jueves, 26 de septiembre de 2013

¿Quién paga a quién? por Merlina Meiler

Una de las consultas recurrentes a mi consultorio emocional, en el caso de parejas, es el tema económico.

Mujeres y hombres insatisfechos por lo que van descubriendo a medida que se conocen o por las costumbres de su vida financiera en común plantean que este tema ha llegado a comenzar a horadar lo que consideran que, de otro modo, podría ser una relación muy buena.

Veamos las posturas antagónicas más comunes y que más roces suelen generar.

Mujeres: los dos extremos

Hay mujeres que tienen la idea que el hombre tiene que correr con todos los gastos y pagar todas las actividades en común (cine, restaurante, vacaciones, etc.). Ellas no aceptarían una relación en la que tuvieran que tocar su billetera/cartera para pagar una salida y, a lo sumo, pueden llegar a hacerse cargo de algún cargo menor en el día a día del hogar, aunque tengan profesiones o trabajos bien remunerados.

Hay mujeres a quienes no les importa ser ellas quienes hacen el esfuerzo mayor o ganar más dinero que sus parejas, ya que han dejado de lado el pensamiento de que el hombre debe ser el sostén absoluto y priorizan la familia, el compañerismo y todo lo que esto conlleva.

Hombres: los dos extremos

Sigue habiendo hombres que desean ser los únicos proveedores del hogar y hacerse cargo de todas las necesidades económicas de su mujer e hijos. Prefieren que ella no trabaje o, en caso de tener una profesión o afición, que la desarrolle durante pocas horas a la semana para poder dedicarse de lleno a su hogar – y a ellos. En muchos casos, no tolerarían tener a su lado a alguien que los eclipse, que se destaque más que ellos profesionalmente y, mucho menos, que los supere en ingresos a fin de mes.

Hay hombres que, por el contrario, no sienten competencia alguna con sus mujeres y aceptan de buen grado que sean las mayores abastecedoras y que se hagan cargo de la mayoría de los pagos relacionados con el funcionamiento de su hogar.
Sobre los dos

Hay parejas muy parejas que entienden que el esfuerzo tiene que ser de a dos, juntan todo lo ingresado en un pozo común y toman decisiones en conjunto con respecto a los grandes gastos, sin importar quién ingresa más dinero durante un mes en particular o permanentemente.

Otros prefieren tener economías separadas –en especial, quienes se conocieron siendo más grandes – y reparten los costos que se van presentando indistintamente o de manera predeterminada.

Hasta aquí, todos los casos planteados funcionan bastante bien en términos generales, ya que los dos integrantes de la relación tienen una visión similar sobre el tema.

No obstante, hay vínculos en la que uno o los dos miembros están insatisfechos, ya que tienen una imagen de cómo debería ser el panorama y el otro se aparta en demasía de él.

Ya sea porque no quiere, porque parece cómodo, porque se acostumbró a la situación y le favorece o por la razón que fuera, está muy asentado en su postura y no hace nada para cambiarla, aunque nos moleste sobremanera y sea un foco de hostilidad o de enemistad constantes.

Ten en cuenta que el aspecto económico es clave en una pareja y que ambos tienen que sentirse lo más satisfechos que se pueda en este aspecto para sentirse plenos y que este estado de tranquilidad y de empatía se transmita a las demás áreas de la relación.

Por el contrario, tensiones en este plano repercutirán de manera poco feliz en todo el resto – ¡incluida la alcoba!

Como casi todas las situaciones incómodas entre las personas –incluidos los vínculos amorosos- comunicarse es la clave.

Sin ofender, vanagloriarte, exigir, minimizar al otro ni asumir el rol de víctima, habla.

Manifiesta lo que piensas y sientes. Tu punto de vista puede no resultar del todo claro, si el otro fue criado o tiene conceptos diferentes a los tuyos.

Piensa detenidamente qué escenario te haría sentir más en paz contigo mismo y exprésaselo a tu interlocutor de una manera clara y que pueda entender.

Ya sea que, por ejemplo, consideres que lo que sucede en términos económicos no es justo o no te favorece, que entiendas que tu pareja debería aportar más dinero o que valore lo poco o mucho que tú ingresas, verbalizarlo, que él/ella lo entienda y juntos buscar salidas para resolverlo y realizar un cambio favorable es una de las mejores soluciones posibles.

El momento óptimo para hacerle saber lo que deseas es ahora.

¿Te sientes a gusto con cómo se maneja la economía en tu pareja?

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