sábado, 2 de febrero de 2013

El coleccionista de insultos

En los días que corren es conveniente cederle un espacio a esta alegoría budista que hará pensar a muchos.

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes. A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario. Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante. El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla. Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío. Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo. Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros. Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?

-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Nadie nos agrede o nos hace sentir mal: somos nosotros los que decidimos cómo sentirnos. No culpemos a nadie por nuestros sentimientos. Somos los únicos responsables de ellos.



La capacidad de superación

En nuestra vida rebosan las casualidades, nuestra misión es saber sacarles provecho para conseguir los beneficios que queremos, de esto se componen nuestros proyectos. Hoy en día se está hablando de excelencia personal y el éxito muy cercano, pero la mayoría de estos métodos hablan de la solución de problemas y cómo conseguir una posición económica abundante, dejando así la superación personal al margen, y la superación personal no se basa en cantidad sino en calidad.

La superación es el coraje que mueve a las personas a desarrollarse a una misma en lo espiritual, profesional, humano y económico superando obstáculos y adversidades que se presentan, perfeccionando la capacidad de esforzarse más para conseguir todo objetivo que se plantee.


La superación es un deseo con el que nacemos entonces, ¿por qué nos paramos? El obstáculo principal somos nosotros mismos, nuestros temores, tener la falsa esperanza de una oportunidad “de oro” o estar esperando “el momento adecuado”, es decir la pereza y el pesimismo característicos delconformista. Vemos a personas que que hablan de sus planes y el deseo que tienen por darle a su vida una nueva dirección, pero desgraciadamente todo se queda en palabras y deseo; explican dificultades imprevistas que impiden seguir con los objetivos programados.

La superación no es algo que llegue con el tiempo, tampoco es algo que suceda sólo con desearlo o con estar motivado, la superación es algo que necesita acciones inmediatas, esfuerzo, planeo y continuo trabajo.

Muchas veces la superación no sucede como un cambio lleno de valores materiales. Es muy común cruzarnos con personas que no estén conformes con su trabajo, quieren cambiar porque en todo el tiempo que llevan, su situación no ha cambiado. Pero si se les presenta, no aceptan cambiarlo por alguno con un aumento económico bajo o con un mismo nivel profesional; no se dan cuenta de que pueden adquirir experiencia, relaciones y conocimientos que en un futuro puede serle de gran ayuda para conseguir sus objetivos.

Es normal temerle a lo desconocido, desconfiar de ello. Cuando estamos durante mucho tiempo en un mismo lugar (escuela, trabajo, ciudad…) y surge la opción de cambiarlo, se despierta en nosotros el miedo; es algo así como si no fuéramos capaces de enfrentar nuevos desafíos y no pudiéramos resolver las dificultades que se nos presenten.

Es imprescindible la economía y los recursos materiales, pero la superación no la debemos apuntar a la acumulación de ellos, como si fuera una fácil manera de medir el progreso. Hay otras muchas cosas fundamentales a las que todos debemos atender:
  • Empecemos viendo nuestras costumbres y hábitos: cómo cuidamos las cosas; el orden que tengamos en las comidas, descanso, diversiones; qué atención y cuidados les proporcionamos a nuestra familia; con qué grado de amabilidad tratamos a la gente; a qué dedicamos nuestro tiempo libre.
  • En el trabajo no es suficiente lo que hemos aprendido, debemos esforzarnos para ser cada día más profesionales, como pensar nuevos métodos para hacer nuestro trabajo más fácil y equivocarnos menos, aprender una especialidad.
Para los estudiantes quiere decir que tienen que dedicar más tiempo a prepararse, buscar y ejecutar cosas nuevas.

Los padres pueden leer sobre como educar mejora sus hijos, o incluso inscribirse en cursos que estén destinados a eso. Hoy en día disponemos de muchos recursos de este tipo para ayudarnos en la mejora de la educación de nuestros hijos.
  • El terreno espiritual, normalmente dejado a un lado, nos da muchas posibilidades con el conocimiento y los valores de la religión, aparte de la práctica de ellos. Tener el apoyo de un director espiritual, tener trato con Dios de forma continuada 8 no solamente en los momentos en que estamos mal).
La superación personal solamente está en la persona, no está en lo material, tampoco tiene que ver la edad; hay mucha gente, jóvenes y mayores capaces de montar grandes empresas, ven cómo se hacen realidad sus sueños, no se detienen a mirar que no tienen experiencia o el cansancio de los años. Abstenerse de mejorar es triste, no tener aspiraciones, eso se llama conformismo.

