viernes, 25 de enero de 2013

Gente quejosa por Merlina Meiler

La gente quejosa no me agrada.

Y no estoy hablando de las personas que, en caso de algún problema o contratiempo puntual, muestran pesar, desesperación o desánimo a la hora de buscarle una solución.

Esta gente sí que obtiene toda mi atención y mi apoyo.

Me refiero, específicamente, a quienes constantemente están quejándose por algo.

Parecería que, a diario, el mundo está por derrumbarse para ellos.

No solo les suceden infortunios constantemente, sino que si todo está bien, los buscan y los encuentran –en esto se escudan para seguir expresando su desazón a los cuatro vientos.

Como se dice comúnmente, “ven el vaso medio vacío” en todas las circunstancias.

Siempre hallan alguna razón para expresar alguna desavenencia o pesadumbre por algo que les molesta o que no se ajusta a lo que esperaban.

Y si lo que sucedió cumple con sus expectativas, lo minimizan hasta que encuentran el punto en el que no todo es ciento por ciento satisfactorio. Y ahí vuelven a quejarse porque, obviamente, lo perfecto no existe (y menos para ellos).

Como comenté al principio, este tipo de gente me desagrada, por diversos motivos:

. Porque no ven, no valoran ni tampoco agradecen todo lo que tienen (que suele ser muchísimo).

. Porque se concentran en el pequeño detallecito que tal vez no cuaja y se olvidan del panorama general, de lo grande.

. Porque no tienen en claro sus prioridades y se enfocan en lo secundario.

. Porque con sus quejas constantes, creo que intentan victimizarse y llamar la atención de los demás, de la manera más arbitraria y molesta posible.

. Porque se vuelven monotemáticos y no hay manera de hacer que modifiquen su centro de atención: si tuvieron que esperar demasiado tiempo el transporte público para ir a trabajar, si casi chocan o si se olvidaron algo en su casa, deberemos tolerarlos hablando de lo mismo durante –casi- toda la jornada.

Todos carecemos de cosas o apostamos a algo y obtenemos otro resultado. También, nos ocurren imprevistos diarios con los que tenemos que lidiar y muchos de ellos no son precisamente bienvenidos. Y no por eso nos apartamos de nuestro eje ni nos desconcentramos de lo que realmente es importante. Tampoco involucramos la atención de los demás en una percepción negativa de lo que acaeció.

Puedes elegir entre quedar resentido por un tema y volver a él en toda oportunidad que surge (o que no surge y generas compulsivamente) o asumir el hecho y seguir adelante con tu hermosa vida (sí, el resto –fuera de la queja- puede ser vívidamente hermoso).

Si te toca tratar con gente quejosa a menudo, de ti depende hacer oídos sordos a lo que dicen y no enredarte en sus palabras (y manipulaciones). También puedes contestarles con ironía y humor –esto suele desarmarlos y, por ende, les cuesta un rato volver a conectarse con su queja interna. Si permites que te molesten –ya se vuelve tu problema.

En toda ocasión, hay más de una opción para elegir y depende enteramente de ti.

¿Te consideras una persona quejosa? ¿Cómo te llevas con la gente que se queja constantemente?

Fuente: http://www.mejoraemocional.com

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