lunes, 6 de mayo de 2013

Egoísmo por Merlina Meiler

Últimamente, me estoy encontrando con bastante gente egoísta. Incluso más que en otros momentos.

En realidad, pensándolo bien, tal vez antes no reconocía el egoísmo y tuve que aprender a hacerlo. Uno suele no darse cuenta de actitudes o de comportamientos que desconoce o que nos son muy ajenos.

De hecho, hasta me costaba ponerle nombre a las acciones de otras personas. Las catalogaba como “poco generosas” hasta que alguien, recientemente, al comentar cómo se comportaba una conocida, me dijo: ¡Merlina, eso es egoísmo!

¿Será que como vivo en una gran ciudad, la gente tiende más a cerrarse y a concentrarse en sus propios temas?

Definitivamente, el egoísmo es una conducta que no entiendo ni justifico.

Veo seres que quieren todo para ellos, madres que no se han corrido del centro de su universo después de tener niños (y que anteponen sus propias necesidades a la de sus pequeños), padres que gozan de una buena posición económica y la disfrutan solamente ellos (sin compartir los “gustos” con su familia).

Hay quienes, pudiendo dar una mano a quienes menos tienen (ya sea tiempo, dinero, etc.) no hacen absolutamente nada por su prójimo. Incluso estando en una posición o en un puesto en que deberían hacerlo.

Otros simplemente acumulan, se sienten seguros o poderosos quedándose con todo para ellos, sin darse cuenta de que ayudar a que todo circule brinda un beneficio (espiritual, social, energético) mucho más profundo que lo imaginado.

Para mí, una de las palabras claves en la vida es “compartir”. Lo que se pueda, lo que haya, lo que el otro necesite.

Cuanto más damos, más recibimos a cambio. Lo digo, enteramente, por experiencia personal.

Nuevamente, ¿será que las grandes ciudades alienan a la gente o potencian más los defectos que las virtudes?

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