martes, 22 de enero de 2013

¿Tiene Corazón tu Camino?

Don Juan, un viejo Chamán Yaqui del estado de Sonora le cuenta a Carlos Castaneda en una de sus entrevistas (Castaneda, Las Enseñanzas de Don Juan, 2007) Cuantas veces actuamos sin pensar, vamos a donde nos lleva la corriente, hacia donde va la mayoría y no nos preguntamos qué queremos, si nuestras elecciones hacen a nuestra felicidad. Estamos agarrados al pasado, quejándonos por lo que nos pasó, vivimos pensando que mañana será siempre mejor y nos vamos olvidando del ahora, del presente; ese momento único, ese recorrer del camino que nos permite vivir y disfrutar cada segundo.

“… Cualquier cosa es un camino entre cantidades de caminos. Por eso debes tener siempre presente que un camino es sólo un camino; si sientes que no deberías seguirlo, no debes seguir en él bajo ninguna condición. Para tener esa claridad debes llevar una vida disciplinada. Sólo entonces sabrás que un camino es nada más que un camino, y no hay afrenta, ni para ti ni para otros, en dejarlo si eso es lo que tu corazón te dice. Pero tu decisión de seguir en el camino o de dejarlo debe estar libre de miedo y de ambición. Te prevengo. Mira cada camino de cerca y con intención. Pruébalo tantas veces como consideres necesario. Luego hazte a ti mismo, y a ti solo, una pregunta. Es una pregunta que sólo se hace un hombre muy viejo. Mi benefactor me habló de ella una vez cuando yo era joven, y mi sangre era demasiado vigorosa para que yo la entendiera. Ahora sí la entiendo. Te diré cuál es: ¿Tiene corazón este camino? Todos los caminos son lo mismo: no llevan a ninguna parte. Ahora tiene sentido la pregunta de mi benefactor. ¿Tiene corazón este camino? Si tiene, el camino es bueno; si no, de nada sirve. Ningún camino lleva a ninguna parte, pero uno tiene corazón y el otro no. Uno hace gozoso el viaje; mientras lo sigas eres uno con él. El otro te hará maldecir tu vida. Uno te hace fuerte, el otro te debilita. …”

Recordemos esos instantes en los que logramos olvidarnos del tiempo, esos instantes que vivimos intensamente, en los cuales nos sentimos plenos y felices. Hagamos que nuestro camino este formado por muchos de éstos momentos. Y si en alguna oportunidad dudamos y nos preguntamos si nuestras elecciones son acertadas, si nos preguntamos si estaremos equivocados y no nos encontramos seguros de las decisiones que deberíamos tomar, sólo hay una pregunta que contestarnos ¿Tiene corazón este camino?.

Por Mariela Oppici


El Cielo en la Tierra

Don Miguel Ruiz ha dedicado su vida a compartir la sabiduría Tolteca traduciéndola en conceptos prácticos que promueven la transformación a través de la verdad y el sentido común. En uno de sus libros nos dice:

