sábado, 19 de enero de 2013

Todo se olvida

He estado leyendo y escribiendo sobre maltrato psicológico, y a consecuencia de ello me he animado a escribir sobre mi penosa experiencia.

He aquí un breve resumen de mi historia:

Hace apenas unos meses me atreví a salir de una larga y tormentosa relación con un hombre que me maltrató psicológica y moralmente como nunca pudiera haber imaginado. No sólo me maltrató moralmente si no también económicamente… he sido objeto de maltrato psicológico de libro.

Antes de conocerlo yo era una persona alegre, dinámica, feliz, me solían decir que tenía una sonrisa hermosa. Claro que también tenía defectos, como impulsividades que me cuesta contener. Pero en un año de noviazgo que tuve con él, cambié mucho: todas mis virtudes desaparecieron y me volví una persona amarga, llorona y triste. No me reconocía. Poco a poco fui perdiendo mi vitalidad, mi ilusión por la vida. Me descuidé físicamente, me sentía inútil, fea y mala persona.

Mi madre, la pobre, la primera vez que lo vio, le cayó mal y no le gustó.

He llegado a mendigar amor, me olvidé de quien era, de lo que valía. Me olvidé de todo y hasta llegué a pensar que mi vida no existía.

Recibí insultos como: “estás enferma”, “nadie te quiere”, “vas a volver llorando”, “yo siempre estuve ahí para ayudarte”, “no me valoras”, “si quieres que las cosas estén bien, haz lo que te digo”, “yo no gritaría si no fuera porque me sacas de quicio”. Me amenazaba con dejarme y abandonarme.

Una parte de mí reaccionaba frente a esto porque se daba cuenta de la enfermedad, pero la otra lo aceptaba.

Nunca pude dejarlo, porque cuando intentaba hacerlo me hacía regalos y me decía que era la mujer de su vida.

Todos tenemos defectos y todos nos equivocamos, pero terminé cargando no sólo con mis responsabilidades, sino también con las suyas.

Cuando había otras personas era dulce y cariñoso, pero cuando estábamos solos se volvía distante. Me confundía, porque constantemente se alejaba y acercaba. Me trataba muy mal y me acusaba de su comportamiento. Era muy duro con su forma de enfadarse y me decía que era yo. Esto me consumía.

Sabía que estaba haciendo algo mal, pero no sabía qué. Yo todos los días luchaba para que mi relación fuera bien pero nunca era suficiente para él, siempre había algo mal. Cuando estaba tranquilo todo era maravilloso, pero yo nunca sabía definir qué le sentaría bien y qué mal, cualquier momento era el adecuado para que estallara su genio. Además yo no actuaba con absoluta libertad, siempre pensaba en lo que le parecería a él.

Llegó el momento en que ya no le servía, ya me lo había sacado todo, ¿ qué más podía ofrecerle ya? Me echaba de casa, me decía que me fuera, es lo que él deseaba realmente.

A consecuencia de todo esto tengo muy baja la autoestima.

Me gustaría darles un consejo:

Para quienes estéis pasando por esto igual que yo lo pasé, que cortéis todo el lazo con esa persona. No va a cambiar. No le dejes llegar hasta ti. Contacto 0.

NO ESTÁS SOLA. Aunque parezca que el mundo se acaba, es todo lo contrario. ¡¡empieza a brillar!!

Cuando estés triste, cuando te avergüences de lo que estás pasando, no pienses nunca “¿por qué me pasa esto?” Porque eso te va a llevar al pasado (por qué no hice esto, podría haber hecho aquello, etc). Piensa “ ¿para qué me pasa esto?” Porque te va a llevar al futuro ( para fortalecerme, para aprender, para crecer…) a mí eso me sirvió mucho.

Yo también necesito ser esa persona que un día fui. Sé que todo pasa y todo quedará incluso mejor que antes de haberlo conocido.

