenciales para la conservación y mejoramiento de la existencia humana.

En realidad, buena parte del sentido y de la trascendencia de la vida se asienta en ese tejido vincular.
Por lo tanto, el cuidado, la profundidad y la dedicación que brindemos a esta trama de relaciones en las que estamos integrados tiene incidencia directa en los fondos que atesoran nuestras cajas de ahorro afectivo.

Quizás hemos quedado demasiado atrapados en el corralito de la economía monetaria a expensas de la economía afectiva y emocional.
En la obra Calígula, de Albert Camus (y que Immanol Arias protagonizó hace pocos años en Buenos Aires), el emperador dice a sus secuaces: " Si lo más importante es el dinero, entonces lo más importante no es la vida, así que dejémonos de hipocresía, vamos por el dinero sin respetar la vida".

Si lo más importante que cada uno de nosotros tiene está en las cajas de ahorro y en los plazos fijos efectivos, es probable que nuestras cajas de ahorro afectivo se estén vaciando silenciosamente.

No me parece ni ingenuo ni secundario apelar en estos días a las cajas de ahorro afectivo, a reforzar los lazos sentimentales, a confiar y acudir a las redes emocionales en las que estamos involucrados.
Con pareja, hijos, padres, amigos y con todos los afectos que nos unen con ellos, tenemos la opción de crear otros temas de conversación, otras perspectivas de la vida y nuevos proyectos existenciales. Para algunos de ellos, tal vez sea necesario el dinero, pero no sólo el dinero.

Si creyésemos que la vida pasa principalmente por el dinero, qué nos diferenciaría de quienes nos lo roban? Tiene que haber algo más.

Revisemos nuestras cajas de ahorro AFECTIVO.
Y pongamos nuestro interés allí.


Desconozco a su autor


Emociones tóxicas por Merlina Meiler

Te encuentras con personas que, decididamente, te hacen mal.

Te ves inmerso en situaciones de desgaste, angustia, desilusión, sin saber cómo has llegado hasta allí ni cómo salir (ni siquiera airoso, simplemente, salir).

La respuesta: una emoción tóxica.

No es casualidad que se repita una y otra vez la misma sensación interna de desasosiego y de desesperanza, ya sea con parejas fallidas, con amistades engañosas o con hechos que te dejan un conocido sabor amargo en la boca.

De alguna manera y por alguna razón que suele ser poco clara, tienes dentro de ti una emoción tóxica que busca, permanentemente, justificativos y validaciones en el afuera, para emerger y adueñarse de tu razón y de tu corazón. La puedes resumir en una palabra generalmente (envidia, celos, sentimiento de inferioridad, culpa, odio, luchas de poder, resentimiento, etc.). Lo importante es saber que hay algo atrás que la moviliza y en esto debemos centrarnos para poder liberarnos de estas pesadas cadenas (sí, es posible abrirlas, ¡y ya tienes en tu poder la llave!).

He visto personas a quienes, ante estas circunstancias exteriores (maltrato de una pareja, engaño de un amigo, clima de trabajo insoportable, etc.) que disparan la aparición de la emoción tóxica, se les nubla la visión (literal o figuradamente), pierden objetividad, les late rápidamente el corazón, se les cierra el estómago, se les dificulta conciliar el sueño, etc. Estas reacciones son simples conexiones con la emoción tóxica en su forma más primitiva, que de estas maneras aflora.

De nada sirve culpar al afuera de la “mala suerte”: “los hombres/las mujeres son tod@s iguales”, “no se puede confiar en nadie”, “siempre me encuentro con gente que …”

Tampoco es necesario saber exactamente qué refleja esa emoción tóxica: en general, copiamos conductas de algún miembro de la familia (desde que somos bebés vamos “aprendiendo” cómo relacionarnos con los demás a través de comportamientos ajenos, sin discernir si son saludables o productivos). Otras veces nos acostumbramos a resolver asuntos de cierta manera (creemos que aclara cuando en realidad oscurece) o permitimos que nos hagan participar del “drama de control” de otros y nunca más pudimos (o intentamos) salir a la luz.

Sí puedes hacer algo – ¡mucho, en realidad!: las emociones que albergamos no son barcos a la deriva sin rumbo. Tú eres el timonel que puede hacer que llegues a buen puerto en medio de la peor (y, probablemente, última) tormenta.Si has tomado la decisión de correrte de ese lugar y de saber que la emoción tóxica existe pero ya no necesitas conectarte con ella ni dejar que se adueñe de tu vida o de tus instintos, entonces, ha llegado el momento del adiós.

Por última vez, recrea durante unos minutos qué sientes cuando te suceden estos hechos que parecen estar fuera de tu alcance: qué reacciones corporales tienes, qué imágenes se te presentan, qué te dices, qué voces familiares escuchas.

Dedica un rato a experimentar lo que vaya surgiendo, y tómalo como una despedida de lo que ya está aflorando.

Concéntrate en lo que más te llame la atención: una voz, cierta apariencia, una reacción corporal, un recuerdo, una situación que no sabes si sucedió realmente o no, lo que sea estará bien. Mira con nitidez cómo es, qué características tiene, colores, sonidos incluidos, sensaciones que emerjan y todo lo demás relacionado.

Una vez hayas fijado claramente esta imagen, destrúyela. Como te venga en gana. Córtala en pedacitos, pégale mazazos, haz que los colores se destiñan hasta quedar en blanco y negro, luego en gris y blanco y finalmente sea transparente y desaparezca, quémala, tírale pintura de colores, lo que te surja y de la manera en que se te presente.

Para esto, también tómate el tiempo que precises: serán minutos pero para tu sanación interna, se transformarán en meses y en años de plenitud.

Después de hacer este ejercicio, sentirás que un gran peso ha quedado atrás.¡Cuéntame cómo fue tu experiencia!

Hace tiempo, tal día como hoy ocurría

Año: Efeméride:

1070 Fallece el poeta cordobés Ibn Zaydum.
1254 Alfonso X el Sabio otorga privilegio a Sevilla para que realice dos ferias anuales.
1873 Fallece el químico Justus Freiherr von Liebig.
1898 Fallece el pintor Gustave Moreau.
1904 Primer número del diario "L'Humanité".
1905 Muere el escritor Juan Valera.
1906 Terremoto en San Francisco.
1909 Ceremonia de beatificación de Juana de Arco en Roma.
1949 Se proclama formalmente la República de Irlanda.
1955 Fallece Albert Einstein.
1991 Fallece el poeta Gabriel Celaya.
1994 Fallece Richard Nixon, presidente de Estados Unidos.
1995 El juez Baltasar Garzón decreta el procesamiento de 14 personas en relación con las actividades de los GAL.
1996 Muere el filósofo José Luis López Aranguren.
1998 Los jefes de Estado y de Gobierno de 34 países del continente americano, a excepción de Cuba, se reúnen en Santiago de Chile en la II Cumbre de las Américas.
1999 El primer ministro turco Bülent Ecevit se proclama ganador de las elecciones generales celebradas en su país.


Fuente: Almanaque de las efemérides