viernes, 1 de marzo de 2013

Mejora para parejas: Enojo persistente por Merlina Meiler

Es lógico e incluso saludable sentirnos molestos con nuestra pareja porque ha dicho o hecho algo que nos desagradó o nos cayó mal. Se trata de una reacción normal y lo mejor es expresar nuestro malestar, de la manera que nos nazca, para limpiar la pizarra y no estar arrastrando bagajes que, con el correr del tiempo, suelen acrecentarse y causar daños profundos.

Este último sería el enojo (que yo llamo persistente) conformado por la sumatoria o por la repetición de hechos que nos fastidian y que está permanentemente latente, causando insatisfacción, infelicidad y una sensación constante de que las cosas no están bien con nuestro compañero.

Es probable que supongas que tu deseo o tu interés en el otro ha decrecido porque hace años que están juntos y “es lógico que esto suceda” (¿?) o porque las cosas cambiaron al decidir convivir, después de tener hijos o de que se produzcan otros cambios de envergadura en la vida de alguno de los integrantes de la familia (ida de los hijos del hogar, cambio en las condiciones laborales, desempleo, enfermedades, deceso de familiares cercanos, etc.), pero lo cierto es que el enojo o la ira acumulados, sin una ventanita de escape para aliviarlos (en el caso de las relaciones humanas, podría ser una conversación con el otro para hacerle saber que algo te está molestando o no te hace plenamente feliz), provocan que la desazón vaya en aumento y alcance niveles altísimos, además de ser la constante que domine tu trato con el otro.

Algunos ejemplos de situaciones que pueden llevar a un enojo persistente:

- Tu pareja te engañó y, aunque dijiste que lo/la perdonabas y que querías seguir apostando a la relación, lo que sientes internamente es diametralmente opuesto a lo que expresaste en tus palabras

- Tu marido te maltrata (verbal, psíquica o físicamente) o no te da tu lugar y, a pesar de que busques excusas para justificarlo: “es buen padre”, “no me hace faltar nada”, “me pidió perdón”…, sabes que estás tolerando lo intolerable

- Tu esposa se abandonó como mujer después de tener tus hijos y, por consiguiente, tú te sientes dejado de lado y, en ciertos momentos, extrañas a la mujer que elegiste como compañera

- Estás relacionado sentimentalmente con alguien que “está por dejar a su pareja porque se llevan mal”, pero el tiempo pasa y esto no se concreta (y parece que no se llevará a cabo nunca). Te has cansado de palabras bonitas huecas.

Lo que sucede es que el enojo persistente comienza a extenderse hacia todas las áreas de tu relación de pareja. Generalmente, se manifiesta como “algo” que no podemos explicar claramente y que nos produce desasosiego o incomodidad. Desconocemos la razón por la cual estamos incómodos o desganados (en cualquier aspecto: sexual, sin ganas de salir o de compartir, no nos nacen comportamientos que en otros momentos eran cotidianos, como hacer una caricia o mimo, interiorizarnos por cómo está el otro, ofrecerle una bebida o algo para que lo haga sentir bien, dejar de tener pequeños detalles porque ya no nos dan ganas, etc.).

Con una mano en el corazón, si notas que tu vínculo sentimental se ha modificado de manera tal que no eres tan feliz como antes ni tienes deseos de tener actitudes o de estar en situaciones que antes eran moneda corriente, analiza qué te gustaría decirle a él/ella. Piensa qué te puede estar molestando (aunque parezca insignificante, ¡no lo es para ti!).

Seguramente, tienes una idea y descorrer el velo que te separa de ella permitirá que llegues al nudo del problema.

Sincerarte en este aspecto es un muy buen primer paso para que tengas una mayor tranquilidad interior y, desde este lugar, poder hablar con claridad con la persona con la que compartes tus días, para llegar juntos a una mejora en la comunicación entre ustedes dos.

Fuente: http://www.mejoraemocional.com

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