martes, 5 de febrero de 2013

Seguiré adelante

Voy a seguir creyendo, aún cuando la gente lamentablemente pierda la esperanza.

Voy a seguir dando mucho amor, aunque otras personas siembren odio.

Voy a seguir construyendo alrededor mío, aún cuando otros destruyan.

Voy a seguir hablando de paz, aún en medio de una terrible guerra.

Voy a seguir iluminando el camino, aún en medio de la oscuridad total.

Y, seguiré sembrando, aunque otras personas pisen la cosecha.

Y, seguiré gritando al viento y al mundo, aún cuanto otros callen.

Y, dibujaré muchas sonrisas, en algunos rostros con lágrimas.

Y, transmitiré alivio, cuando vea que las personas tienen dolor.

Y, regalaré motivos de alegría, donde vea y haya tristezas.

Invitaré a caminar a cualquiera que decidió por su cuenta quedarse en un sitio, y levantaré los brazos a los que se han rendido, y no tienen ninguna esperanza.

Porque en medio de la desolación, y la amargura siempre habrá un niño vigilante que nos mirará esperanzado, y la vez tratando de esperar algo de nosotros, y aún en medio de una gran tormenta.

Por algún lado saldrá brillante el sol matutino, y en medio del desierto árido crecerá una planta, llena de flores y de frutos.

Siempre habrá un pájaro cantando alegremente alrededor nuestro, habrá también un niño que nos sonreirá alegremente y una mariposa que nos brinda su belleza silvestre.

Pero...si algún día ves que no sigo al lado tuyo, ya no sonrío ó callo, sólo acércate, abrázame y dame un beso, un abrazo ó simplemente regálame una sonrisa. Son esas cosas simples las que nunca se olvidan.

Con eso será suficiente por ahora, seguramente ya habrá pasado la tormenta que la vida me abofeteó horriblemente, y me sorprendió infraganti por un segundo.


Desconozco a su autor


Que yo no pierda

Que Dios no permita que yo pierda el romanticismo, aún sabiendo que las rosas no hablan...

Que yo no pierda el optimismo, aún sabiendo que el futuro que nos espera puede no ser tan alegre...

Que yo no pierda la voluntad de vivir, aún sabiendo que la vida es, en muchos momentos, dolorosa...

Que yo no pierda la voluntad de tener grandes amigas; aún sabiendo que, con las vueltas del mundo, ellas se van de nuestras vidas...

Que yo no pierda la voluntad de ayudar a las personas, aún sabiendo que muchas de ellas son incapaces de ver, reconocer y retribuir, esta ayuda...

Que yo no pierda el equilibrio, aún sabiendo que muchas fuerzas quieran que yo caiga...

Que yo no pierda la voluntad de amar, aún sabiendo que la persona que yo más amo, pueda no sentir el mismo sentimiento por mí...

Que yo no pierda la luz y el brillo en la mirada, aún sabiendo que muchas cosas que veré en el mundo, oscurecerán mis ojos...

Que yo no pierda la garra, aún sabiendo que la derrota y la pérdida son dos adversarios sumamente peligrosos...

Que yo no pierda la razón, aún sabiendo que las tentaciones de la vida son muchas y deliciosas...

Que yo no pierda el sentimiento de justicia, aún sabiendo que la perjudicada pueda ser yo...

Que yo no pierda mi abrazo fuerte, aún sabiendo que un día mis brazos estarán débiles...

Que yo no pierda la belleza y la alegría de ver, aún sabiendo que muchas lágrimas brotarán de mis ojos y correrán por mi alma...

Que yo no pierda el amor por mi familia, aún sabiendo que ella muchas veces, me exigirá esfuerzos increíbles para mantener la armonía...

Que yo no pierda la voluntad de donar este enorme amor que existe en mi corazón, aún sabiendo que muchas veces él será rechazado...

