martes, 17 de septiembre de 2013

Fastidio por Merlina Meiler

Hay momentos en los que sentimos un gran fastidio.

Por lo general, aparece cuando nos topamos con circunstancias que no podemos controlar. Aun peor, dependen de otros.

Cosas que salen mal por negligencia o por desidia ajena. Porque no se preocupan ni se ocupan de la manera que nosotros desearíamos.

Claro que precisamos a los demás. No podemos hacer todo solos y, mucho menos, en áreas que no dominamos.

Sé que en este instante se te figura alguna situación y estás pensando en “expertos” que no hacen bien su trabajo, que vuelven cinco veces para arreglar algo simple, que no cumplen con los tiempos propuestos por ellos o que no se desempeñan de la manera en que estamos acostumbrados a hacerlo nosotros mismos.

Y, sin embargo, dependemos de su labor y de su voluntad para que solucionen el problema puntual, para que hagan que todo funcione como debería, para que respalden con hechos su palabra y demuestren su pericia.

Claro que todo esto genera fastidio… por más actitud positiva o buena voluntad que tengamos e intentemos aplicar, conviene identificar y llamar a las cosas por su nombre, para poder lidiar con ellas de la mejor manera… o de la forma posible.

¿Qué hacer en toda esta amplia variedad de situaciones fastidiosas que intentan, una y otra vez, sacarnos de nuestras casillas mientras ponen a prueba nuestra templanza? A continuación, algunas ideas útiles y otras no tanto (que se nos vienen a la mente de todos modos):

Empecemos por las “no tanto”:

- Enojarse o tener una reacción desmedida: conviene sacarse la ira durante algunos minutos, resoplar o desahogarse hasta que disipemos gran parte del enojo, pero no enfurecernos contra la persona que está incumpliendo sus deberes, ya que así no solo no lograremos nuestro cometido, sino que pondremos a ese individuo en nuestra contra y se dilatará aún más el arribo de la tan deseada solución: emplear nuestra inteligencia nos dará mejores resultados.

- Quejarse: lamentarnos de nuestro mal tino una y otra vez solo drenará nuestra energía y la situación permanecerá incólume. Además, quienes se quejan asiduamente suelen ahuyentar a quienes los rodean y evitan recibir potenciales buenas ideas ajenas para salir del pozo.

- Quedarse con los brazos cruzados, esperando que todo se resuelva por sí solo, puede poner nuestros nervios de punta, generar ansiedad o fastidiarnos aún más.

- Realizar acciones impulsivas: es tan poco aconsejable como quedarse inmóvil, ya que por el tedio que sentimos, podemos llegar a tomar medidas de las que después, en frío, nos arrepentiremos. Pensar detenidamente antes de actuar siempre es el camino a seguir.
Ahora sí: Ideas útiles

- Ponerse en acción: haz algo. Busca asesoramiento en otro lado, imagina opciones, consulta a quienes más saben, pide opiniones de gente querida sobre qué harían si estuvieran en tu lugar. Una vez hayas obtenido diferentes puntos de vista, examínalos minuciosamente y toma la decisión que consideres más acertada.

- Contar hasta diez… o cien: cuando tengas que enfrentarte a la persona que no está realizando sus tareas como debería, respira hondo, cuenta hasta diez (o cien), concéntrate en el objetivo superior (resolver el tema) y no la trates mal: obtendrás resultados muy superiores.

- Como mencioné anteriormente: utiliza tu inteligencia y también piensa detenidamente antes de actuar.

No hay fastidio que dure eternamente… la forma en que lo encaras y lo experimentas hasta que se disipa depende absolutamente de ti.

¿Qué haces cuando una situación te resulta fastidiosa?

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