miércoles, 12 de junio de 2013

Ser vulnerable

Ser vulnerable no es ser débil.
Al contrario, sólo una persona firme y madura
puede permitirse conocer su propia vulnerabilidad,
aceptarla y dejar que se sepa.
La persona débil oculta su debilidad, evita los ataques
y erige defensa para protegerse y poder huir.
Una armadura pesada siempre esconde un carácter débil.

Durante mis estudios de matemáticas
tuve ocasión de observar a profesores de todo tipo.
El mejor de todos ellos era un verdadero sabio en la materia,
lo sabía todo y lo entendía todo, era genial en sus demostraciones
y encantador en sus constantes equivocaciones
al hacer los cálculos más sencillos.

Recibía de buena gana cualquier sugerencia.
Sabía la asignatura y mucho más que la asignatura,
y sabía que sabía, y sabía que nosotros sabíamos que sabía,
y eso le permitía mostrar su ignorancia llegado el caso,
en vez de tratar de disimular un error con falsos pretextos.

Era abiertamente vulnerable, y lo era precisamente
porque estaba seguro de sí mismo.

La confesión de vulnerabilidad nos abre a relaciones amistosas
con otras personas, ya que ellas son tan vulnerables como nosotros.

En la debilidad se esconde la fuerza, y éste es el principio
de salvación en todos los órdenes.

Ser vulnerables quiere decir confesar sentimientos,
admitir que no somos indiferentes a la alabanza
o al desprecio, a la comodidad o a la molestia,
al éxito o al fracaso; quiere decir revelar el mal humor
así como el bueno, y saberse y declararse víctimas de la envidia
y el enfado y el desánimo y la ansiedad.

Ser vulnerable quiere decir que no siempre nos sentimos felices,
no siempre estamos de buen talante, no siempre nos dominamos,
no siempre estamos seguros de lo que hacemos y porqué lo hacemos.
Ser vulnerable quiere decir ser humano.

P. Carlos G. Valles


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