viernes, 11 de enero de 2013

Cuidado con los medicamentos

Dar medicamentos sin receta médica es un gran problema. Estamos generando bacterias resistentes a los antibióticos y nos quedamos sin armas para atacarlas. Estos son los errores más comunes.

El principal argumento que los padres tenemos para administrar medicamentos por nuestra cuenta es que "tiene lo de siempre". Pero no tiene por qué ser lo de siempre. Y aunque lo fuera, a lo mejor ahora hay un medicamento que es más eficaz, puede que nuestro hijo requiera esta vez una dosis distinta o que con el tiempo hayamos olvidado el número de días y de tomas que nos dijo el pediatra.

Dosis incorrectas

"¿Qué me dijo...? Será lo de siempre..." A veces no nos damos cuenta de que la cucharilla es de diez mililitros y la llenamos hasta arriba, aunque nos recetaron cinco.
Error

En ocasiones extrapolamos lo que le damos del antitérmico habitual al otro que toma por primera vez, o nos inventamos una medida universal que usamos siempre, como esa cucharita de postre que tenemos en la cocina. Pero a la hora de tomar un medicamento todo tiene un porqué, y solo obtendremos los efectos deseados si somos estrictos en la administración.

La dosis correcta es fundamental y cada mililitro tiene su función.

Retirarlo antes de tiempo

"Como ya está bien...", decimos a menudo. Y así aplicamos a nuestra manera la moderación en el uso de los fármacos.
Error

No es ahí donde tenemos que recortar. Especialmente los antibióticos han de ser administrados exactamente el número de días que el pediatra señale y la razón es simple: el doctor sabe cuánto tiempo necesita el antibiótico para acabar con la bacteria.

Si dejamos de darle el medicamento cuando desaparecen los síntomas, es posible que la bacteria siga viva (aunque debilitada), y si no cumplimos el tratamiento hasta el final, le damos la oportunidad de recuperarse y aparecer de nuevo con muchos más recursos frente a los antibióticos.

Muchas enfermedades de repetición son el resultado de haber seguido mal el tratamiento, lo que ha generado una bacteria resistente a todo.

Compartir con los hermanos

Hace una semana que la niña sufrió un resfriado y su hermanita empieza a presentar los mismos síntomas. Su madre ha cogido el jarabe que le dio a la mayor y se lo va a dar a la pequeña. Piensa que así evitará que el catarro progrese.
Error

En la infancia todas las enfermedades se parecen en sus síntomas, aunque sean muy diferentes. Estamos haciendo un diagnóstico que puede ser perjudicial para nuestro hijo, ya que le estamos administrando medicinas sin saber realmente qué tiene; además, podemos estar enmascarando una enfermedad seria.

Doble dosis

El niño lo ha vomitado todo, jarabe incluido, o eso cree su mamá. ¿No es eso que aparece mezclado con el maíz? Le da otra vez el antibiótico. También lo hacen otras madres cuando al niño se le sale el jarabe por las comisuras de la boca.
Error

¿El niño ha vomitado nada más recibir la dosis? Entonces es muy probable que no haya llegado a ninguna parte.

Pero si vomitó media hora después de tomar el medicamento hay bastantes posibilidades de que ya esté donde tiene que estar... Los fármacos se absorben con mucha rapidez. El tipo de medicamento también marcará la pauta: ¿era para el corazón? En este caso, hay que tener más cuidado con una sobredosis que si se trata de un antitérmico.

Conservar y administrar todos de igual manera

Es muy frecuente guardar todos los medicamentos en un único botiquín y en las mismas condiciones. Pero no todos los fármacos se conservan igual, son como los alimentos: ¿Van todos a temperatura ambiente o todos en la nevera? No.
Error

Cada uno tiene unas características específicas que es decisivo respetar para su conservación y para obtener el efecto deseado. Además, no todos los fármacos se administran igual.

Hay medicamentos que no se absorben bien con leche, como el hierro, unos que necesitan el estómago lleno y otros que lo necesitan vacío para hacer efecto. La conservación y administración de los medicamentos nos plantean dudas que no siempre preguntamos, y es importante hacerlo.

Si poco es bueno, más es mejor

Muchas madres, por ejemplo, ante el eccema de su hijo aplican generosas dosis de su crema para el picor.
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La capacidad de absorción de la piel del niño es muy alta, de modo que todo lo que apliquemos sobre ella puede pasar fácilmente a sangre. Una dosis alta puede perjudicarle. La medida ideal es la crema justa para que con un leve masaje desaparezca.