Vanessa Arjona


Indicadores de maltrato psicológico en la pareja

Es fundamental reconocer e identificar entre la violencia psicológica y la violencia doméstica. En la violencia psicológica se debate la violencia privada o callada, que está dentro del acoso moral o psicológico de tres tipos, en lo que la clasificaremos: el dominio, la violencia indirecta y la separación.


Dominio: que empieza cuando comienza a faltar el afecto. Una persona egocéntrica implanta su dominio como forma de retener a la otra persona, a la vez que tiene miedo de que la otra persona se acerque tanto que llegue a invadir su terreno. En este caso a la mujer le atormenta la duda y se culpa, además de no ser capaz de reaccionar. Entonces el egocéntrico disfruta con confundir a su pareja , paralizarla y teniéndola con una gran inseguridad. A través de esta técnica mantiene a su pareja lo suficientemente lejos, en lugar seguro.

En esta etapa se puede, perfectamente matar a una persona, a consecuencia del maltrato psicológico. La mujer comienza a tomar medicamentos tranquilizantes y depresivos, incluso llega a dejar de comer, dándole a entender a su pareja que, efectivamente no es nadie. Incluso aunque se tenga una buena imagen de uno mismo, llega a no ser consciente de lo que vale.

En el momento en que el abuso es doméstico y la angustia particular es cuando en lo único que se piensa es en la muerte. Es el único objetivo que se tiene. Aquí es cuando se ha conseguido un asesinato psicológico en toda regla: bien pensado y premeditado. El sujeto siente un gran placer al saber que la mujer no es nadie. En estos casos nadie puede incriminar al asesino ya que no hay cadáver, ni rastro de sangre. La muerta está viva y todo está normal.

Violencia indirecta: también conocida como perversa. Suele aparecer en los momentos de crisis, y se ocasiona cuando un sujeto con defensas perversas no sabe asumir la responsabilidad de una difícil elección. Es mostrada a través de faltas de respeto. Al no ser responsable de asumir sus fracasos éste descarga su ira en su pareja. Normalmente suele darse en personas que tienen un fuerte ideal de pareja, manteniendo una relación normal aparentemente hasta que llega el día en que ha de elegir entre su actual pareja y una nueva. Cuanto más fuerte es su ideal de pareja más perversa será su comportamiento. No es capaz de asumir esa responsabilidad y culpa a su pareja de la ruptura, incluso la culpa de desamor y falta de afecto.

Esto produce a la pareja una gran angustia y malestar, ya que es quien debe asumir y manejar toda la manipulación. Cuando esto ocurre la mujer siente rabia, vergüenza por haber consentido el cruel trato y las humillaciones por parte de su pareja. Ese odio acumulado aparece y se ve perfectamente, entonces se transforma en algo muy parecido al delirio de acosamiento. Así que se invierten los papeles dando lugar a que el agresor es agredido. Para que esto sea creíble el agresor busca la forma en que la víctima se comporte de manera en que su visión sea creíble.

Dicho de otra manera lo podríamos decir más o menos así: el hombre no es capaz de asumir la responsabilidad de sus actos. No hay sitio ni lugar para el diálogo o la lógica. La mujer en este caso no importa en absoluto, ya que siempre será objeto de rabia por haber desafiado la imagen que su pareja tenía de ella. Entonces él necesitará establecer otra relación que sea basada en la ira de su pareja anterior. En este caso la mujer necesita fortificar su imagen, no puede temerle a su agresor, tendrá que luchar con sus demonios y salir del chantaje de su pareja. Hay que destacar que en estas relaciones se suele caer en el error de creer que el hecho de estar enamorada basta para hacerla feliz y mejor. La deducción de esto es que en los crueles el amor y el odio deben estar separados, pero a la vez es vital; necesitan estar rodeados de ese sentimiento dañino para tener fuerza.

La separación: sucede durante el trance de ruptura o divorcio. Se trata de técnicas defensivas que a priori no pueden considerarse enfermizos. La repetición del procedimiento es que ocasiona una sensación destructora.

