domingo, 3 de febrero de 2013

¡Dejemos partir el dolor! por Merlina Meiler

Te vuelves a encontrar con tu viejo amigo, el dolor. Ya has pasado por situaciones donde el corazón se te ha hecho trizas: te han abandonado, engañado, han traicionado tu confianza… estas situaciones se repiten, tus anclas de dolor vuelven a dispararse con la misma intensidad que en el pasado… Te estremeces de sólo darte cuenta que estás volviendo a caer en ese pozo oscuro llamado dolor desgarrador… ¿estás dispuesto a transitarlo por última vez? ¿Sí? Entonces, acompáñame…

Las situaciones repetitivas que se dan en nuestra vida están tratando de enseñarnos algo. Tal vez encuentras que te has vuelto a enamorar de alguien que te es infiel. O has sido abandonada nuevamente por alguien en quien tú confiabas. Te han mentido… otra vez. ¿Qué tienes tú que aprender de eso? ¿Qué estás proyectando de ti mismo que atraes ese tipo de parejas a tu vida? ¿Estás repitiendo una historia familiar o hay algo de tu propia persona de lo que aún no te has dado cuenta o que no quieres ver?

¿Y cómo hacer para entender el mensaje que tu inconsciente quiere darte a través de una conducta repetitiva, si el dolor no cesa, te embarga y no te permite avanzar? Esta técnica combina el método para quitar un dolor que aprendí de John Grinder en su certificación de Master en PNL con una pizca de técnicas de Milton Erickson. ¡Funciona de maravillas! Pues bien, relájate, siéntate bien cómodo, respira hondo un par de veces y empecemos el recorrido hacia el bienestar…

Antes que nada, tengo que hacerte una pregunta: ¿estás dispuesto a transitar por este tipo de dolor por última vez? ¿Sí? Esta decisión total es esencial para que el ejercicio funcione. En caso de dudas… el resultado también será dudoso.

Si estás dispuesto (o dispuesta) a dejar atrás este dolor y abrirte a un nuevo presente que generará un mejor futuro, entonces, comencemos por darle la bienvenida a esta sensación. ¡Sí, es tuya, y todo lo tuyo es bienvenido! Si está aquí es por algo, así que ¡bienvenido dolor! Ahora, y ya que es la última vez que lo sentimos, vamos a intensificarlo, lo hacemos más grande, le damos más sonido, le ampliamos todas las submodalidades de tamaño, volumen y sensación que queramos. Más y más. Si sientes alguna molestia relacionada con este dolor tan grande en el plano físico, por ejemplo, opresión en el pecho o nariz enrojecida de tanto llorar, también intensifícalos. Más y más.

Ahora, pregúntate a ti mismo (o sea, a tu inconsciente), así relajado como estás en este momento: ¿qué deseas que cambie para que se quite este dolor tan grande? Quédate unos minutos sentado, tranquilo, con los ojos cerrados, y piensa nuevamente en la pregunta que acabas de hacer: ¿qué quieres que cambie para que se quite el dolor? Es probable que recibas una señal en forma de algo que veas, que escuches o que sientas, presta mucha atención, mientras te sigues relajando. Puede ser cualquier cosa, un color, una sensación en alguna parte del cuerpo, unas palabras.

Quédate unos minutos así, respirando con tranquilidad. Así como llegan imágenes de algo que ves, escuchas o sientes en este momento que está contestando tu pregunta, préstale atención, y además la respuesta llegará por sí sola en la próxima semana, en los próximos días, yo no sé exactamente cuando y tu inconsciente sí lo sabe, tal vez el martes o el viernes próximos, recibirás una señal clara e inequívoca de qué necesitas cambiar para que el dolor se quite.

Sigue relajado un rato más. Respira hondo. Saluda al dolor, dile ¡adiós! por última vez y observa cómo te sientes bien aliviado. Con el correr de los días notarás cambios asombrosos en tus conductas habituales que te sorprenderán gratamente.

Fuente: 
Mejora Emocional

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