miércoles, 18 de diciembre de 2013

¿Qué es la codependencia?

Por: Dra. Lucy Serrano

La mayoría de la gente tiene dos visiones muy opuestas de lo que es el amor.

Por un lado están los que yo llamo “fantasiosos”, que son aquellos que creen que a través del amor de pareja se sentirán plenamente realizados y podrán satisfacer todas sus carencias afectivas. Generalmente tienen muy grabada la idea de encontrar a su media naranja, alma gemela, etc. Pero por otro están aquellos que, por las malas experiencias vividas en una relación de pareja, creen que amar significa sufrir, darlo todo exponiéndose a que lo decepcionen, lastimen, engañen o abandonen. Su frase más característica es: “No creo en el amor porque duele demasiado”.

Aunque estas dos formas de ver el amor son contrapuestas y se pudiera creer que muy diferentes entre sí, en realidad tienen en común que ambas son actitudes dañinas y manifiestan los síntomas más característicos de una enfermedad emocional que empaña a la mayoría de las relaciones de pareja. Me refiero a la codependencia.

Pese a que esta palabra no es desconocida, pocas personas se han tomado la molestia de indagar a más profundidad sobre su significado. Afortunadamente, desde hace varios años se ha estudiado mucho sobre lo que es la codependencia y la manera en que afecta en lo individual y también en las relaciones con la pareja. Veamos con más detalle algunas de sus características.

Todo comienza cuando una persona (hombre o mujer) conoce a alguien por quien se siente atraído de forma inmediata. Conforme tiene la posibilidad de entablar comunicación e ir conociendo más cómo es ese alguien, entra en un estado de euforia y enamoramiento muy profundo porque cree que finalmente encontró a la persona ideal, ese ser que tanto había anhelado y con quien desea hacer su vida. Se siente lleno de un amor y pasión tan grandes que es capaz de cruzar cualquier límite, no hay obstáculo insuperable ni barrera que impida que estén juntos y puedan compartirlo todo. ¿Qué romántico, no?

Gradualmente va dejando de lado sus planes y proyectos propios para enfocarse en la persona amada. Le dedica cada vez más tiempo, atención y cuidados. Si por alguna razón se siente a disgusto o enojado también trata de ocultar o negar esos sentimientos porque son un grave peligro para la relación y pueden llevarle a perder lo que más ama y que tanto trabajo le costó encontrar. Por consiguiente, hace todos los sacrificios con tal de mantener la paz y la armonía. Su idea clave es que cualquier diferencia o conflicto se puede resolver con buena voluntad y poniendo todo de su parte para minimizar o erradicar los problemas.

Sin embargo, todo esto lo hace porque desea recibir a cambio el mismo tipo de amor incondicional que supuestamente siente y ofrece, es lo justo, ¿no? Por esa razón, de igual forma que está dispuesto a hacer todo tipo de esfuerzos para que las cosas sigan bien, también comienza a exigir que su pareja haga lo mismo. Pide más amor, más atención y más dedicación. La frase que generalmente utiliza es: “Quiéreme igual que como yo te quiero a ti”. Empieza a tratar de guiar a su pareja en todos los aspectos para que estén juntos lo más posible, intenta controlarla y dirigirla supuestamente “por su bien”, pero con un afán más o menos inconsciente de que nada los separe y los distraiga de su amor, porque en el fondo tiene un miedo enorme de perderla. ¿Qué sería de su vida si el ser que más ama en el mundo lo abandona?

Pero tampoco le basta con sentir que lo aman, eso no es suficiente, también quiere sentirse indispensable, igual que para él es indispensable su pareja. Con tal de lograr eso se ofrecen a ayudar y hacer gran cantidad de favores para que la pareja se dé cuenta de lo mucho que lo necesita y depende de él, todo esto fortalece aún más la imposibilidad de que lo abandonen.

