martes, 11 de junio de 2013

Gritos de esperanza

Cuando sólo miramos lo malo de la vida,
nuestro existir se torna un tanto melancólico,
vemos y esperamos las cosas en su aspecto más desfavorable,
todo se nos torna color gris
ya que nada nos satisface y nos estancamos
dentro de una vida carente de variedad
¿qué mejor que disfrutar cada día de lo bueno
que nos da la vida, agrandar todo lo bueno
y mimetizar todo lo malo? teniéndolo en cuenta
cuando lo vamos a convertir en bueno.

Para qué volverse loco y agobiarse por cosas externas
que no tienen nada que ver con la sensibilidad espiritual
de cada ser humano; cada persona ve el mundo no como es,
sino como es ella, gracias al todopoderoso
no todos somos iguales, cada cabeza es un mundo
y el mundo entra de una forma diferente a cada cabeza.

Para mí, deprimente sería no poder respirar el oxígeno
que se nos regala, despertar y que en el cielo no se manifieste
ese amarillo cielo, ese azul tornasol y esos rayos de blanca luz
que bajan cada día hacia mí para recordarme
que tengo tantas cosas que agradecer y tan pocas de qué quejarme,
esa luz, que como no es elaborada con petróleo,
se manifiesta día a día para mostrarme la puerta resplandeciente
de esperanza por la cual saldré para hacer que mis sueños
dejen de ser sueños y se conviertan en realidad.

No dejarlo todo en esperanza y luchar día a día,
para que deje de ser esperanza y se convierta en algo palpable,
algo de lo que sí podamos estar orgullosos,
algo que podamos disfrutar a plenitud cada segundo
de nuestra existencia, el tiempo esta ahí para recordarnos
que no somos eternos y que nada dura para siempre,
y qué mejor que en esta estadía de la que cada uno disfruta
en esta tierra podamos dejar hechos grabados en la piedra
de la de la memoria del corazón de cada ser humano
que sepa de nosotros, donde viento ninguno en todo el mundo
podrá borrarlo.

Desgracia sería no tener identidad, no tener playas de olas
que gritan a voces que les pertenecemos
y ellas nos pertenecen a nosotros,
que nos recuerdan que hay cosas más fuertes
e importantes que el ser humano, éste es sólo una pequeña parte
de este cosmos, desgracia sería no poder ver mis sueños
ni escuchar mis sentidos, sentir que nada funciona
y que todo está errado.
Una condena sería vivir con temor a que mis edificaciones
pudieran ser destruidas de una día a otro,
sería salir a mi mundo para vivir mi cotidianeidad
y no tener a alguien con quien cruzar palabra alguna,
condena sería nacer con mi destino ya planeado
para sufrir la misma suerte y pasar
las mismas vicisitudes que mis ancestros.

Fatalidad sería andar y andar y caminar mirando siempre
al mismo lugar, no poder dejar mi huella marcada atrás
o que más bien, mi huella no merezca quedar marcada.

La vida es mucho más divertida cuando dejamos de culpar
a los otros por todo lo que nos sucede,
por qué no hacer que todo en nosotros obre
por un propósito, el tiempo poco a poco se encarga
de marcar nuestras vidas, ahora nos toca a nosotros,
encarguémonos de marcar el tiempo.

Desconozco a su autor


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