Hay innumerables posibilidades de superación y puede ser normal que entre tantos aspectos caigamos fácilmente en el desánimo. A parte de tomar la decisión de empezar hoy mismo, hay que hacer un plan para que salga bien y poder practicarlo conscientemente.

Hay que tener en cuenta la existencia de obstáculos, siempre los hay, pero la superación consiste en afrontarlos, y frente a ellos tomar nuevas energías. En la vida nada resulta fácil, todo lo que merece la pena necesita la constancia y paciencia para conseguirlo, ahí es cuando la superación es excelente (lejos de toda vanidad) con la satisfacción de, cada vez, acercarnos más a la perfección humana.

“Si fuéramos capaces de observar claramente el prodigio de una simple flor, toda nuestra existencia cambiaría” ~ Buddha

Vanessa Arjona

La copa de la felicidad

La vida es una copa plena de felicidad, pero nunca se te da llena.

Te dan un sorbito de vez en cuando, un sorbito que tienes que ir llenando gota a gota todos los días, para sobrevivir.

No te la pases agitando tus desgracias, pronosticando tragedias imaginarias, asustado por posibles males que a lo mejor no llegan nunca.

Nacemos para luchar por la felicidad... casi para crearla, para hacerla a pesar de la tristeza, los desencantos, los errores, las malas jugadas y los irremediables imprevistos.

La felicidad no se va buscando en bienes y placeres.

Se actúa bien y ella sola se nos va presentando.

La felicidad no es estar añorando y extrañando todo lo que nos falta sino encajar en todo lo que tenemos.

No vendas tu felicidad...¡regálala! No busques para ella fórmulas sencillas ni baratas.

Cuesta trabajo, son caros los ingredientes:

Compartir lo que tienes
Amar sin exigencias
Perdonar sin cicatrices
Aceptar sin perfecciones
Agradecer lo que te dan
¡Y no rendirte nunca!

Todo tiene que ir armonizando...

Del panal, un poquito de miel
Del mar un poquito de sal
De la vida un toquecito de optimismo
De la imaginación, algo de sueño

No somos felices, porque no sabemos como llenar nuestra copa, porque no sabemos dar a la vida un máximo de calidad y rendimiento, porque miramos al mundo como un esclavo, al camino empedrado como un imposible, a la mala suerte como una sombra que nos persigue, al ideal como algo inalcanzable.

No olvides que la más linda manera de ser Feliz es ocuparse de que otros lo sean.

Da mucho de ti mismo y la felicidad llegará SOLA

Los estantes (¡dejando espacio para lo nuevo por venir!) por Merlina Meiler

Seguramente tienes un novio o un marido. Un padrino, una amiga del alma, una ex compañera de la escuela. Trabajas y allí se hallan tu jefe, compañeros de trabajo, el que limpia y la que prepara el café. Te relacionas también con el vecino, la empleada del banco…

Solemos encasillar a la gente y asignarle rótulos. Tal vez sea mejor no hacerlo, ya que las relaciones humanas son dinámicas y quien hoy es tu compañero de estudios, mañana quizá sea quien te lleve al altar. Pero la naturaleza humana nos predispone a encasillar a la gente y muchas veces colocamos a nuestros semejantes en “estantes” estancos sin posibilidades de expansión, y sin permitir que el vínculo crezca.

Hilando aún más fino, creo firmemente que cada uno de nosotros tiene “estantes” para las distintas áreas de necesidad de nuestra vida. Los estantes varían de tamaño y de cantidad según nuestras preferencias. Por ejemplo, el estante “amistad” para algunos tiene dos o más separaciones, mientras que para otras personas, muchas más. Esto no está bien ni mal, son formas personales de desarrollar nuestras relaciones interpersonales.