Dada la insaciable necesidad que tiene de ser amado y a la vez sintiéndose acreedor de que su pareja le corresponda como desea a cambio de los grandes favores, esfuerzos y sacrificios que ha hecho por la relación, gradualmente se vuelve más posesivo, absorbente y controlador. Si no obtiene lo que quiere (lo que comúnmente sucede porque la otra persona cada vez está más agobiada y asfixiada por tantas exigencias), entonces comienza a sentirse resentido y frustrado. Los conflictos entre ambos se vuelven más frecuentes, inclusive pudiendo llegar a agresiones indirectas o ataques de furia descontrolada. No obstante, el miedo a perder la relación y que el amado lo deje solo y hundido en la desesperación, lo lleva a tratar de conciliar, poner más empeño para volver a la “normalidad”. Esto hace que el ciclo se repita indefinidamente, llevando a ambos a una desilusión, frustración y descontento, combinados con periodos de reconciliaciones muy intensas y apasionadas donde se vuelven a jurar amor eterno, se dan regalos, serenatas y promesas de cambio.

A grandes rasgos esta es la historia de todas las relaciones codependientes, donde el enamoramiento se confunde con renuncia a uno mismo y con entrega desmedida hacia el otro, o el amor se confunde con necesidad y dependencia, todo aderezado con idealización desmedida, aunada a un profundo miedo a la soledad.

Desafortunadamente todos hemos crecido en un medio ambiente donde la codependencia se ve como lo más sublime, fuente de inspiración para músicos y poetas. Cuántas canciones escuchamos donde se habla de desamor, de soledad y dolor por la separación; cuántas telenovelas, películas y libros donde se manifiesta la necesidad por tener a alguien que nos dé valor y nos haga sentirnos completos y felices. De ahí que no sea nada extraordinario encontrar abundantes relaciones tormentosas y sufridas en todos los ámbitos sociales. Pudiera parecer exagerado cuando se le mira desde afuera, pero será mucho más sencillo entender si conocemos cuáles son las características de los codependientes.

Por lo general un codependiente se ve a sí mismo como generoso y altruista. Cuando inicia una relación de pareja su idea es dedicar su atención y cariño al ser amado, ya que esa es la esencia del amor. Esto por sí mismo no tiene nada de malo, el problema es que atraen y se involucran emocionalmente con un único tipo de pareja que son, lo que yo llamo, sucomplemento negativo. Un codependiente siempre se va a sentir atraído, consciente o inconscientemente, por personas con problemas. Puede ser un alcohólico, un drogadicto, alguien que está solo y sin apoyo de nadie o, por el contrario, de quien tiene familia pero con muchos conflictos (maltratos, agresiones, abusos), sin faltar aquellos que tienen dificultades económicas y laborales. En otras palabras, un codependiente siempre se va a emparejar con alguien que necesita ser rescatado y salvado.

¿Por qué se fijan en estas almas atormentadas?, ¿por qué no eligen como pareja a alguien sano y sin problemas? Bueno, porque aquí entra en juego una característica más oculta que poseen todos los codependientes. Se trata de la baja autoestima.

Un codependiente es una persona que inconscientemente no se siente valiosa o poseedora de suficientes cualidades que la hagan sentirse digna e importante, por eso generalmente se avergüenzan de lo que son. Ya sea por traumas en la infancia o por malas experiencias en la vida, han deformado a tal grado su percepción de sí mismas que entonces se sienten vacías, tienen muchos miedos para poder superarse y salir adelante, pero más aún le tienen un verdadero pánico a estar solas, ya que eso sería la confirmación absoluta de que nadie los quiere porque no valen nada.

Como son incapaces de amarse a sí mismos, a los codependientes no les queda de otra más que buscar recibir el amor desde afuera, es decir de otra persona, pero como no son valiosos ni poseen cualidades dignas de admirar, según su visión distorsionada, entonces sólo pueden ser amados si se vuelven necesarios e indispensables para alguien, es decir, necesitan estar con aquellos que los pueden necesitar. Y qué mejores candidatos para esto que la gente con problemas.