Que yo no pierda la voluntad de ser grande, aún sabiendo que el mundo es pequeño...

Y encima de todo...

Que yo jamás me olvide que ¡Dios me ama infinitamente! Que un pequeño grano de alegría y esperanza dentro de cada uno es capaz de cambiar y transformar cualquier cosa, pues ¡la vida es construida en los sueños y realizada en el amor!

¿De qué nos sirve vivir, sino sabemos respirar? ¿De qué nos sirve soñar, sino somos capaces de hacer realidad nuestros sueños?

Desconozco a su autor


El gusto de vivir

Felices los que saben reírse de sí mismos, porque nunca terminarán de divertirse.
Felices los que saben distinguir una montaña de una piedrita, porque evitarán muchos inconvenientes.
Felices los que saben descansar y dormir sin buscar excusas, porque llegarán a ser sabios.
Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas.
Felices los que son suficientemente inteligentes, como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por quienes los rodean.
Felices los que están atentos a las necesidades de los demás, sin sentirse indispensables, porque serán distribuidores de alegría.
Felices los que saben mirar con seriedad las pequeñas cosas y tranquilidad las cosas grandes, porque irán lejos en la vida.
Felices los que saben apreciar una sonrisa y olvidar un desprecio, porque su camino será pleno de sol.
Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque no se turbarán por los imprevisible.
Felices ustedes si saben callar y hasta sonreír cuando se les quita la palabra, se los contradice o cuando les pisan los pies, porque el Evangelio comienza a penetrar en su corazón.
Felices ustedes si son capaces de interpretar siempre con benevolencia las actitudes de los demás
aún cuando las apariencias sean contrarias. Pasarán por ingenuos: es el precio de la caridad.
Felices sobretodo, ustedes, si saben reconocer al Señor en todos los que encuentran, entonces habrán hallado la paz y la verdadera sabiduría.

Desconozco a su autor

¿Tapar el sol con un dedo?

Tapar el sol con un dedo, puedo tener diversas lecturas.

Si se utiliza esta expresión de manera metafórica, se diría que, realidades sumamente visibles a los ojos de todos, se pueden tapar parcialmente dependiendo del ángulo del que se desee ocultar una realidad no sin ello que éste extinga su huella totalmente.

La huella que se intente ocultar, por más que se desee que sea para siempre es casi imposible, por ello, las verdades salen tarde o temprano.

Si se retira el dedo para dejar al descubierto el sol (la verdad), la primera impresión es de ceguera provocada por la impresión que la luminosidad produce.

Después, se puede comenzar a ver la realidad y el entorno bajo otra mirada.

Una puede ser una mirada iluminada que deja relucir toda la belleza así como la magnitud de todo aquello que podría haberse estado ocultando por “X” tiempo, hasta el punto de poco a poco el ser humanos se vaya adaptando a la realidad asumiéndola de tal manera que tenga el tiempo suficiente para asimilar todas las emociones que la misma revela, sean estas positivas como negativas.

Otra opción, es que el ser humano quede tan deslumbrado hasta el punto de quedar en un estado de ceguera parcial impidiéndole el exceso de luminosidad contemplar la nueva realidad en su totalidad sea cual fuera ésta.

Este estado de ceguera, con el paso del tiempo puede convertirse en voluntaria, ya que en el fondo, pero muy en el fondo del ser humano, siempre hay temores que le paralizan ante la posibilidad de poder conocer toda un realidad, darle un sentido, saberla trabajar, abordar hasta reconvertirla en lo que él mismo desea.

En medio de esta parálisis, del ser humano están los que yo diría pierden y los que ganan.
Los que pierden; evidentemente los que no consiguen ver más que sombras sin alcanzar a distinguir la realidad.

Los que ganan; aquellos que se benefician primero de poder verla en su totalidad y si hay algún interés detrás, de que los “deslumbrado/os”, ganen con mantener su nebulosidad, siempre habrá quién le o les anime a que se mantengan en la visión distorsionada, opaca, en penumbra, como en sombra, sin desvelar la verdad.

