viernes, 1 de febrero de 2013

Los fantasmas del pasado

Vivimos atados a un pasado que,muchas veces, no es más que un invento para poder justificar nuestro miedo al cambio.

Romper con ese miedo y abrirnos al cambio incluye enfrentarnos al verdadero sentido de la vida, ya que la esencia de la vida se basa en el cambio constante que actúa en ella. Si quieres explorar las cosas maravillosas que nos esperan afuera, aquí te ofrezco algunos consejos para que empieces con esta tarea:

-Arriésgate a correr ese riesgo sobre el que estás dudando. Da igual si después las cosas no salen como esperabas, al enfrentarte al cambio habrás dado un gran paso y estarás preparado para afrontar la siguiente posibilidad.

-Romper con tu rutina habitual, abandona tu comodidad y atrévete a explorar un terreno en el que no sepas moverte.

-Piensa con qué aspecto de tu vida no estás conforme y haz cualquier cambio al respecto; por mínimo que sea, te ayudará.

-Todas las etapas de cambio son duras. Busca a alguien que te acompañe en tu aventura hacia el éxito, sería estupendo.

El origen del ego ( a lo que llamamos “yo” ) es la crónica que hemos escrito de manera inconsciente para defender nuestra forma de ser, por eso estamos tan unidos a nuestro pasado. Por muy horrible que haya sido, lo apreciamos en secreto y nos cuesta mucho dejarlo atrás, porque ahí se mantiene nuestro ego.

En el momento en que por fin nos enfrentamos a nuestro pasado real, nos podemos llegar a sorprender, dándonos cuenta de que en realidad nosotros enlugar de ser la víctima éramos el verdugo, o tal vez sencillamente, que esos fantasmas que creíamos que condicionaban nuestra vida, en realidad nunca existieron.

La mayoría de las veces hemos estado atados a una mentira, a una ficción que nos hemos inventado para justificar nuestro descuido por provocar el cambio.

La memoria no nos da una información real de lo que nuestra vida ha sido, solamente se trata de la historia de un ego que hemos construido.

Te animo a que indagues en tu pasado,

busca en él el origen de tus miedos!

Dedicado a tu plenitud y realización,

Vanessa Arjona


El Amor Eterno

El amor tiene muchas definiciones. Sin duda alguna cada persona lo define una manera personal, pero nadie se imagina vivir la vida sin este sentimiento sublime y noble. Muchos se pasan toda la vida buscando este amor ideal. Cuando esta persona especial aparece en nuestra vida, ¡el mundo se transforma! Nos llenamos de gozo, de alegría, nos ponemos eufóricos y tal parece que nada puede estropear este estado tan maravillo, llamado amor. Y ¿por qué no? Creemos sinceramente que esta sensación va a permanecer por siempre. Sin embargo, el mito del “Amor Eterno” es una falsa creencia más aceptada en el mundo y la que más daño hace en las relaciones de pareja. Vamos a ver ¿Por qué?

En nuestros artículos anteriores siempre hemos señalado que para tener una relación de pareja gratificante y duradera el amor es necesario, pero no es suficiente. Las personas se equivocan pensando que lo más difícil es encontrar la persona adecuada, pero una vez esto suceda, todo funcionará de maravilla por sí solo. Y si algo no funciona bien, el error esta en el “otro”, que el objeto del amor no salió perfecto y que la culpa no es de nosotros.

Esta postura frente a la visualización de las relaciones de pareja causa mucho sufrimiento. Es mucho más cómodo no asumir la responsabilidad y echarle la culpa al otro. Pero, por otro lado, aparece la frustración de ¿“porque escogí a esta persona”? ¿“Como pude equivocarme”? Sin embargo, todo este malestar es producto por las falsas creencias sobre el amor eterno.

¿Cuál es la realidad del amor duradero?

La respuesta es: El amor dura siempre y cuando seamos capaces de construirlo día a día, sin descanso. Mientras que el enamoramiento es un sentimiento que no depende de nuestra voluntad, el amor maduro es un acto de nuestra voluntad. El amor se construye con actos de amor, requiere de esfuerzo, trabajo, sensibilidad, empatía y mucha creatividad. Construir el amor significa crear un espacio de confianza, calidez, de apoyo mutuo, significa también establecer un vínculo profundo de conexiones en varios niveles: emocional, físico, intelectual y espiritual. Como dice la canción: “… El amor es crear un mundo entre los dos…”

Otro factor sumamente importante es que para construir este mundo, los dos tienen que quererlo y poner el esfuerzo por igual. El amor es como un río, hacen falta las dos orillas para que pueda fluir.

Cuando prometemos el amor eterno, de manera inocente estamos mintiendo. No se puede prometer algo que es efímero, algo que no depende de nuestra voluntad. El sentimiento es efímero. Es falso creer que estaremos siempre enamorados de la misma persona, sencillamente no es verdad. En el transcurso de la vida, nos enamoraremos muchas veces de las otras personas, lo cual no se puede controlar. Lo que si podemos controlar es nuestros actos conscientes, nuestra conducta y nuestra decisión al respecto.

Lo que si podemos prometer y controlar es mantener conductas amorosas encaminadas al cuidado del amor, al cuidado de la pareja y de la relación. Podemos prometer emplear nuestra capacidad creativa, nuestro esfuerzo y dedicación.

