miércoles, 7 de agosto de 2013

Pasiones por Merlina Meiler

Todos tenemos una pasión, un fuego interno que nos impulsa hacia un tema o una actividad que realmente nos fascina.

Funciona como un motor interno que guía nuestros pasos hacia un lugar placentero en el que queremos estar, ya que allí nos encontramos con nuestro talento y tenemos la oportunidad de desarrollarlo.

En muchos casos, se trata de algo muy evidente, ya que se ve claramente que alguien descolla en cierto campo (por ejemplo, las artes, los números, las ciencias, las humanidades, el deporte).

En otras ocasiones, tenemos una marcada inclinación hacia algo que nos lleva a indagar, a estudiar, a dedicarle tiempo. Necesitamos expresarlo, palparlo, vivirlo. Algunas veces, en soledad, para nosotros mismos; en otros, dejamos que salga a la luz para que los demás lo vean y así compartirlo.

Me gusta muchísimo descubrir las pasiones de las distintas personas. Son su sello único, algo así como una marca registrada de cada uno. Es lo que aporta esa individualidad que me agrada tanto conocer.

¿Qué sucede con quienes creen que no tienen una pasión o no la encuentran?

Cuando éramos pequeños, mostrábamos facilidad o preferencia por algo en particular. Tal vez éramos afectos a coleccionar algo, a un juego en particular, a pasar tiempo investigando razones, circunstancias o resultados y, con los años, nos fuimos alejando de eso que verdaderamente captaba nuestra atención, porque crecimos, por el trabajo, la familia, los niños, etc. etc.

Reconectarte con lo que tanto te atraía puede brindarte el aire fresco que necesitas en el medio de tu ajetreada vida.

Para ello, no hacen falta grandes inversiones ni tener demasiado tiempo libre: hoy en día, con Internet, con revistas o con un buen libro, puedes dar lugar a que afloren tus aficiones, dejar volar tu imaginación y reconectarte con tu esencia. Y esto nadie lo podrá apartar de ti, salvo que tú lo permitas.

¿Cuál es tu pasión?

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