Cuando deseamos algo, es absolutamente necesario que haya lugar en el estante correspondiente, ya que por ley física dos cosas no pueden ocupar el mismo espacio. El problema se suscita cuando no hay posibilidades de lograr algo que queremos porque el estante ya está ocupado… y no nos damos cuenta. Los adultos solemos colocar en nuestros estantes interiores sustitutos para seguir funcionando de cualquier manera. En realidad, lo mejor que podríamos hacer es producir un vacío para que el objeto de nuestra necesidad sea quien lo llene, y no algo “parecido”.

EJEMPLO CONCRETO

Vayamos entonces a un ejemplo concreto: si no tienes hijos y tratas a tu hermana menor como a una niña, (aunque haya dejado los pañales hace décadas), sobreprotegiéndola y haciéndote cargo de ella y de todos los problemas y vaivenes de su existencia, es muy probable que no haya lugar en tu vida para que el anhelo de tener tu propio bebé se concrete, y por ende no te relaciones con parejas cuyo proyecto de vida sea éste.

Entonces, siguiendo la línea de nuestro ejemplo, si deseas tener una pareja pero has desarrollado una relación demasiado cercana (simbiótica) con alguien, sea familiar, amigo o mascota, y tal vez hasta además de esta situación te conformas con una relación sin compromiso, a disgusto tuyo, o en un vínculo desgastado y sin amor, el estante “pareja” está lleno, y, para peor, no de la manera que tú deseas. Que no esté vacío trae como consecuencia que tú no sientes la necesidad visceral y genuina de tener a tu lado la persona que tú mereces y con la que anhelas compartir el futuro.

¿Por qué tantas veces nos conformamos con menos, o con lo que no queremos? Es probable que no le des ningún crédito a lo que te estoy comentando, ya que es el subconsciente el que realiza estos reemplazos y no tu mente consciente. Por este motivo, tal vez creas que muchos aspectos de tu personalidad están cubiertos, cuando en realidad con sólo una mirada puedes darte cuenta que no es así. La sensación de completud, aunque sea ficticia, provee cierto grado de bienestar efímero. Es probable también que atribuyas la no-concreción de tus anhelos a razones tales como “a mí no me toco”, “tengo mala suerte”, “ya es tarde” y otros comentarios similares, sin asidero racional.

Si tienes la sensación (o la certeza) de que en alguna área de tu vida no tienes lo que deseas o mereces, te propongo un juego: El Juego de los Estantes.

1. Identifica el estante de tu vida con el que no estés del todo satisfecho y ponle un nombre (por ejemplo, pareja).
2. Visualízalo. Está frente a ti. ¿Qué tamaño tiene? ¿De qué color es? ‘Qué textura? ¿Qué más te dices al pronunciar el nombre del estante? Trata de describirlo en detalle, con todos los significados que el nombre del estante connoten para ti.
3. Fíjate qué hay adentro, y rotula cada cosa que encuentres en él. Si no se ajusta a la descripción del estante, crea un estante nuevo con este rótulo y visualmente coloca lo que había ahí (siguiendo nuestro ejemplo, en el estante “pareja” apareció “ex novio celoso”, crea un nuevo estante llamado “ex novio celoso” y deposítalo allí.)
4. Repite este procedimiento con cada cosa que encuentres en el estante, rotúlalas y crea tantos estantes nuevos como lo requieras, hasta que quede completamente vacío. Algunos hallazgos te harán reír (tal vez halles a “mascota tirana” o a “actor de cine que me desvela”) y ten en cuenta que también pueden aparecer rótulos que no te den sensaciones placenteras: crea un estante aparte para cada uno de ellos.

El estante quedó vacío, ¡bien! Tienes varios estantes nuevos que te harán compañía desde sus flamantes ubicaciones, de distintas maneras. En el futuro, cuando aparezca un nuevo reemplazo para el estante vacío que tan bien definido está ahora, (y créeme que esto sucederá más de una vez), automáticamente verás cómo creas un nuevo rótulo y un nuevo lugar, así el estante seguirá vacante hasta el momento en que ¡sin pensarlo! Te darás cuenta que ya ha sido ocupado por aquello que tú bien te mereces.

Fuente: http://www.mejoraemocional.com