sábado, 29 de diciembre de 2012

¡Dejemos partir el dolor! por Merlina Meiler

Te vuelves a encontrar con tu viejo amigo, el dolor. Ya has pasado por situaciones donde el corazón se te ha hecho trizas: te han abandonado, engañado, han traicionado tu confianza… estas situaciones se repiten, tus anclas de dolor vuelven a dispararse con la misma intensidad que en el pasado… Te estremeces de sólo darte cuenta que estás volviendo a caer en ese pozo oscuro llamado dolor desgarrador… ¿estás dispuesto a transitarlo por última vez? ¿Sí? Entonces, acompáñame…

Las situaciones repetitivas que se dan en nuestra vida están tratando de enseñarnos algo. Tal vez encuentras que te has vuelto a enamorar de alguien que te es infiel. O has sido abandonada nuevamente por alguien en quien tú confiabas. Te han mentido… otra vez. ¿Qué tienes tú que aprender de eso? ¿Qué estás proyectando de ti mismo que atraes ese tipo de parejas a tu vida? ¿Estás repitiendo una historia familiar o hay algo de tu propia persona de lo que aún no te has dado cuenta o que no quieres ver?

¿Y cómo hacer para entender el mensaje que tu inconsciente quiere darte a través de una conducta repetitiva, si el dolor no cesa, te embarga y no te permite avanzar? Esta técnica combina el método para quitar un dolor que aprendí de John Grinder en su certificación de Master en PNL con una pizca de técnicas de Milton Erickson. ¡Funciona de maravillas! Pues bien, relájate, siéntate bien cómodo, respira hondo un par de veces y empecemos el recorrido hacia el bienestar…

Antes que nada, tengo que hacerte una pregunta: ¿estás dispuesto a transitar por este tipo de dolor por última vez? ¿Sí? Esta decisión total es esencial para que el ejercicio funcione. En caso de dudas… el resultado también será dudoso.

Si estás dispuesto (o dispuesta) a dejar atrás este dolor y abrirte a un nuevo presente que generará un mejor futuro, entonces, comencemos por darle la bienvenida a esta sensación. ¡Sí, es tuya, y todo lo tuyo es bienvenido! Si está aquí es por algo, así que ¡bienvenido dolor! Ahora, y ya que es la última vez que lo sentimos, vamos a intensificarlo, lo hacemos más grande, le damos más sonido, le ampliamos todas las submodalidades de tamaño, volumen y sensación que queramos. Más y más. Si sientes alguna molestia relacionada con este dolor tan grande en el plano físico, por ejemplo, opresión en el pecho o nariz enrojecida de tanto llorar, también intensifícalos. Más y más.

Ahora, pregúntate a ti mismo (o sea, a tu inconsciente), así relajado como estás en este momento: ¿qué deseas que cambie para que se quite este dolor tan grande? Quédate unos minutos sentado, tranquilo, con los ojos cerrados, y piensa nuevamente en la pregunta que acabas de hacer: ¿qué quieres que cambie para que se quite el dolor? Es probable que recibas una señal en forma de algo que veas, que escuches o que sientas, presta mucha atención, mientras te sigues relajando. Puede ser cualquier cosa, un color, una sensación en alguna parte del cuerpo, unas palabras.

Quédate unos minutos así, respirando con tranquilidad. Así como llegan imágenes de algo que ves, escuchas o sientes en este momento que está contestando tu pregunta, préstale atención, y además la respuesta llegará por sí sola en la próxima semana, en los próximos días, yo no sé exactamente cuando y tu inconsciente sí lo sabe, tal vez el martes o el viernes próximos, recibirás una señal clara e inequívoca de qué necesitas cambiar para que el dolor se quite.

Sigue relajado un rato más. Respira hondo. Saluda al dolor, dile ¡adiós! por última vez y observa cómo te sientes bien aliviado. Con el correr de los días notarás cambios asombrosos en tus conductas habituales que te sorprenderán gratamente.

Hacia la curación por Merlina Meiler


Sufres de alguna dolencia, ya sea física o emocional. Precisas tener paciencia y esperar el tiempo necesario para mejorarte o curarte. O tienes heridas de amor que tardan en sanarse. Hay algo interesante que puedes hacer para aliviar la espera y ayudar, en cierta medida, a que la curación tan ansiada se concrete.
Aunque en algunos momentos estés triste y no veas la luz al final del camino que estás transitando, ten en cuenta que a todos, en algún momento de la vida, nos ha tocado pasar por esta situación. Creo que lo llaman “ley de la vida”: si existen la salud y el bienestar, también existe y se manifiesta su polo opuesto.
Lo primero que me parece necesario es que tengas en claro cuál es tu creencia con respecto a esa enfermedad o a este “mal de amores”. ¿Piensas que durará el tiempo que pronosticado o existe la posibilidad que sea menor? ¿Confías en que puedes lograr la curación (o el olvido) totales, más allá de lo que los especialistas y las estadísticas digan? Para comenzar a transitar el camino que te presento en este artículo, resulta indispensable que medites acerca de estos puntos. Si la respuesta es positiva, ya estás avanzando hacia el equilibrio. Si no estás seguro o tienes dudas, trata de rever tus creencias ya que pueden limitarte o condicionarte al momento de buscar el bienestar total.
Mientras esperamos que los tratamientos surjan el efecto deseado y que el tiempo sea tu aliado en la franca recuperación que se avecina, te propongo un ejercicio que te ayudará a pasar este trance que estás viviendo de manera más relajada y positiva. Lo llamaré “Recuerdos del futuro”:
EJERCICIO
En este momento, así sentado cómodamente como estás, recuerda un momento de tu vida en el que hayas estado sano o feliz. Te sentías bien, todo tu cuerpo funcionaba armónicamente, gozabas de plenitud interna, estabas en buena compañía. ¿Cómo te veías? ¿Cuántos años tenías? ¿Qué sentías? ¿Cuáles eran tus ideales, tus sueños? ¿Qué te producía dicha? Mira y siente la imagen con claridad. ¿Practicabas algún deporte, corrías, jugabas? ¿Cantabas o solías decir algo en especial? Amplía la imagen mientras la sigues disfrutando.
Ten por seguro que si tú recuerdas nítidamente esta imagen de ti mismo, tu mente y tu cuerpo también la recuerdan con nitidez. Es posible que vuelvas a sentirte así. Quédate un rato más disfrutando de esta imagen tuya, revívela todo el tiempo que lo desees y siente cómo te embarga una sensación de paz, confianza y emociones agradables. Sabes que esto fue una realidad para ti, por lo tanto es bien factible que vuelvas a sentirte así, ya que tienes dentro de ti esa capacidad.
Te propongo que todas las noches, al acostarte, antes de dormir, rememores esta imagen tuya en la que estabas sano y feliz, y la recuerdes por unos instantes. Vete a dormir con esta imagen tuya todas las noches, tanto las que estés confiado y tranquilo como aquéllas en las que no te sientas de este modo. Este ejercicio sólo llevará un minuto o dos por día y te apoyará ampliamente en lo que respecta a tu curación.
Fuente: http://www.mejoraemocional.com