“Quiero que olvides todo lo que has ap
rendido hasta ahora. Este es el principio de un nuevo entendimiento, de un nuevo sueño.
El sueño que vives lo has creado tú. Es tu percepción de la realidad que puedes cambiar en cualquier momento. Tienes el poder de crear el infierno y de crear el cielo. ¿Por qué no soñar con un sueño distinto? ¿Por qué no utilizar tu mente, tu imaginación y tus emociones para soñar el cielo?
Sólo con utilizar tu imaginación podrás comprobar que suceden cosas increíbles. Imagínate que tienes la capacidad de ver el mundo con otros ojos siempre que quieras. Cada vez que abres los ojos, ves el mundo que te rodea de una manera diferente.
Ahora cierra los ojos, y después, ábrelos y mira.
Lo que verás es amor que emana de los árboles, del cielo, de la luz. Percibirás el amor que emana de todas las cosas, incluso de ti mismo y de otros seres humanos. Aún cuando estén tristes o enfadados, verás que por detrás de sus sentimientos, también envían amor.
Quiero que utilices tu imaginación y la percepción de tus nuevos ojos para verte a ti mismo viviendo un nuevo sueño, una vida en la que no sea necesario que justifiques tu existencia y en la que seas libre para ser quien realmente eres.
Imagínate que tienes permiso para ser feliz y para disfrutar de verdad de tu vida. Imagínate que vives libre de conflictos contigo mismo y con los demás.
Imagínate que no tienes miedo de expresar tus sueños. Sabes qué quieres, cuándo lo quieres y qué no quieres. Tienes la libertad para cambiar tu vida y hacer que sea como tú quieras. No temes pedir lo que necesitas, decir que sí o que no a lo que sea o a quien sea.
Imagínate que vives sin miedo a ser juzgado por los demás. Ya no te dejas llevar por lo que otras personas puedan pensar de ti. Ya no eres responsable de la opinión de nadie. No sientes la necesidad de controlar a nadie y nadie te controla a ti.
Imagínate que vives sin juzgar a los demás, que los perdonas con facilidad y te desprendes de todos los juicios que sueles hacer. No sientes la necesidad de tener razón ni de decirle a nadie que está equivocado. Te respetas a ti mismo y a los demás, y a cambio, ellos te respetan a ti.
Imagínate que vives sin el miedo de amar y no ser correspondido. Ya no temes que te rechacen y no sientes la necesidad de que te acepten. Puedes decir “Te quiero”, sin sentir vergüenza y sin justificarte. Puedes andar por el mundo con el corazón completamente abierto y sin el temor de que te puedan herir.
Imagínate que vives sin miedo a arriesgarte y a explorar la vida. No temes perder nada. No tienes miedo de estar vivo en el mundo y tampoco de morir.
Imagínate que te amas a ti mismo tal como eres. Que amas tu cuerpo y tus emociones tal como son. Sabes que eres perfecto tal como eres.
La razón por las que te pido estas cosas es porque ¡son todas totalmente posibles!" (Los Cuatro Acuerdos, Dr. Miguel Ruiz, 1998)

Nuestra vida entera está impregnada de juicios e interpretaciones. Continuamente estamos tratando de darle significado a lo que sucede. Y si hay algo que no logramos entender, llenamos ese vacío con nuestras explicaciones; Las cuales están atravesadas por nuestros juicios, nuestras creencias, nuestra historia de vida. Reflexionemos sobre ¿qué historia nos estamos contando? Cómo queremos que sea nuestra vida? ¿Cuál es nuestro ideal de vivir en plenitud? ¿Estamos generando realidades que nos abren posibilidades, o me quedo atrapado en el pasado con mis juicios y miedos? ¿Acepto lo que me sucede y trato de hacer algo para seguir adelante, o me quedo con el resentimiento?

Cada uno de nosotros somos lo que creemos que somos, ¿qué pasa si cambio lo que me digo, e imagino que soy lo que realmente quiero ser? Cada uno de nosotros estamos eligiendo, a veces es más fácil quedarnos con la queja y el sufrimiento porque es lo que conocemos. Quizás, podamos encontrar muchas excusas para sufrir, pero no hay ninguna razón por la cual tengamos que hacerlo. Lo mismo sucede con la alegría, con la felicidad, somos nosotros quienes estamos eligiendo y diseñando nuestra vida, nuestro devenir. Tal vez no podamos escapar del destino, de aquellos hechos que no se pueden cambiar, pero sí podemos elegir sufrir nuestro destino o aceptarlo y vivir en paz y felicidad. Como diría Don Miguel Ruiz, podemos elegir vivir en el infierno o en el cielo. Y al igual que él, yo elijo vivir en el cielo. ¿Cuál es tu elección?

Por Mariela Oppici


Superación

La verdad es que la cosa va bastante mejor de lo que yo creía que iba a ir. Pensé que me hundiría mucho – me hundí, sí, pero me estoy levantando -. Estuve en un mundo de miedos, dudas, oscuridad, tinieblas… y poco a poco voy saliendo de ahí, poco a poco voy viendo la luz, ¿con o sin ayuda? Un poco de todo ¿no?