Cuando da lugar la separación se acentúa la maldad, la violencia oculta hasta entonces se destapa porque el egocéntrico ve cómo su víctima se le escapa. Muchos comportamientos vengativos en las separaciones o divorcios podrían traducirse más o menos así: “ para no odiarme a mi mismo vuelco mi odio en la otra persona, porque un tiempo fue parte de mí”.

Eso se llama acoso. Sucede con amantes o parejas que no quieren “soltar” a su pareja. Lo manifiestan con llamadas telefónicas prometiendo cambios que jamás cumplirán. Cuanto mayor es el impulso de dominio, más crece el rencor y la rabia.

Normalmente las víctimas se defienden mal, sobre todo cuando creen que adoptando un comportamiento generoso piensan que escaparán de su agresor. El egocéntrico lo que hace es destruirla, haciéndola dudar de ella misma y de todos los demás. Todo vale: insinuaciones, mentiras, absurdos…

A la víctima no debe afectarle en absoluto todo esto, no debe tener ninguna duda de si misma ni de las decisiones que haya podido tomar. Sería un gran acierto aceptar que el agresor se negara a tener relación directa, así podría demostrar completamente la total incapacidad de su víctima.

Las personas que actúan de este modo, de forma violenta, no hacen otra cosa que repetir lo que vieron en su familia, en su infancia. Nadie puede obtener completamente el papel de controlador o maltratador por sí mismo.

Nadie puede cargar con la desgracia ajena y hacerla propia. Recuerda algo: Tú no naciste para destruirte, si no para construir y aprender de errores y de lecciones que son parte de la vida.

“Si te enojas cuando se enoja, satisfaces a ese constructor de infiernos. Deja que tu calma ahuyente a ese vampiro emocional” – Alejandro Jodorowsky

Vanessa Arjona

El intelecto femenino

No existe fuerza exterior que impida a las mujeres expresar sus cualidades innatas como el amor, la paciencia., su poder de creación, de dar vida, es su fuerza más grande. Y gracias a esto cabe la posibilidad de que las mujeres realicen un cambio tan intenso en la sociedad que jamás hayan conseguido los hombres.

Las mujeres deben recuperar su fuerza y su coraje. Las limitaciones a las que creen estar sometidas no son reales. Cuando llegue el momento de desarrollar la manera de enfrentarse a esas limitaciones nada podrá frenar tan desmesurado progreso.

El amor, la compasión y la paciencia son facultades de las mujeres y son capaces de menguar las inclinaciones agresivas de los hombres .Aunque también necesitan de condiciones masculinas para no quedar paradas por su bondad y pureza .Las mujeres forman más de la mitad de la población mundial, cuando se les niega el derecho de ejercer un cargo que podrían desempeñar, algo que es suyo y les pertenece es cuando la sociedad pierde lo que las mujeres podrían aportar. En realidad todos los hombres son parte de una mujer, pues primero están en el vientre de su madre, la cual es mujer.

En este mundo hay dos idiomas universales: el del corazón y el intelectual. El intelecto se basa en agresividad y el corazón en compasión, que va profundamente ligado al principio femenino. Desgraciadamente el idioma que predomina es el intelecto.

La mujer nace con unas cualidades que no se pueden comparar a las de los hombres. Son la base principal del amor materno. Indistintamente del lugar en que trabaje no debería olvidarse de lo que la Naturaleza le ha otorgado, debería hacer siempre todo lo que haga sin olvidarse de que es mujer, y como tal conlleva unas cualidades. Por ejemplo ser madre: una mujer puede realizar otras tareas y no se olvida nunca de sus hijos. Al contrario que le pasa al hombre: no puede realizar dos cosas a la vez, si hace una se olvida de la otra. Por eso muchas vidas se ven afectadas, porque la mayoría de los hombres no saben separar trabajo de familia y esto les termina afectando de alguna manera. Sin embargo para las mujeres es diferente, esto no les afecta en lo más mínimo. Ella puede ser madre, esposa, amiga… Tiene unas facultades que le permiten “partirse” y no afectarles en absoluto siendo la consejera de la familia. También suele tener éxito en el trabajo.