Así como en esta metáfora, hay realidades familiares, humanas, que sin proponérselo, se regocijan en la penumbra del o de los otros, haciendo todo lo posible por ocultar la verdad sin recordad que en la complicidad, está la falta o delito y más aún, que a la hora de verdad, todo se sabrá.

Por lo tanto, querer ocultar el sol con un dedo es sólo un juego que tarde o temprano concluirá, porque el sol es dinámico y rápido en su movimiento y porque aparece también cuando menos se le espera detrás de nubes o chaparrones.

A veces, quién busca le llegará la fortuna de poder contemplarla de verdad ya que puede esperarse cualquier realidad.

Quién la esconde, puede verse descubierto de manera imprevista quedando desnudo ante toda una comunidad.

Isabel Gómez.
Fotografía de María Isabel Gómez Castillo

Desde la zona de confort hacia una pareja por Merlina Meiler

Si estás en soledad (o en una compañía que no te hace feliz), te propongo llegar a lograr plenitud, concretar una pareja, ¿hasta decidir si quieres tener una familia?. Sólo tienes que estar dispuesto o dispuesta a salir de tu zona de confort y adentrarte en terreno bueno por conocer.

Es real que hay gente que disfruta de cierta manera el no tener pareja estable, aunque si una situación de esta índole te pesa y te provoca dolor, tú no perteneces a esa gente. Lo mismo sucede con quienes tienen un vínculo de pareja y viven en conflicto, a veces latente, a veces permanente, con resentimientos y malestar, pero no se atreven a dar el paso de salir de esta zona de confort negativa y separarse. Las razones para no aspirar a un presente más pleno son variadas: por valores y mandatos familiares, por el qué dirán, por miedo a la soledad, por cuestiones de dinero o de status social. Hay diversos factores que atan a la persona a una zona de confort, aunque vayan en contra de su naturaleza y atenten contra su felicidad.

Si te pesa el estar insatisfecho o insatisfecha emocionalmente, hace tiempo que vienes dando vueltas en el mismo sentido, y además tienes una conexión con el sufrimiento emocional demasiado cercana para tu gusto, entonces es bien probable que estés en una zona de confort. En esta zona de aparente tranquilidad no eres feliz, pero ya conoces las reglas de juego, y estás acostumbrado o acostumbrada a moverte con comodidad ante situaciones reiterativas. Es un mecanismo restrictivo ya que el confort genera inercia, y los cuestionamientos y la reflexión pierden fuerza. Asimismo, causan la persistencia del pasado, y se convierten en algo peligroso, ya que no nos permiten avanzar y alcanzar nuestras metas de mayor bienestar y armonía.

Estos conceptos se relacionan íntimamente con el miedo al cambio, que suele ser uno de los hechos que generan más actitudes defensivas. Por eso a algunas personas no les resulta tan fácil salir de su zona de confort, por más contraproducente que sea en relación con los deseos genuinos de esa persona. Mantener las cosas como están pareciera dar cierta tranquilidad a quienes son reacios a los cambios. Hasta hay un dicho que reza: “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¡No conozco dicho más limitante que éste!

Tratar de minimizar lo que sucede y autoengañarse para no seguir atormentándose tiene una duración bastante efímera y un costo demasiado alto. Sincerarse es el primer paso hacia la felicidad de hallar una persona que comparta tus días, tus pensamientos y todo lo que tú desees. El segundo paso es proponerse salir de la zona de confort y de este modo pasar a la de las oportunidades.