Con esta información, ahora ya podemos entender cómo se construye la relación codependiente: una persona con baja autoestima y que cree que sólo la puede amar alguien que la necesite, unida a otra persona que tiene terribles problemas y que necesita tener a alguien que la salve. Ahí tenemos la fórmula perfecta de la codependencia, un alma atormentada ayudando a otra alma atormentada, ambas unidas por mutua necesidad, pero que describen como “amor”. También ahora queda claro por qué un codependiente nunca se va a relacionar con alguien sano, pues porque ese alguien no necesita de ayuda ni de ningún servicio, no requiere que lo salven ni rescaten de nada, lo cual le quita todo el atractivo. La peor frase que se le puede decir a un codependiente es: “No te necesito”.

Ya vimos cómo evoluciona la relación codependiente, en un ciclo más o menos prolongado de desilusión y frustración, junto con apasionadas reconciliaciones y promesas de amor eterno. Sin embargo, falta explicar a las personas que no creen en el amor y por qué también son víctimas de la codependencia, pese a que elijan no involucrarse en una relación de pareja.

Estos individuos de una u otra forma se han dado cuenta de que emparejarse en las condiciones descritas sólo lleva a sufrir y a destrozar esperanzas. Por consiguiente, prefieren quedarse solos y compensan el miedo a la soledad teniendo relaciones superficiales, pasajeras y que no impliquen involucrar sentimientos. Si se les pregunta, afirman que no creen en el amor y viven encerrados en su propio mundo, pero llenos de desconfianza hacia cualquier tipo de relación y con un trasfondo de amargura que disfrazan de realismo.

El problema que tienen y la razón por la cual siguen siendo codependientes es que continúan con su baja autoestima y con la visión muy distorsionada de su propio valor como personas. Aunque hayan aprendido a evitar los conflictos de las relaciones codependientes, siguen sintiéndose vacíos. Son incapaces de encontrar vías de cambio y superación para ellos mismos, mientras se conforman con un aislamiento que, supuestamente, los mantiene a salvo de sufrir. Por supuesto que no tienen ni idea de cómo son las relaciones sanas de pareja y menos aún conciben tener alguna, tanto por su baja autoestima como por temor a salir dañados. En otras palabras, se han vuelto codependientes de su desilusión y sus miedos.

Obviamente hay una postura intermedia, una que no le quita al amor la parte romántica o detallista y que nos permite tener una relación de pareja sana, minimizando los conflictos, dramas y enredos. Podemos amar libremente, pero sin caer en los celos, la posesividad, las exigencias, los reproches, obsesiones e inclusive violencia y faltas de respeto. No es necesario estar solos, sino que podemos emparejarnos y disfrutar de los placeres que nos proporciona la mutua compañía.

¿Cómo lograrlo? El primer paso es darnos cuenta que el peor enemigo de las relaciones sanas es la codependencia e identificar en nosotros mismos los síntomas de ella para trabajar en erradicarlos. Esto se puede hacer a través de lecturas de artículos o libros de superación personal, así como asistiendo a cursos donde te enseñen a identificar cuáles son los riesgos de involucrarte con una pareja que no te conviene. Pero ten presente que lo más urgente es cambiar tu mentalidad de lo que significa una verdadera relación de pareja.

Tal vez digas: “Bueno, está bien, ¿pero qué pasa si a mi pareja no le interesa?, ¿cómo puedo yo sola sacar adelante la relación?”.

Tu preocupación es lógica y válida. Obvio que lo ideal sería que ambos trabajaran en eliminar el apego afectivo que tanto los ha desgastado. Sin embargo, te aseguro que con uno sólo que se cure, cambia totalmente la dinámica de la relación, ya sea que el otro se ponga las pilas y empiece a hacer algo al respecto, o que a ti ya no te interese estar en una situación así. Ten en cuenta que la codependencia es como el tabaco, el alcohol o la droga, puedes estar consciente de que te hace daño y aun así no puedes dejarla. Por eso es que no basta con tener fuerza de voluntad o un poquito de dignidad, sino más bien se requiere de accesar a buena información y, si es posible, recurrir a la ayuda psicológica profesional que te oriente en el proceso.

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