El amor maduro no es “un sentir”, es una capacidad que se desarrolla a través de la práctica diaria, a base de la voluntad, la consistencia, la inversión de tiempo y de recursos materiales que están en nuestro alcance. El enamoramiento es mágico, el amor es terrenal. El enamoramiento es un estimulo incontrolable que se mantiene vivo a base del amor como acto de voluntad. Tal vez la siguiente formula es válida para los que buscan la respuesta exacta:

El Enamoramiento + Conducta amorosa consciente = Amor Eterno

Te deseo todo lo mejor en tu relación de pareja!

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Gracias

Martha Beato

Caos por fuera, Serenidad por dentro por Merlina Meiler

Momento de crisis profunda. Cambian las reglas de juego que durante algún tiempo fueron la cómoda almohada en la que nos apoyábamos. De pronto, un día, el cataclismo. Nuestra pareja se resquebraja inexorablemente. Se produce un caos económico en el país en el que vivimos. Nos quedamos sin trabajo, ocurre algo que modifica profundamente nuestra vida cotidiana… ¿cómo sobrevivir?

En momentos de caos sentimos que se desintegra el centro de nuestra vida, lo que nos sustentaba. Sabíamos cómo desenvolvernos, qué esperar y qué era poco factible que sucediera. Pero el confort que nos rodeaba desaparece súbitamente. Tenemos la impresión de que la inseguridad y la incertidumbre no son buenas consejeras (¿tendrá algún asidero esta idea?). En realidad, nos resultaba fácil saber a qué atenernos, aunque algunos resultados que lográbamos distaban bastante de lo deseado..

Estás en un momento de cambios, que tal vez no buscaste conscientemente. La vida te enfrenta a esta situación, y es necesario hacer algo, ponernos en movimiento, aunque la depresión y la tristeza, mezcladas con una pizca de miedo, suelen dejarnos inmóviles, sin saber a ciencia cierta qué actitud tomar. Esa sensación de no saber dónde estamos parados provoca una angustia incontenible. ¡Ha llegado el momento de actuar! ¡Por fin!

El primer paso de una conducta sana es siempre la aceptación. Es esencial contar con lo que tenemos aquí y ahora. De nada sirve pensar en glorias pasadas o en situaciones que no fueron y pudieron ser distintas, y ya no serán. Este pensamiento de huida del momento actual trae aparejado un vacío energético en el presente y un desplazamiento de nuestro eje, lo que puede producir síntomas físicos que derivarían en enfermedades de distinto tenor.

Las situaciones de crisis y de caos son las que sacan lo mejor de nosotros mismos. Si no existieran, no accederíamos a nuestro máximo potencial interior. Somos seres plenos de oportunidades, de valores personales, y contamos con herramientas idóneas para modificar lo que queremos desterrar de nuestras vidas, luego de haber aceptado que ése es nuestro presente. Tal vez hoy no veas con claridad estas oportunidades, o dudes con respecto a qué hacer o decir, exactamente. Este estado es sólo temporal y comenzará a disiparse apenas te pongas en movimiento para dejarlo atrás.

Piensa primeramente que en el pasado todos hemos ya experimentado desconcierto y dudas en distintas ocasiones, y nos costaba ver cómo se iban a resolver los inconvenientes. Pues bien, las realidades difíciles pasan y se encauzan de algún modo. Hoy, mirando hacia atrás, te puedes dar cuenta de que, para todo problema, hay una solución, aunque en el mero instante en que ocurrió el hecho, la resolución parecía tan lejana como lo parece ahora que te enfrentas a un nuevo desafío.

Podemos prepararnos para salir airosos de la situación que nos perturba. Sitúate aquí y ahora, en el presente, aunque esto no parezca una actitud sencilla: cualquier otra opción es un placebo momentáneo con resultados tanto inciertos como poco recomendables. Describe en detalle su situación actual, esto servirá para ubicarte con exactitud en el lugar en el que te encuentras en estos momentos y que te permitirá tomar decisiones en forma realista para lograr resultados tangibles.

Tal vez el panorama se vea oscuro. Ya se aclarará y se teñirá de colores a su debido tiempo. Piensa de manera bien específica qué quieres en tu futuro. Imagínalo en detalle con voces, texturas, colores, sonidos, tamaños, formas, olores y hasta sabores si aparecen. Es probable que la sola idea de esta imagen llegue a pintar una sonrisa en tu cara.

Piensa por un instante que ese futuro es tu presente, ¿cómo es? Descríbelo al más mínimo detalle. Siéntete dentro de esa realidad que imaginaste, y disfruta la sensación agradable de cómo se ve. Qué te dices. Quiénes te rodean. Qué cambios se han producido en ti y en tu entorno. Respira hondo y deléitate con la imagen de lo nuevo que está por producirse.

Desde esta posición bien relajada, piensa en la situación original de caos e incertidumbre que dio origen a estos cambios. ¿Cómo llegaste desde esa situación a este futuro más tranquilo y con nuevas posibilidades? ¿Cuáles fueron los pasos que te han llevado de una realidad a la otra? Toda respuesta que aparezca es completamente válida, ya sea una palabra, un nombre, una imagen, una sensación. Aunque parezca no encajar demasiado en estas circunstancias. Tu propia voluntad de mejorar tu realidad ya tendió el camino para llegar a una realidad más placentera.

Fuente: http://www.mejoraemocional.com