Para traspasar el dolor y ponerte en movimiento, es importante que sitúes un punto de inflexión, que puede ser hoy, mañana o cuando tú decidas, para salir de esta zona de confort y avanzar hacia la concreción de una pareja. Abrirte a lo bueno que está por venir significa que en este momento comiences a decirle adiós al dolor, y cabe la posibilidad que te toque transitarlo en esta despedida, por última vez. Quienes ocuparon gran parte de su tiempo tratando de evitar el dolor, de algún modo temían enfrentarlo para no ver reflejados hechos traumáticos, áreas de sufrimiento o relaciones de patrón repetitivo. Todo esto a partir de tu decisión firme y resuelta será cosa del pasado.

Permanecer en la zona de confort implica conformarse con lo que uno tiene, y acostumbrarse a vivir desde la resignación. Pensamos, de manera equívoca, que como hace tiempo la desilusión y el malestar vienen conformando nuestra realidad, así será permanentemente. “Es lo que me tocó”, “Ya no tengo edad para otra cosa”, hay diversos mecanismos que tratan de hacernos permanecer en esta zona de aparente comodidad. Modificar nuestra realidad implica adentrarse en terreno desconocido, lo que conlleva riesgos y aventura. Atrévete a experimentar. Las cosas que provocan incomodidad, ya sea un par de zapatos nuevos, iniciar la práctica de un deporte hasta una actitud distinta frente a la vida, al poco tiempo comienzan a sentirse cómodas y propias.

Conectarse con áreas oscuras y de sufrimiento, sincerarse, y decirles adiós, permite liberar esa energía y disponer de ella para lograr nuestro objetivo, en este caso, entablar un vínculo amoroso que nos satisfaga. Es un proceso que en algunos momentos puede resultar un poco doloroso, con resultados espectaculares. Al alinear lo que percibes y lo que sientes con lo que haces tus pasos solos te encaminarán hacia el futuro que tanto anhelas.

Otro obstáculo que aparece al decidir dejar la comodidad y adentrarse en terreno inhóspito, además de las dudas y el nivel de autoestima que tengamos, es la homeostasis, la tendencia a tratar de permanecer en un ámbito familiar y conocido, la zona de confort, aunque provoque insatisfacción, para evitar lo nuevo y diferente. Es necesario sobreponerse a la tendencia a la homeostasis, y decidir deliberadamente salir de la zona de aparente tranquilidad para pasar a la zona de las oportunidades, donde se concretarán nuestros anhelos y podremos satisfacer nuestra necesidad de un vínculo estable y muy satisfactorio.

Abandonar la zona de confort, como ya dijimos, provoca genera cierta incomodidad pasajera, miedos, dolor, inseguridades, todo esto es lógico ya que se trata de algo desconocido. Hay quienes al momento de experimentar lo nuevo o al no ver resultados inmediatos, vuelven a la zona de confort por la protección y seguridad que les da. Ésta es la razón por la cual ciertas personas no ven cristalizado su intento por mejorar o por crear cambios duraderos en sus vidas: no están dispuestas a tolerar el proceso y la cuota de esfuerzo y dolor que un cambio implica.

Decidir dejar atrás la zona de confort es integrar nuevos aprendizajes. Es el momento de la decisión es usual verse en medio de un mar de dudas: ¿Podré hacerlo? ¿Obtendré lo que busco? ¿Qué pasaría si encontrara a la persona que me haga vibrar como nunca antes, se fijará en mí? Tal vez no creas que realmente mereces disfrutar con una pareja que te haga feliz, o tienes miedo a no poder soportar un fracaso. ¿Qué prefieres enfrentar, todo lo que un cambio trae aparejado, o llevar contigo el dolor de la soledad y de la insatisfacción emocional para siempre?

La paciencia, la voluntad y la certeza de que lo mejor está por llegar son tres de las herramientas que nos conviene tener en mente al momento de decidir salir de la zona de confort, para que nos acompañen y sean nuestras aliadas. Seguramente hallarás otras que también se adecuarán a tu personalidad. Te olvidarás del esfuerzo y todo lo que conlleva el cambio al lograr el éxito.


Fuente: http://www.mejoraemocional.com/