Dejarlos al alcance de los niños

Lo avisan en todos los anuncios y estamos totalmente de acuerdo y, sin embargo, no es difícil ver el antitérmico en la mesilla de noche del niño.
Error

En el fondo de nuestro cerebro está la idea de que... ¡el niño nunca va a querer tomar el medicamento por su cuenta! Sin embargo los jarabes tienen sabores y colores atractivos y esto hace posible que el niño, además de tomárselo con gusto cuando le toca, quiera darle un traguito si se queda a mano. Es muy importante no dejar los medicamentos al alcance de los niños.

Cómo utilizarlos de forma segura
  • Apuntar siempre lo que nuestro hijo debe tomar y la forma de hacerlo. En la consulta lo tenemos todo claro, pero al salir o a la hora de administrarlo es cuando surgen las preguntas.
  • Resolver todas nuestras dudas antes de salir de la consulta del pediatra, y no dar nada por sabido: ¿Podemos esperar algún efecto secundario? ¿Hemos de tomar alguna medida especial? ¿Puede recordarnos cuántos días y cuántas tomas?
  • Comprobar que el nombre que figura en el envase coincide con lo que nos han recetado.
  • Confirmar que lo tenemos en la presentación recetada (jarabe, suspensión, comprimido) y en la cantidad indicada.
  • Seguir estrictamente la frecuencia indicada por el pediatra en las tomas: no saltarnos tomas, ni adelantarlas, sobre todo en el caso de los antibióticos.
  • Tomar el medicamento exactamente el número de días recetado por el pediatra. Ni uno más, ni uno menos.
Autora: Verónica Martínez.
Asesor: Dr. Antonio Urda, jefe clínico de Pediatría del Hospital Materno Infantil de Málaga.

LOS REVESES NOS FORTALECEN


Experimentar en la vida una cantidad moderada de adversidad puede beneficiar la salud mental al fortalecer la adaptabilidad y la resistencia, y producir a largo plazo un mayor nivel de bienestar y de satisfacción vital en la persona.

“Lo que no me mata, me hace más fuerte” afirmó el filósofo, poeta y filólogo alemán Friedrich W. Nietzsche en el siglo XIX, y las últimas investigaciones psicológicas avalan la tan original como certera afirmación del autor de “Así hablaba Zaratustra”.

Aunque para la persona que lo está pasando francamente mal o a quien las cosas le están yendo como en una pesadilla resulta muy difícil ver el lado bueno de dicha situación adversa, la percepción de los reveses puede cambia favorablemente si se los observa desde una perspectiva más amplia.

Al menos es lo que se desprende de una nueva investigación de la Universidad de Búffalo (UB), en Nueva York (Estados Unidos), que concluye que a la larga los golpes de la vida pueden ser beneficiosos para la salud psicológica de quien los padece.

En la vida, enfrentarse a una cantidad moderada de adversidad puede beneficiar la salud mental y aumentar el bienestar personal, al fortalecer la adaptabilidad a las circunstancias y ayudar a desarrollar la resistencia psicológica, según sugiere el estudio de un equipo de psicólogos de la UB. Los investigadores analizaron los datos de 2.398 personas y comprobaron que aquéllas con una historia personal de cierta adversidad tendían a experimentar una angustia emocional más baja, así como menos impedimentos en su funcionamiento cotidiano, una reducción en los síntomas de estrés postraumático y una mayor satisfacción vital, comparados con aquellos que sufrieron muchos reveses o prácticamente ninguno.

El doctor Mark Seery, profesor de psicología de la UB y su equipo, también encontraron que las personas con antecedentes de cierto infortunio a lo largo de su existencia parecen manejar mejor que otras personas los eventos adversos recientes.

Las defensas naturales del alma

“Para algunos expertos el ser humano al igual que dispone de un sistema inmunológico que lo protege de las enfermedades, alergias, alteraciones y agentes agresivos tanto de su propio interior como de fuera de su organismo, también posee unas defensas naturales que lo protegen de las amenazas en el terreno psicológico y emocional”, señala José María Doria, escritor, psicoterapeuta y asesor de formadores de Crecimiento Integral.

Según este experto, “así como la exposición moderada a diversos virus, bacterias y elementos alergénicos no letales ayuda a que las defensas orgánicas se estimulen, mantengan activas y fortalezcan, creando anticuerpos y un mejor escudo defensivo, se podría afirmar que estar en contacto con un cierto nivel de adversidad ayuda a reforzar las defensas psico-emocionales y estar más preparado para afrontar los reveses futuros”.

Este fenómeno también puede compararse con las vacunas o inmunizaciones farmacológicas, que al poner a la persona en contacto con un determinado agente infeccioso producen una reacción inmunológica que después se mantiene y los protege de esos elementos patógenos.

“De alguna manera, los reveses pueden considerarse como vacunas que nos hacen más resistentes ante las futuras adversidades”, según Doria.

