sábado, 26 de enero de 2013

Carta de una madre a su hija

Mi querida hija, el día que me veas vieja, te pido por favor que tengas paciencia, pero sobre todo trata de entenderme.

Si cuando hablamos, repito lo mismo mil veces, no me interrumpas para decirme “eso ya me lo contaste” solamente escúchame por favor.

Y recordar los tiempos en que eras niña y yo te leía la misma historia, noche tras noche hasta que te quedabas dormida. Cuando no me quiera bañar, no me regañes y por favor no trates de avergonzarme, solamente recuerda las veces que yo tuve que perseguirte con miles de excusas para que te bañaras cuando eras niña.

Cuando veas mi ignorancia ante la nueva tecnología, dame el tiempo necesario para aprender, y por favor no hagas esos ojos ni esas caras de desesperada.

Recuerda mi querida, que yo te enseñé a hacer muchas cosas como comer apropiadamente, vestirte y peinarte por ti misma y como confrontar y lidiar con la vida.

El día que notes que me estoy volviendo vieja, por favor, ten paciencia conmigo y sobre todo trata de entenderme.
Si ocasionalmente pierdo la memoria o el hilo de la conversación, dame el tiempo necesario para recordar y si no puedo, no te pongas nerviosa, impaciente o arrogante.
Solamente ten presente en tu corazón que lo más importante para mí es estar contigo y que me escuches.

Y cuando mis cansadas y viejas piernas, no me dejen caminar como antes, dame tu mano, de la misma manera que yo te las ofrecí cuando diste tus primero pasos.
Cuando estos días vengan, no te debes sentir triste o incompetente de verme así, sólo te pido que estés conmigo, que trates de entenderme y ayudarme mientras llego al final de mi vida con amor.

Y con gran cariño por el regalo de tiempo y vida, que tuvimos la dicha de compartir juntas, te lo agradeceré. Con una enorme sonrisa y con el inmenso amor que siempre te he tenido, sólo quiero decirte que te amo, mi querida hija.

Desconozco la autoría.


Si yo ahora fuera a morir...

Si yo ahora fuera a morir, me preguntaría si disfruté lo suficiente de las cosas buenas de la vida, o si me la pasé lamentándome por lo malo.

Si yo ahora fuese a morir, hubiese querido saber si disfruté sabiendo que mientras se disfruta no hay pasado ni futuro, sólo presente.

Si yo ahora fuese a morir, me diría a mí mism@ si fui afectuos@ con los demás o me dediqué a pensar en sus fallos y a rechazarlos o esquivarlos.

Si yo ahora fuese a morir, quisiera saber si me disculpé a mí mism@ de los errores cometidos o aprendí de ellos para saber más y ser mejor.

Si yo ahora fuese a morir, sería grato para mí saber si he sido capaz de hablar bien a los demás, con respeto y amor.

Si yo fuese a morir, me gustaría no haber hecho alarde de mí mism@ pero agradeciendo también los elogios.

Si yo fuese a morir, me hubiese gustado luchar contra las injusticias como algo más y no como una obsesión.

Si yo fuese a morir, me hubiese encantado ser crític@ con las cosas que no aceptaba pero nunca hipercrític@.

Si yo fuese a morir, hubiese querido aprender siempre, pero sin cansarme ni agotarme.
Si yo fuese a morir, quisiera no haber perdido mi tiempo en enfadarme, ofenderme, odiar o sentir rencor. La vida es muy corta y habría perdido un tiempo precioso.

Si yo fuese a morir, agradecería no haber peleado, ni discutido; si en una conversación no hubiese llegado a un acuerdo, la hubiera dejado, me hubiese encogido de hombros y hubiese continuado mi camino.

Si yo fuese a morir, me sentiría content@ si no me hubiese importado lo malo que hubieran dicho o pensado los demás, sobre todo si poco o nada me unía a ellos.
Si yo fuese a morir, quisiera que no me hubiese importado que alguien o muchos, no hubiesen estado de acuerdo conmigo, sino haberme sentido congratulado con mis opiniones.

Si yo fuese a morir, hubiera estado encantad@ de haber aceptado mis limitaciones y haber estado content@ con mis cualidades.
Si yo fuese a morir, me aplaudiría a mí mism@ si hubiera sido lo suficientemente independiente sin haberme olvidado nunca de haber ayudado a los demás.

Si yo fuese a morir, hubiese estado satisfecho de haber sabido estar en la vida, si hubiera aceptado lo que hay, sin olvidarme de emplear una parte de mi tiempo en luchar contra aquello que me hubiera resultado desagradable.
Si yo fuese a morir, hubiese estado encantad@ de no perder el tiempo pensando en las calamidades que hubiese contemplado en un momento dado, sin que ello me llevase a la inactividad.