Es la creadora de la raza humana. Lleva las riendas de la familia. No se puede menospreciar la influencia que tiene con los hijos y la inspiración que es para ellos. Cuando os encontréis con personas que tengan mucha fuerza, que sean felices, generosos, comprensivos… pensad que detrás hay una madre que les ha inspirado a ser lo que son. El papel de la madre es fundamental en la vida de un hijo, comprende el corazón de su hijo e intenta alimentarlo con lo mejor que puede.

La mujer piensa qué puede ofrecer a la sociedad en lugar de qué tomar de ella, sólo así puede progresar. Así que en lugar de estar todo el día en casa debería salir y pensar qué puede ofrecer.

Si las mismas mujeres se desviasen del principio femenino sería el fracaso absoluto de la humanidad. El mundo necesita que las mujeres aporten a la sociedad todo lo que puedan. Cuanto más se reconozca la mujer su papel de madre universal, más lejos llegará la sociedad. Entonces el mundo las escuchará con más fuerza.

La mujer actual tiene una obsesión por ser igual que el hombre, y no se por que, si el hombre es un pobre diablo desorientado.

Ama y aprecia a la mujer y no abuses nunca de su debilidad, sería una infamia y una cobardía.

Vanessa Arjona

Educar en solitario


Últimamente las familias monoparentales están a la orden del día. Son fruto, generalmente, de matrimonios rotos y las madres – que suelen ser quienes se quedan la custodia de los pequeños – deciden cuidarles y educarles solas… Tarea difícil, sinceramente.


Muchos progenitores se ven en la situación de enfrentarse solos a la crianza y educación de sus hijos, cosa que no han elegido. Viudos y divorciados. Aunque también hay quien lo elije así, generalmente mujeres. Pero todos tienen las mismas dudas, no saben si lo están haciendo bien, si están a la altura, si ejercen bien la tarea de padre y madre a la vez, cosa totalmente equivocada, es imposible ejercer a la vez la doble tarea. Se sienten culpables, culpables de no poder ofrecer a sus hijos una familia unida y feliz. También sienten preocupación, por el resultado de la falta del otro progenitor, y achacan los problemas que los pequeños puedan tener a la situación. Educar y cuidar solo a los hijos lo han hecho a lo largo de la historia muchas mujeres y algunos hombres, no es una tarea nada fácil, pero tampoco es negativo.

Es imposible reemplazar al padre o la madre que no está aunque sí se puede sustituir. Por ejemplo, si la madre – que como antes he mencionado, se suele quedar con la custodia de los niños – empieza una nueva relación con otro hombre, este pasa a sustituir la figura del padre, pero no debería reemplazarlo aunque no tenga relación con ellos. Habría que puntualizar que no debemos actuar como la otra persona a la que se está sustituyendo. Debemos actuar siendo siempre nosotros mismos, no como si fuésemos otra persona. De no ser así se corre el peligro de perder en lugar de ganar.

En el caso de madres solteras – mujeres que han decidido tener hijos solas – hay , además de los habituales que ya hemos mencionado anteriormente, otros problemas. En estos casos los niños reciben demasiado afecto, la madre suele volcarse completamente en su hijo. Y esto suele crear una gran dependencia por parte del niño, en estos casos lo mejor que se puede hacer es procurar que el niño tenga relación con otras personas, que no sea la presencia de la madre la única que tenga. Ya sean abuelos, vecinos… Aunque lo mejor sería con niños de su edad ya sea en la guardería o en el parque. Lo importante es que en la vida del pequeño haya otras personas ya que esto podría perjudicar el desarrollo psicológico de los dos.