Aunque yo confiaba en algunas personas, que me han vuelto a decepcionar, por suerte he encontrado a otras que me están ayudando. A fin de cuentas la vida es así, realmente no puedes confiar en quien crees. Las decepciones existen. Lo mismo que también existen las alegrías.

Cuando estás realmente herida, y aquellas personas en quien depositaste toda tu confianza, sólo te ayudan a hundirte aún más, te pisan el cuello y encima te dan un pico y una pala para seguir excavando y así llegar más hondo, en esas profundidades aparecen personas que lo único que hacen es echarte una cuerda, para que puedas escalar y salir del agujero, cuando estás arriba te dan la mano y te llevan en busca de la luz. A todo esto hay que sumarle tu voluntad, evidentemente si no quieres y no pones de tu parte nunca conseguirás salir, por muchas cuerdas que te echen.

“Sabes mi nombre, pero no mi historia. Has oído lo que he hecho, pero no lo que he pasado. Sabes dónde estoy, pero no de dónde vengo. Me ves riendo, pero no sabes lo que he sufrido. Deja de juzgarme. Saber mi nombre no implica conocerme.”

Por suerte hoy tengo otros problemas. Sí, los de siempre están ahí, pero menos intensos. O eso o que ya no me preocupan tanto, tal vez porque he aprendido a darle a los problemas la importancia que merecen. He aprendido a no hundirme y venirme abajo por cosas inútiles. Estoy aprendiendo a hacerme fuerte, y lo que quiero es que ese sentimiento de fortaleza me dure. Tengo mis miedos, sí, pero también es verdad que tengo fuerzas.

Una de las primeras cosas que hicieron para ayudarme fue recomendarme un libro. “la ley de la atracción”, la verdad es que lo recomiendo. Me está ayudando bastante. Ahora pienso que tengo lo que quiero. No diré mucho sobre este bendito libro porque prefiero que aquellas personas que aún no lo han leído se animen a hacerlo. Solamente puedo decir que me ha cambiado la forma de pensar y en consecuencia, la vida.

Hoy en día puedo decir que, en su momento publiqué un artículo que titulé como “Todo se olvida” – en aquellos momentos estaba sumergida en mi mundo de tinieblas – logré sacar la cabeza y ver la bonita luz que hay fuera.

Poco a poco voy saliendo de ese agujero y esa depresión en que estaba inmersa. Voy viendo las cosas como son, abriendo los ojos ante todas aquellas cosas que anteriormente tenía cerrados. Y ante todo lo que nunca antes pensé que existía, la felicidad.

Tengo fuerza de voluntad y muchas ganas para poder seguir adelante con mi vida. Pese a que a veces tengo que enfrentarme a algunas adversidades, pero me gusta verles el lado positivo. Me gusta pensar que si algo malo sucede es porque después viene algo muy bueno.

Ahora, dentro de muy poco, viene una época un poco dura para mi, tengo que enfrentarme al proceso del divorcio, vendrán juicios y algunos malos ratos. Pero lo que también vendrá será después una gran recompensa: por fin estaré libre de ese hombre que tanto daño me hizo y seré completamente libre de él. Después pasará lo que yo quiera que pase.

He aprendido a no darle importancia ninguna a lo que él diga o haga. Me he quitado ese miedo que le tenía. Ese miedo a sus críticas. Ahora pienso YO con MIcabeza y con mis opiniones. Y si hay alguien a quien no le agraden… lo siento, pero no por eso voy a cambiar mi idea.

Es cierto que aún me queda un largo camino por recorrer y mucho que aprender, pero lo que también es cierto es que estoy en el camino correcto y que la luz ya la vi. Estoy estoy viviendo el presente y lo seguiré viviendo. Con o sin ayuda de las mejores personas del mundo, que son quienes ahora tengo cerca, lo seguiré haciendo, porque me están enseñando a vivir y ser una persona dependiente solamente de mí.