Si yo fuese a morir, me hubiera agradecido a mí mism@ el no haber necesitado de la aprobación de los demás, pero sí haber sabido agradecerla.

Si fuese a morir y hubiera sido capaz de enfrentarme a mis miedos para superarlos, hubiera estado orgullos@.

Si yo fuese a morir, me maravillaría no haber sentido miedo ante la muerte, sino haber sentido curiosidad por saber como era ese nuevo viaje, aunque no existiese al final.

Si yo fuese a morir, me hubiese gustado amanecer con gozo cada mañana, con ganas de disfrutar el día y con la curiosidad de lo que me hubiese deparado.

Si yo fuese a morir, hubiera querido no medirme ni compararme con los demás, sino ser yo mism@, con mis propias cualidades y mis propias inquietudes.

Si yo fuese a morir, hubiera deseado en su momento haberme querido y valorado tal y como era, buscando dentro de mí mism@ y aportando algo a los demás.

Si fuese a morir, me hubiera sentido muy content@ si hubiera logrado no ser muy susceptible, para no haber sido muy débil.

Si yo fuera a morir, hubiese deseado no haberme aburrido, pero sí entretenido, incluso durmiendo o descansando y construyendo mis circunstancias.

Si yo fuese a morir, hubiera sido un premio para mí el haberme ocupado de mis problemas sin haberme desesperado ni paralizado. Si hubiese resbalado o caído hubiese querido ¡oh! hubiese querido levantarme, sacudirme el polvo, y continuar adelante.

Si yo fuese a morir, quisiera poder sentir encantad@ haber aceptado como cambiaba mi cuerpo viéndolo como una parte de le existencia.

Si yo fuese a morir, seguro que hubiese estado muy content@ si no hubiese obviado la información que hubiese llegado a mí, la hubiese procesado y me hubiese quedado con la adecuada.

Si yo fuese a morir, nadie sabría que lindo hubiera sido para mí haberme ocupado de los problemas pero nunca haberme preocupado.

Si yo fuese a morir, hubiese querido haber logrado disfrutar, no sólo algunos instantes de la vida, sino todos ellos.

Si yo fuese a morir, hubiese querido no haberme afectado a mi mism@ con las barreras que hubiesen aparecido; me hubiese gustado no rendirme; hubiese descansado si hubiera sido precis@, pero nunca haberme rendido.

Si yo fuese a morir, me hubiese sido muy grato haber pensado que no debía haber dejado de enamorarme por envejecer, sino que hubiese envejecido por no enamorarme.

Si yo fuese a morir, ¡uff!, si yo fuese a morir me hubiese encantado el no preocuparme de qué manera había llegado a un sitio, sino el hecho de haber llegado.
Si yo fuese a morir, me habría regocijado si supe decir “hasta siempre!, “hasta luego”, “gracias” o “que tengas un buen día”.

Si fuese a morir, como me hubiese gustado saber que he amado sin condiciones, sin ataduras pero con acuerdos, haber intentado no herir, haber sabido perdonar y haberte ido a ver cuando me necesitabas.

Si yo fuese a morir, hubiese estado muy content@ si hubiese luchado por lo que quería, si me hubiera arriesgado cuando fue preciso, si hubiera conseguido fortalecerme con ello, si hubiera aprendido de ello.

Pero por suerte, todavía no me voy a morir y estoy a tiempo de aprender a vivir. Y cuando muera quisiera que pusieran en mi lápida o en mi cajita de madera un pensamiento mío: “No ha estado nada mal”.


La autoría se atribuye a :
Mario Delgado Alonso.


Abre tus ojos a las oportunidades que te ofrece este instante.

No hay más ansiedades que aquellas que tú mism@ generas.
Y así como las has creado, de la misma manera las puedes dejar ir.
Lo que pasó, pasó. Lo que vendrá, vendrá.
Puedes marcar una diferencia.
Puedes poner ¡manos a la obra!.
No estando cargadas de ansiedad, tus acciones serán infinitamente más efectivas.
Tu conciencia será notoriamente más rica y mucho más clara si no está nublada por la preocupación.
Abre tus ojos a las oportunidades que ofrece este instante.
Dedica tu considerable energía en aprovechar las mejores de esas oportunidades.
Libera tu mente, tu cuerpo y tu espíritu enfocándote en ser productiv@, efectiv@ y a estar llen@ de vida.
Deja de lado esas oscuras ansiedades y vive en plenitud.

