martes, 22 de octubre de 2013

Consumismo por Merlina Meiler

Estamos inmersos en un mar de proposiciones que intentan que nos sumemos a ellas.

Marcas de todos los tipos y de rubros que podamos o no imaginar tratan captar nuestra atención y nuestro bolsillo.

Propuestas que jamás imaginamos tocan a nuestra puerta, con el propósito firme de que las aceptemos, nos acostumbremos a ellas y se transformen en indispensables, generando –en la medida de lo posible- cierto grado de dependencia.

Avances tecnológicos cada vez más vertiginosos nos dejan un tanto fuera de lo que está pasando si no nos subimos a la ola cibernética con la mayor asiduidad que podamos.

Desde todos los medios (periódicos, revistas, radio, televisión, carteles publicitarios, etc.), nos bombardean con información variada sobre diversos productos, haciéndonos creer que seremos mejores o tendremos más éxito con los demás si los utilizamos.

Hay quienes gustan de consumir todo lo nuevo, lo más caro conforme a sus posibilidades (o incluso, buenas imitaciones).

También hay quienes huyen de todo lo que puede significar un símbolo del consumismo (llámense logos, dibujos o letras que hacen inferir una empresa o un producto en particular) y están completamente en contra de la compra de artículos que consideran innecesarios o de precios elevados y también de lo que consideran que ellos simbolizan.

Lo importante, acá y en todas las circunstancias, es que seas fiel a lo que crees.

Una marca o un nombre comercial no definen quien eres. Si consideras que esto es así y que si no tienes tal o cual producto no serás completamente feliz, te propondría que bucees en tu interior y descubras qué vacío estás tratando de tapar con esta actitud desmedida.

Si tienes la percepción de que buscan imponerte algo con lo que no comulgas o quieren fomentar en ti un grado de competitividad como signo de estatus, pues continúa tu camino con la frente bien alta, sabiendo que nada de lo externo puede condicionarte si no permites que así suceda.

Si quieres adquirir algo que llama tu atención por la razón que fuera, sea necesario o no, y ello no implica que dejes de hacer cosas esenciales ni que te restrinjas inadecuadamente, pues date el gusto, cómpratelo y disfrútalo. Cierto grado de satisfacción por estar estrenando una nueva prenda de ropa o un nuevo corte de cabello no representan, necesariamente, un gesto de vanidad, salvo que tú les des ese significado.

Se puede ser solidario y tener una conducta espiritual meritoria y, al mismo tiempo, utilizar lo material que se nos presenta de la manera que nos plazca; no considero que deban ser, necesariamente, polos opuestos e irreconciliables entre sí.

La clave, como siempre, es que vivas en paz contigo mismo en todo momento.

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