A todas esas personas que hoy están cerca de mi, lo único que puedo decirles es un GRACIAS enorme. Ya que gracias a todas ellas voy superando mi ruptura y recuperando mi autoestima.


“Aprendamos a valorar lo que tenemos. Hagamos sentir a alguien especial. Disfrutemos cada día, cada risa, cada mirada porque cada día es único ” Ley de la atracción.

Vanessa Arjona


Hablando mal de los demás

Mucha gente acostumbran a hablar mal de los demás, pero no precisamente para hacer un bien ni aportar nada bueno, al contrario, por envidia, rivalidad, rabia e incluso con malas intenciones.

Igualmente tenemos otro tipo de personas: aquellas que les gusta escuchar, este tipo de personas suelen ser manipulables y débiles y su única intención es sentirse valoradas al aceptar ser confidentes. Suelen ser personas que tienen idea de sus capacidades y por ello son muy inseguras.

De alguna manera todos sabemos bien de este tema que les cuento, porque en algún momento de nuestra vida hemos estado en uno u otro lado, o en los dos. Pero conforme vamos creciendo – o madurando – vamos tomando consciencia de lo que es la vida y nos damos cuenta de que ese tipo de actos es totalmente inútil. Nos damos cuenta de que todo lo negativo que nosotros “lanzamos” sobre los demás siempre se nos devuelve (igual que un boomerang), con la misma fuerza que lo lanzamos, pero devuelto en forma de conflictos y problemas.

Es muy fácil ver en los demás todos y cada uno de los defectos que no vemos ni aceptamos en nosotros, pero debemos tomar conciencia de que en el momento en que hablamos mal de los demás, no sólo les estamos hiriendo a ellos, también lo hacemos con nosotros.

Cuando se habla mal de alguien se hiere a tres personas: a quien se critica, a quien escucha y a quien habla. Lo mejor es permanecer en silencio, no escuchar y no poner atención.

Al igual que somos responsables de lo que decimos, también lo somos de lo que escuchamos, la persona que escucha también asume la misma negatividad y consecuencias.

Casualmente a mis manos ha llegado la historia “del triple filtro”, y como tiene que ver con el tema, te la contaré: “Sócrates fue un filósofo muy conocido. Un día se encontró con alguien que le dijo:
  • ¿Sabes lo que escuché a cerca de tu amigo?
  • Espera un momento – dijo Sócrates – antes de decirme algo más me gustaría que pasaras un pequeño examen. Se llama el examen del triple filtro.
  • ¿Triple filtro?
  • Correcto, antes de hablar de mi amigo sería muy buena idea pararnos un momento para filtrar lo que me vas a decir.
  • El primer filtro es la Verdad. ¿Estás completamente seguro de que lo que me vas a decir es totalmente cierto?
  • No – dijo la persona – realmente escuché sobre eso y…
  • Muy bien, ¡luego no sabes si es o no verdad! Ahora aplicaré el segundo filtro, es laBondad. ¿Es algo bueno lo que me vas a decir?
  • No, al contrario…
  • Entonces, lo que quieres es decirme algo malo sobre él, pero no te consta que sea cierto. Puedes pasar el examen porque queda un filtro, el filtro de la Utilidad. ¿ Será útil para mí lo que me quieres decir a cerca de mi amigo?
  • No, realmente no
  • Bien, entonces si lo que quieres decirme no es cierto, ni bueno, ni útil. ¿para qué decírmelo? Simplemente olvídalo.
Utiliza este filtro cada vez que escuches comentarios a cerca de alguien.

“Cuando le echamos tierra a los demás, 
lo único que hacemos es ensuciarnos las manos”.

Vanessa Arjona

Siempre Estarás

Estas palabras me las dijo, hace un tiempo, alguien muy especial para mí, y quisiera compartirlas con ustedes, ya que siempre me acompañan y las recuerdo en aquellos momentos de la vida que suelen ser más difíciles de transitar.

