viernes, 14 de junio de 2013

Cosechamos lo que sembramos

¿Por qué vivir pensando en si a los demás les gustará
lo que vamos a hacer; por qué vivir mortificados
si cada una de nuestras acciones
será aprobada por la sociedad?;

mejor entendamos, que cada cosa que hagamos producirá
un efecto en el mundo exterior, en las demás personas,
y que esos efectos me ayudarán o perjudicarán
en mi continuo caminar hacia las metas que me he fijado.
¿Por qué no observar a las personas
y analizar su comportamiento hacia nosotros,
en función de las acciones que nosotros vamos realizando
en nuestra vida; por qué no entender,
que lo que nosotros recibimos de parte de la sociedad
es un resultado de lo que nosotros mismos le hemos dado?
Por qué no entender, de una vez por todas,
que si bien sigo un camino único y soy un ser distinto
a todos los demás, todo lo que yo haga provoca
una reacción en el resto de mis hermanos,
y que si lo que busco es lograr el respeto, la amistad,
la admiración de los demás, cada uno de mis actos
debe estar cuidadosamente vigilado para obtener
precisamente esos resultados.
Si la sociedad me rechaza, seguramente ha sido
porque mis acciones no han estado acordes
a lo que es comúnmente aceptado;
si el trato que recibo de parte de los demás
no es de mi agrado, debemos entenderlo como una respuesta
a lo que nosotros mismos hemos estado haciendo.

¿Deseamos la felicidad?
Esa es la pregunta que debe estar permanentemente presente
en nosotros; entonces, busquémosla a través de nuestras acciones,
cuidemos cada uno de nuestros pasos,
para que la respuesta que obtengamos del mundo sea justamente
la que nosotros esperamos. Vivir plenamente,
disfrutando cada momento de la vida y participando
de esa experiencia a los demás, es iniciarse en el camino
de la permanente felicidad.
Hagamos de nuestra vida un eterno estudio,
analicemos cada acción, cada paso,
y las consecuencias que obtenemos de parte de la sociedad
que nos rodea; vivamos una vida en donde cada hecho
no sea sino una lección dedicada especialmente para nosotros;
permanezcamos receptivos, porque las claves supremas
del comportamiento humano se esconden
en los lugares más increíbles y surgirán a la luz
en el momento menos esperado.

Kwan Yin


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