jueves, 31 de enero de 2013

¡O cambias, o te cambio!

“¿Cómo puedo hacer para que él se comunique más?”, “quiero conseguir que ella sea dulce y cariñosa”, “él tiene que dejar de ser tan egoísta”, “tengo que lograr que ella se vista como a mí me gusta”. Estos son pensamientos que surgen en las personas cuando quieren cambiar algún aspecto de su pareja. Lo cierto, es que en nuestro entorno tenemos personas que quisiéramos que cambien algún aspecto de su manera de ser, pero, intentar cambiar a alguien no funciona, ya que la única persona que podemos cambiar es a nosotros mismos.

¿Por qué tenemos esa mala costumbre de querer cambiar a la pareja? y ¿qué nos hace pensar que podemos hacerlo? En realidad, intentar cambiar a alguien no tiene sentido; cada cual es como es, y para que alguien cambie tiene que querer cambiar. La mayoría de las personas quieren convencer al otro de que su posición es la correcta, pero en realidad, no hay postura correcta. Hay que aprender a aceptar que lo que para ti es bueno, quizás, para la otra persona no lo es. Este enfoque o postura demuestra solidez y respeto hacia la persona y la relación que tenemos con ellos, aceptando que uno no lo es todo y que no siempre tenemos la razón.

Probablemente, tu pareja es feliz con su personalidad incluyendo esas partes que a ti tanto te disgustan. Pregúntate si te enamoraste realmente de tu pareja o de la percepción que tenías de ella, porque en ocasiones eso es lo que ocurre. A veces, incluso las personas se enamoran pensando en el potencial del otro y piensan que ellos conseguirán que cambie, que el amor lo logrará, y que cambiará por ellos y gracias a ellos. Intentar cambiar a tu pareja no tiene sentido y en el intento pierdes tú, pierde la otra persona y ¡pierde la relación!

En ocasiones, aquellas cosas que te molestan de tu pareja son aspectos propios que tienes reprimidos o no resueltos. A menudo, la persona nos funciona como un espejo y nos hace ver comportamientos o situaciones pasadas reflejadas en ellos. Tomando en cuenta esta observación cuando te moleste una situación, intenta ver qué cuestión personal se refleja en ese conflicto. A menudo, el hecho de intentar cambiar a nuestra pareja nos aleja de nuestras propias debilidades enfocándonos en ellos y no en nosotros.

En vez de utilizar tu energía para cambiar al otro, utilízala para observarte, y para conocer aspectos de ti mismo que están ocultos. Así podrás descubrir que es lo que te pasa con según que actitudes o comportamientos de tu pareja y te ayudara a encarar los conflictos que surgen en la relación con una actitud de revisar “qué te pasa a ti”.

Lo que es sano y muy positivo para tu relación de pareja es trasmitirle los comportamientos que te hacen daño, pero esto es diferente a querer cambiar a alguien. La comunicación aporta información a la otra persona de cómo te sientes, fomenta el crecimiento personal en ambos y ayuda a la otra persona a darse cuenta de aspectos de su personalidad que a ti te hacen daño. Así, le darás la oportunidad a tu pareja de ver sus comportamientos, trabajarlos y modificarlos si realmente eso es lo que quiere hacer.

A veces, la insistencia de querer cambiar a alguien es muestra de nuestro propio egoísmo o egocentrismo, que nos hace pensar que nuestros comportamientos son los correctos. Y en otras ocasiones es miedo a reconocer que si al final la persona no modifica su comportamiento vamos a tener que replantearnos la relación o incluso dejarla. Intentar cambiar a alguien es agotador e imposible y tomar una decisión puede ser aterrador, pero, ¡liberador!

Sin embargo, las relaciones exitosas no fuerzan al otro a ser como ellos quieren que sean, sino que trabajan para aceptar las diferencias. El por qué de querer cambiar a la pareja es una pregunta que sólo se la hacen aquellos que están preparados para recibir la respuesta, ya que quienes no están preparados para recibirla, ¡no se plantean la pregunta!

Por: Esther Esteban



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