miércoles, 30 de enero de 2013

Te amo pero no te soporto

¿Es posible amar a una persona, cuyas manías y rutinas te sacan de quicio? ¿Te ha pasado? No te asustes, al parecer es más común de lo que muchos imaginan.

Todos en algún momento, de diferentes maneras y en distintos grados, sienten que no son capaces de soportar algunas cosas del otro.

La mujeres sueñan de niñas con ese amor de cuento de hadas, con el típico final de “se casaron y fueron felices para siempre”, pero cuando crecen se ríen de ese final, porque saben perfectamente que a partir de la convivencia, empieza lo bueno (o lo malo, para ser más directos), y se preguntan qué habrían hecho Cenicienta, Blanca Nieves o la Bella Durmiente para mantener su matrimonio, cuando después de la luna de miel, su respectivo Príncipe hubiera comenzado con las críticas: “Ah, tu obsesión por la limpieza”, “No aguanto a tus amigos, los enanos”, “¿Cuánto tiempo puedes dormir? ¡Levántate de una vez”!

Y es que la rutina, el aburrimiento y las exigencias de la convivencia, pueden transformar los encantos en defectos. Lo que en un comienzo fue “dedicación” ahora es obsesión, y alguien a quien veíamos como un tipo audaz se convierte en irresponsable. Sin contar con que durante el romance cada uno triplica sus bondades con el deseo de agradar y en la convivencia triplican los defectos para lograr adaptarse.

No es que la convivencia mate el amor, pero vaya que lo pone a prueba. Es ahí cuando sueles encontrarte en esta encrucijada: sí, te amo... pero no te soporto.

SABER SER PAREJA

Tomás Angulo asegura haber escuchado esa frase miles de veces en los 17 años que lleva como terapeuta de parejas. Quizás lo dicen de muchas maneras, pero al final, ese es siempre el problema. Él asegura que todos los que acuden a consulta, de diferentes maneras y en distintos grados, hablan de su poca capacidad de soportar algunas cosas del otro.

¿Por qué ocurre esto? La respuesta para el profesional es simple: “Porque no nos enseñaron a ser pareja”.

Angulo explica que, en nuestra realidad, venimos de padres que no hicieron pareja sino familia, anulando su rol de compañeros. Antes, un hombre se sentía pareja porque era buen padre, porque cumplía con su mujer y sus hijos. Eso es lo que hemos copiado.

“Pareja es abrazarse, besarse, dormir juntos, tener buen sexo. Y eso no incluye, necesariamente, a los hijos”, afirma.

Muchas parejas pueden sentir que viven distinto, que son modernas y compañeras, pero esa información recibida de los padres se queda y aflora en algún momento.

Influye también que nos hayan hecho creer que el amor es algo maravilloso, que todo lo puede y cura. Pero el amor no tiene la propiedad de mantener una pareja unida. Lo que la une son las habilidades para la convivencia. El amor es un condimento importante para sentirnos plenos, agradables, pero no tiene propiedades curativas.

“Existen tres mitos acerca del amor que tenemos que quitarnos de la cabeza. El primero es: amor es que pienses igual que yo; amor es que sientas igual que yo y, por último, amor es que hagas las mismas cosas que hago yo (¡y que te gusten!). Eso es imposible. Una pareja no es una sola persona. Son dos individuos distintos que no tienen por qué ser iguales, sino más bien complementarse”, explica.

Aquí interesan las cualidades de soporte y contención: la paciencia, la flexibilidad, la tolerancia, el ceder, el perdonar. Si una de las partes maneja mejor eso y le enseña al otro, sin importar las equivocaciones, se puede decir que esa pareja ha desarrollado habilidades para la convivencia.

Porque claro, es muy fácil “amar” a alguien que no tiene nada que nos moleste. La cosa es saber que lo que sentimos es más grande que los defectos que nos pueden desesperar, y aprender a convivir con ellos. Y es que si se supone que debemos aceptar a nuestros amigos, a nuestros vecinos, a nuestros semejantes en general, tal como son, con mayor razón si se trata de nuestra pareja.

“La gente tiende a generalizar, llega al consultorio y dice “No lo(a) aguanto”, y yo les tengo que preguntar ¿qué es lo que no aguantas? Porque siempre hay sectores compatibles y sectores incompatibles. El problema está cuando queremos cambiar a la otra persona en esas cosas en las que no hay compatibilidad. Y es que aceptar significa aceptar justamente lo que no nos gusta”, señala Angulo.

¿VALE LA PENA?

Angulo señala que ese no lo soporto tiene que ver, muchas veces, con lo que detestábamos en nuestra vida anterior a la de pareja. Y si estos “dolores” emergen y no se saben comunicar, la bomba de tiempo está encendida.

Lo importante, entonces, es sabernos comunicar en lugar de discutir y generar una crisis. La habilidad de dialogar es un privilegio de pocos y la dificultad de hacerlo puede llevar a los involucrados a los dramáticos niveles de la ‘Guerra de los Roses’.

¿Hay solución para las parejas que se aman, pero no se soportan? Tomás Angulo dice que sí, pero solo para algunos. La comprensión y la autocrítica son los pilares para “soportar” a quien amamos. “Si tú comprendes que le dueles al otro y tienes la autocrítica suficiente para reconocer que eres terco/a y molestas, tienes muchas posibilidades de salir adelante”.

Pero también tiene claro que hay casos imposibles, y cosas que no son negociables como el maltrato físico o psicológico y la infidelidad. O el miedo de ser uno mismo que hace que uno de los dos no se sienta libre, que esté siempre pidiendo permiso y sintiéndose culpable de hacer algo que le gusta.

“Es curioso, pero este tipo de personas son las que en realidad viven una vida que no soportan y no se dan cuenta”, dice el terapeuta y aclara que hay que saber diferenciar entre el amor y la costumbre o los lazos que se crean con la convivencia. Porque si hay algo peor que “te amo, pero no te soporto”, eso es: “te soporto, pero no te amo”. Eso sí es grave e irreversible.

Revista Caretas 2185 del 16 de Junio 2011


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