“No te olvides del amor, no te olvides del alma, no te olvides de tu ser. Recuerda para qué existimos, para qué vinimos. Abre tu corazón y déjalo sentir, guíate por el amor, despierta…

Cuando abras los ojos, verás el universo, verás la belleza, verás la grandeza, la inmensidad. Y empezarás a entender el infinito, empezarás a comprender la eternidad de la vida. Y así los miedos se irán, porque verás que nada se termina, que lo importante nunca muere, que el amor y el alma siempre están con nosotros. Entenderás que cada vida es un reencuentro, y cada reencuentro es un aprendizaje, es ir de la mano amando cada vez más y más. Es entender que aunque no me puedas ver, siempre estamos juntos, siempre nos ayudamos y acompañamos.

Por eso, cuando estés inmersa en este mundo y no puedas salir, sientas soledad, sientas vacío, sientas tristeza, te sientas perdida. Llámame con tu pensamiento, búscame en el infinito y yo vendré. A tu lado siempre estaré, en tus sueños hablaré y mi amor te daré. Iluminaré tu camino con la luz del cielo, mis brazos siempre te sostendrán y mis besos tendrás. No importa el momento, no importa el lugar, siempre me tendrás. Mi corazón es tuyo, mi alma y amor te doy, para que juntos podamos crecer.

No te olvides de lo importante, no te olvides que te amo, no te olvides que siempre estaré, por toda la eternidad.”

Por Mariela Oppici



Soledad, ¿elección o castigo? por Merlina Meiler

En ciertos momentos de la vida, nos encontramos en soledad, por no tener pareja. Quiero diferenciar entre quienes deciden voluntariamente este tipo de vida por alguna razón en especial, o quienes se ven forzados a estar solos debido a que se terminó una relación (porque los dejaron, o porque decidieron terminar con un vínculo que ya no los hacía felices).

En el siglo XXI, estar solo o sola puede ser, en muchos casos, una elección. Si terminamos una pareja y todavía nos duele esa separación en el alma, tal vez no sea el mejor momento para iniciar algo nuevo, ya que, de algún modo, trasladaríamos los resentimientos y las amarguras hacia el vínculo que se inicia. Es mejor darnos un tiempo para sanar internamente, y luego estar realmente abiertos a conocer a un par, para darle a esta nueva posibilidad de ser felices todo lo que se merece. Hay mujeres y hombres que directamente, en cierto momento de su vida, prefieren estar solas, y abocarse a sus estudios, a su profesión o a sus hijos. Por suerte, como dije antes, estamos en el siglo XXI y este tipo de elecciones ya no están mal vistas.

Por el contrario, algunas (muchas) veces nos encontramos en soledad porque nos han dejado y estamos heridos. Quizá nunca hemos logrado establecer un vínculo estable, no llegó la persona indicada, o no fuimos correspondidos. O cortamos una relación, y aún nos entristece. En estos casos, incluso puede sentirse como un castigo no compartir nuestra vida con otra persona. Para mí, es el momento ideal de sembrar las bases para una futura pareja promisoria.

Sinceramente, creo que los momentos de soledad pueden sernos realmente útiles, y en vez de lamentarnos o estancarnos en el pasado, podemos proyectar, desde nuestro presente, un futuro mucho más agradable. Si estamos solos y nos pesa, pensemos en capitalizar esta situación, determinando qué actitudes del pasado ya no aceptaremos. Qué es realmente importante para nosotros en una pareja, qué puede carecer y qué, decididamente, no toleraremos.

Es un buen momento para profundizar las relaciones que ya tenemos (familiares, amistades) y así dar buen uso al tiempo libre que tengamos.

Valoremos a la gente que nos rodea, los momentos compartidos, la posibilidad de decidir todo lo que queramos y de hacer con nuestro tiempo lo que nos plazca. Un día, un buen día, todo cambiará.

Fuente: http://www.mejoraemocional.com