sábado, 15 de junio de 2013

Vivir no duele

Definitivo, como todo lo que es simple.
Nuestro dolor no viene de las cosas vividas,
sino de las cosas que fueron soñadas y que no se cumplieron.

¿Por qué sufrimos tanto por amor?

Lo correcto sería que la gente no sufra,
apenas agradecer por haber conocido una persona tan linda,
que generó en nosotros un sentimiento intenso
y que nos hizo compañía por un tiempo razonable,
un tiempo feliz.

¿Por qué sufrimos?

Porque automáticamente olvidamos lo que fue disfrutado
y comenzamos a sufrir por nuestras proyecciones irrealizadas,
por todas las ciudades que nos hubiera gustado conocer
al lado de nuestro amor, y no conocimos,
por todos los hijos que nos hubiera gustado tener juntos
y no tuvimos, por todos los espectáculos,
libros y silencios que nos hubiera gustado de haber compartido
y no compartimos.
Por todos los besos cancelados, por la eternidad.

Sufrimos, no porque nuestro trabajo es desgastante
y paga poco, sino por todas las horas libres
que dejamos de tener para ir al cine,
para conversar con un amigo,
para nadar, para enamorar.

Sufrimos, no porque nuestra madre es impaciente con nosotros,
sino por todos los momentos en que podríamos
estar confidenciando con ella, nuestras más profundas angustias
y ella estuviese interesada en comprendernos.

Sufrimos, no porque nuestro equipo perdió,
sino por la euforia perdida.
Sufrimos no porque envejecemos, sino porque el futuro
nos está siendo confiscado,
impidiendo así que mil aventuras nos sucedan,
todas aquellas con las cuales soñamos
y nunca llegamos a experimentar.

¿Cómo aliviar el dolor de lo que no fue vivido?

La respuesta es simple como un verso:
¡Ilusionandonos menos y viviendo más!
Cada día que vivo, me convenzo más de que el desperdicio
de la vida está en el amor que no damos,
en las fuerzas que no usamos,
en la prudencia egoísta que nada arriesga,
y que, esquivándose del sufrimiento,
hace perder también la felicidad.

Carlos Drummond de Andrade

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