martes, 9 de julio de 2013

Telaraña por Merlina Meiler

El maltrato es una gran telaraña. Te va atrapando cada vez más y llega un momento en que no ves la salida.
Al principio no te das cuenta y todo se ve de color de rosa: ¡tienes pareja! Se preocupa por ti, te acompaña, le interesa cada cosas que haces, te presta atención.
Poco a poco te vas adentrando en esa tela de araña, casi sin notar de qué se trata realmente. El terreno va dejando de sentirse firme y te das cuenta de que lo que al principio sentías como seguro, era una ilusión que dio paso a maltrato, celos enfermizos, controles, límites irracionales, aislamiento, vigilancia. En resumen: la pérdida de tu libertad.
Mientras tanto, el hilo sigue tejiéndose y estás cada vez más atrapado, sin saber cómo salir. Y esto puede sucederles a hombres y a mujeres, ya que el maltrato no distingue género y la dificultad para salir, tampoco.
Por más que intenten pintarte la red de colores o argüir que todo lo hacen por tu bien, es bien evidente que solo buscan satisfacer sus propios deseos poco saludables, a costa de tu bienestar (bien poco les interesa). Sientes el aguijón clavándose una y otra vez, aunque intenten disimularlo con sonrisas, frases bonitas o regalos que intercalan con insultos, descalificaciones, abusos, órdenes o, incluso, agresión física.
Quien es maltratado no habla sobre el tema y cubre, por vergüenza, por sentirse en inferioridad de condiciones, por miedo. Y de esto se alimenta el maltratador para ampliar la intensidad de su influencia y para tenerte a su merced en su red, vulnerable.
Estas telarañas no duran permanentemente y suelen ser más endebles de lo que parecen.
El primer paso que puede ayudarte a salir de ella airoso: hablar.
Con un familiar, con un profesional, con un centro. En todos los países y ciudades hay teléfonos a los que se puede llamar y donde dan refugio, contención, apoyo. Tal vez veas esto como un paliativo o como ayuda momentánea y no entiendas cómo se entrelazarán los hechos después, pero el primer paso da lugar al segundo y así sucesivamente.
Permite que te asistan, que te cuiden, que te protejan contra quien te está haciendo mal.
Lo que está sucediendo no es culpa tuya, eres una víctima que se vio atrapada en el teje y maneje de un ser manipulador.
Puedes recuperar tu estima, tu vida y tu alegría si tan solo te decides a contar lo que te está sucediendo. El resto vendrá por añadidura. Hoy, al igual que siempre, sigues mereciendo lo mejor.

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