Desconozco a su autor

Crecer

¿Qué pasaría si al germinar la semilla el pequeño brote tuviera miedo al ver la luz del sol y se escondiera bajo la tierra? Es probable que nunca desarrolle su tallo ni pueda florecer…

Pero la naturaleza es osada, corre riesgos y el pequeño brote se aventura en la nueva experiencia de vivir bajo los rayos del sol recibiendo la brisa, la lluvia, el viento, el sol, a veces abrasante, y la constante visita de minúsculos insectos.

Desgraciadamente no podemos decir lo mismo del ser humano… Somos naturaleza pero lo olvidamos en algún momento porque la osadía no aparece por ningún lado y jugamos a tener todo bajo control porque no nos gustan las sorpresas…
Podemos predecir que un niño se transformará en adulto pero... ¿cómo lo hará?, ¿cómo serán esos instantes que lo llevan a la adultez?... es lo que hace interesante su crecimiento… Lo mismo sucede con la semilla…

Sabemos que será una ¿el tiempo que nos acompañará?... no podemos predecir los detalles de la vida de cada uno. Y eso es, lo más maravilloso que tiene la vida: Que nos sorprende a cada momento.
Crecer es atreverse… Osar… Lanzarse en esta aventura llamada vida… Gozar de ese ir abriendo una puerta nueva cada día… Vivir esperando la sorpresa. El gran regalo que nos ofrece la vida es la capacidad de sorprendernos día a día y nosotros rechazamos el obsequio por planificar todos los acontecimientos y convertirnos en controladores del tiempo.

Creemos ser felices poniendo orden a los sucesos de cada día y es así como impedimos el fluir de forma natural. Todo se programa, desde el nacimiento hasta la muerte… y en ese intertanto ¿Qué hubo? No se podría decir que vida porque la vida es algo que fluye como las aguas de un río y nosotros vivimos como las aguas de un pantano y así nos vamos descomponiendo… Perdemos el lazo que nos unía a la divinidad.

Crecer es arriesgar, dejar morir la semilla para que nazca el brote y dejar morir el brote para dar paso a la planta y así al fruto para volver a ser semilla… Eso es crecer.

Alza tus brazos como ramas hasta el cielo y déjate acariciar por el Sol… Empápate de lluvia y disfruta comiendo un helado… Permítete una desilusión por confiar en los otr@s… Date permiso para olvidar a ese amor que no te quiso bien, pero... ¡atrévete a amar!… No seas una semilla oculta bajo la tierra porque no se atreve a salir a la luz… Solo CRECE…
Desconozco a su autor

Llegó la hora de cambiar por Merlina Meiler

Hay algo que te está molestando desde hace tiempo. Que te gustaría dejar atrás para encarar tu vida de otro modo, con más libertad y optimismo. Tal vez sea algo que tiene nombre, y te repites una y otra vez: “Ay, si pudiera ya no ser tan… (inseguro, posesivo, tonto, negativo, crédulo…)

Incluso puede tratarse de una sensación desagradable o de algo que no tiene un nombre definido por ti. No importa. Tú ya sabes de qué se trata. Y si quieres, desde hoy, puedes decidir empezar a transitar el camino para que quede en el pasado y acceder a una realidad más fructífera y feliz. ¿Me acompañas?

Primero, es esencial que estés seguro de querer deshacerte de “eso” (ponle el nombre que quieras). ¿Estás totalmente dispuesto a que “eso” sea parte de tu pasado? Piensa que te acompañó hasta ahora de algún modo, y estuvo evitando que pasen cosas nuevas y deseadas en tu vida. Si no estás convencido, lee lo que sigue cuando hayas tomado la firme determinación de cambiar.

Si tu respuesta es positiva y ya es hora de dejar atrás esta zona de confort para lograr una mejora emocional, te propongo que, desde este momento, comiences a despedirte internamente de “eso” que estuvo contigo tanto tiempo, sin permitirte alcanzar tus objetivos y, por ende, tu plenitud personal.

Siente el duelo interno de comenzar a alejarte de “eso”, ¡es una despedida! Además, es un buen momento para que pienses en una fecha en la que le dirás el adiós definitivo a “eso” (por ejemplo, el jueves de la semana que viene).

En este período de tiempo, mientras vas alejándote de lo que ya no quieres, comienza a darle la bienvenida a tu vida a lo contrario (por ejemplo, si te despides de “dolor por pérdida”, ve sintiendo dentro tuyo cómo llega “paz por un nuevo futuro”, si el adiós es a “inseguridad”, percibe cómo va ganando espacio en ti “mayor seguridad”).

Piensa en esto a diario, hasta la fecha de despedida que elegiste. Si estás cien por ciento convencido de que ha llegado la hora del cambio, este ejercicio funcionará espectacularmente bien. ¡Espero que compartas conmigo tu experiencia!

Fuente: http://www.mejoraemocional.com