martes, 19 de marzo de 2013

¿Víctima, victimario o salvador? por Merlina Meiler


Hay tres posturas en una pareja que nos pueden llevar a entablar relaciones des-parejas y que nos depararán más infelicidad que buenos momentos: ser víctima, victimario o salvador.

Ser víctima, es sentir que nos sacrificamos por el bienestar de otra persona (“pobre de mí”). Padecemos un daño por hacerlo, y sentimos culpa si no adoptamos esta posición. Corremos riesgos de diversa índole, estamos propensos a recibir maltratos y desvalorizaciones constantes, nuestra autoestima y probablemente nuestra salud se ven minadas, en pos de lo que consideramos que es bueno para los demás. No tiene nada de valioso ni de sano ser una víctima o sentirnos indefensos ante los designios de otro ser. Si por alguna razón que conozcas o que desconozcas te hallas en esta situación, es hora de que pongas un freno a lo que está sucediendo, vuelvas a hacerte cargo de tu vida y comprendas que solo siendo una persona bien plantada en tus dos pies y erguida podrás dar lo mejor de ti y hacer bien a quienes te rodean, sin desaparecer en ese vínculo.

Un victimario es quien somete a otro individuo de alguna manera, al punto de infligir daños en muchas ocasiones. Pueden ser abusadores o maltratadores, tanto en el plano psicológico como en el físico. Suelen responsabilizar de su proceder a sus víctimas y tener personalidades dominantes. Hay gente cuya fachada externa es cordial y agradable, pero en la intimidad, cumplen con esta descripción de agresión y de abuso. Para que haya un victimario es necesario que cuente con su contrapartida, una víctima. En caso contrario, no puede actuar como tal. Este es un punto importante a tener en cuenta si te parece que eres la víctima del proceder de otra persona: tú le estás dando el poder para hacerlo.

El salvador es el tercer vértice de este triángulo “dramático”, es suponer que por nuestro proceder o, nuevamente, debido a nuestro sacrificio, nuestro interlocutor cambiará su forma de ser, se quedará con nosotros, dejará de lado conductas que consideramos reprochables o impropias… reaccionar como salvadores en una relación de pareja genera una dependencia muy alta, podemos perder años de nuestra vida creyendo, por ejemplo, “que él dejará de ser mujeriego y me elegirá”, “que ella cambiará su forma de ser que yo no apruebo y será la mujer que quiero”. Para que haya un salvador, debe haber un “salvado”.

Cuando uno se corre de un rol, la otra persona del vínculo se ve forzada a adoptar otra postura, ya que no encuentra la contraparte ni los estímulos que antes hallaba. Esta es una buena manera de comenzar a desarmar este triángulo y de acceder a relaciones más placenteras, felices y parejas.

¿Eres o has sido víctima, victimario o salvador en una relación?

Fuente: http://www.mejoraemocional.com/

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