Yendo un poco más allá del paralelismo entre las realidades orgánicas y el psico-emocional del ser humano -que es una de las interpretaciones que se puede hacer del estudio de la Universidad de Búffalo – y situando las adversidades en un contexto más amplio, Doria señala que “el Universo escribe recto con líneas torcidas, a veces muy sinuosas”.

Según Doria, que dirige la Escuela Española de Desarrollo Transpersonal (EEDT), “nada de lo que nos pasa es estéril, y en realidad todos los acontecimientos tienen su intencionalidad evolutiva, por contradictorios, inútiles o adversos que parezcan”.

“La vida es aprendizaje y desde esa perspectiva no hay noticias esencialmente buenas o malas, ya que su aprobación o condena parte de una interpretación no sólo parcial sino también transitoria”, señala el director de la EEDT.

De acuerdo a este experto, “lo primero que nos llega es la superficie y la piel de las cosas, pero tras la apariencia subyace una experiencia que nos hace evolucionar”.

“La pérdida de un ser querido a veces pone en marcha un gran cambio cuyo camino madura a la persona y abre su consciencia. La pérdida de un trabajo puede suponer la liberación de unos moldes aprendidos y el comienzo creativo de una visión más amplia. Una enfermedad a menudo traer una renovación de muchas costumbres y el cambio de vida que uno anhelaba”, señala José María Doria.

“Ante la llegada de la supuesta desgracia, hay que suspender el juicio y mantener plena atención a lo que llega, a la vida que fluye, a las aperturas que alivian la presión del alma, confiando en la acción inesperada. Pronto comprobamos que tras la perturbación, habiendo roto el viejo orden, el Universo pone en nuestra vida posibilidades insospechadas”, explica.

Fuente: elreporteespecial.com.ar

Siempre tengo la libertad de elegir mis pensamientos

Ninguna persona, lugar ni cosa tiene ningún poder sobre mí a no ser que yo se lo dé, porque sólo yo pienso en mi mente.

Tengo la inmensa libertad de  poder elegir qué pensar. Puedo elegir ver la vida de manera positiva en lugar de quejarme o enfadarme conmigo o con otras personas.

Quejarme de lo que no  tengo es una manera de llevar la situación, pero no cambia nada.

Cuando me amo,  al encontrarme en una situación negativa puedo decir: "Me dispongo a dejar  marchar lo que hay en mi conciencia que ha contribuido a crear este  problema".

Todos hemos hecho elecciones negativas en el pasado, pero eso no significa que seamos malas personas, ni que estemos estancados en esas elecciones  negativas.

Siempre podemos elegir dejar marchar los viejos criterios.


Meditación
de Louise L. Hay



La otra moneda por Merlina Meiler

Si alguien nos defrauda o nos hiere, solemos escuchar esta frase: “En tu lugar, le pagaría con la misma moneda”. ¿Qué significa esto? ¿Que si nos traicionaron, deberíamos traicionar, si nos agredieron, agredir, si nos mintieron, mentir…?

No estoy de acuerdo, en absoluto. Pagar con la misma moneda implica dejar de jugar nuestro juego para permitir que nos arrastren a otro, que no conocemos. Es salir de nuestro eje y, en cierto punto, despersonalizarnos, para responder de un modo ajeno a nuestras creencias y a nuestra manera habitual de vivir la vida. Si reaccionamos con la misma moneda, estaremos teniendo un problema extra, además del que nos provocaron externamente: el no ser genuinos. Tarde o temprano, esto causa conflictos intrapersonales.

ALGUNAS IDEAS

Te propongo que, la próxima vez que alguien tome alguna actitud que te hiera o te moleste, no le pagues con la misma moneda. No estoy diciendo que no reacciones, pero sí que lo hagas desde tus convicciones, desde quien eres, valorando lo que crees que está bien y está mal. Ve más allá de tus propios límites, hasta el punto que te sientas cómodo y dueño de tus palabras y de tus actos, o busca ayuda si la precisas, pero toma solo actitudes que sean 100% tuyas.

Protégete ante las agresiones, no respondas con una de ellas, para no dar lugar a una espiral ascendente de malos tratos. Pon un límite claro y no permitas que pasen de allí, con la mayor serenidad interior que puedas.

Si te traicionan o te mienten a repetición, no confíes más en esa persona. Mantenla tan alejada como te sea posible y no le des oportunidades de volver a hacerlo.

Si te ignoran o no valoran tu trabajo o tus esfuerzos y esto te molesta,¡hazte notar! O quedarás tú solo atrapado en este entuerto.

Si te hieren, herir no es la solución. Comprende lo que sucedió y, nuevamente, toma todos los recaudos necesarios para que la misma persona no vuelva a hacerte pasar por lo mismo otra vez.

¿Crees que es mejor devolver con la misma moneda o con otra moneda?

Fuente: http://www.mejoraemocional.com