De cualquier manera, el que un niño viva sólo con uno de sus padres no tendría por qué ser un problema. No tiene por qué haber falta en su educación ni en su vida en general, lo realmente importante es que la persona que se encarga de su crianza haga buen uso de la palabra, igual que sucede en las familias clásicas.

Cuando tiene que decidir el corazón es mejor que decida la cabeza.

Vanessa Arjona

Dependencia emocional por Merlina Meiler

La dependencia emocional se produce cuando una persona siente y cree que no puede vivir sin otra, y deja en manos de su pareja (u otra gente) la toma de decisiones de prácticamente todas las áreas de su vida. Además, busca agradar excesivamente, haciendo cualquier cosa por obtener la aprobación de los demás (esto incluye, soportar humillaciones y malos tratos).

El origen suele ser la falta de aprobación (¡haces todo mal!), de amor (si no haces eso no te querré más) o de valoración (¡mi hija sólo puede obtener notas perfectas en la escuela!) cuando éramos pequeños, lo que genera adultos sumisos, dependientes y demasiado complacientes. Por lo general, una persona criada de este modo busca a alguien que le repita el mismo patrón con el que creció, ¡es lo que tuvo en su hogar!

Hay ciertas características que suelen presentarse en las personas que sufren este tipo de dependencia:

1. Temor desmedido a la soledad, que hace que en caso de una ruptura, enseguida se busque otra pareja con características similares.

2. La necesidad imperiosa de aprobación y de afecto, a cualquier costo. Sólo se sienten validados si agradan y hacen felices a otros, aún a costa de sus propios deseos y necesidades.

3. Se sienten responsables (o culpables) por la felicidad (o la falta de ella) de quienes les rodean.

4. No pueden tolerar el rechazo, por eso no dicen lo que realmente piensan, e incluso hacen cosas contrarias a sus creencias para no ofender a nadie. Precisan la opinión positiva de otros para lograr su propia autoestima.

5. Creen que la sumisión evita el abandono.

Lógicamente, como en toda interrelación entre personas, las dos partes tienen su responsabilidad. Quien depende, espera de algún modo que el otro le solucione conflictos intrapersonales (internos) irresueltos, que cubra todas sus carencias (la mayoría, emocionales y de larga data), tal vez incluso que cambie y deje esa manera de ser tan “poco demostrativo, egocéntrico, irrespetuoso, infiel (por ejemplo)”. El dependiente relega sus necesidades a un segundo plano, lo que secretamente resiente. Suelen agobiar a sus parejas con demandas de atención desmedidas, al punto de hacer escenas de celos (o querer hacerlas) o de invadir su privacidad.

Quienes generan dependencia en su pareja también tienen su grado de responsabilidad. Quieren tener gente al lado que baile al compás de su música (descartando o menospreciando la ajena), buscan tener el control sobre la otra persona (serán más o menos permisivos, pero no darán libertad de acción). Suelen ser manipuladores y narcisistas, y tener un ego exacerbado.

Si dejas que otra persona maneje tu vida, y sientes que relegas tus necesidades en función de los demás, sistemáticamente, sin darte tu lugar, probablemente formes parte de una relación de dependencia emocional. Una cosa es pedir ayuda y aceptarla cuando la necesitamos, otra es no poder tomar decisiones importantes de manera personal, estar pendiente de qué decimos o hacemos para no enojar al otro, pensar que sin esa persona nuestra vida no tendría sentido.

Compartir la vida en un terreno de igualdad es hermoso, someter o ser sometido, una tortura que implica infelicidad asegurada. Para salir de una relación como la que describí, es esencial que la persona quiera realmente modificar esta realidad, asuma los riesgos que eso puede implicar (cambios en su relación de pareja actual, que pueden culminar en una ruptura), sepa que existe y es bien posible acceder a la felicidad emocional, que mucha gente ha dejado esta manera de ser atrás, e iniciar un tratamiento con un profesional responsable. ¡Tu equilibrio emocional bien lo vale!

Fuente: http://www.mejoraemocional.com