lunes, 10 de junio de 2013

Soberbia por Merlina Meiler

Tal vez sea una palabra que sientas que te toca de lejos o con la que no tienes mucho que ver.

O la confundas como cierto orgullo necesario o incluso, con una autoestima demasiado elevada.

Pero es una de las peores consejeras que podemos tener y la que más trastornos nos puede generar con el correr del tiempo.

Fíjate si, en alguna situación…

. te crees más que los demás y usas palabras despectivas para referirte a alguien (o a un conjunto de personas) por su color de piel, nacionalidad, religión, apariencia física, tarea que realiza o cualquier otra razón.

. tratas con desdén a alguien por los mismos motivos anteriores, ya que consideras que ellos deben servirte o estar a tu disposición

. otros han intentado hacerte notar de algún modo que lo que crees que es amor propio, en realidad, un orgullo desmedido

. piensas siempre en ti antes que en el resto, incluso cuando esto no debería ser así (porque los demás te necesitan o porque se trata de tus padres o de tus hijos)

. abusas de tu puesto de trabajo solo porque tú estás en una posición jerárquica superior e infundes miedo o trazas metas que los demás nunca cumplen (supones que tus colaboradores son bastante inútiles, no que lo que pides es irracional)

. crees que la gente humilde solo puede esperar que le pasen por encima o no la tengan en cuenta (después de todo, tienen alma de perdedores, no son como tú)

. no oyes conceptos ni conceptos de los demás, ¿para qué hacerlo, si tienes las cosas más claras que ellos?

. no toleras que te contradigan

. no se te pasa por la cabeza ser generoso ni entiendes cómo otras personas dan demasiado de sí (la soberbia suele ir de la mano con el egoísmo)

La soberbia enferma.

Te hace arrogante e irrespetuoso, por lo que siempre estás al borde del conflicto con quien se cruce en tu camino.

Te hace perder tu centro, entender dónde estás parado y cuál es tu lugar en la sociedad.

Como es sabido, es uno de los siete pecados capitales.

Y es el caldo de cultivo para la amargura y la tensión constantes.

La persona soberbia no es feliz. Y esto lo sostengo al 100 %.

Ya que querer tener siempre la razón, buscando el desmedro de los demás, y sostener una postura tan altiva, cuesta demasiado y, como resultado, aísla, tensiona, envenena.

Hoy es un excelente día para bajar la guardia, mirar a los demás con otros ojos, relajarte y conectarte con quienes te rodean desde otro lugar.

¿Lo intentarás?

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