jueves, 27 de diciembre de 2012

Poner límites a los hijos


El niño no debe crecer en un ambiente autoritario en el que no se le permita desarrollar su autonomía a la hora de pensar y de actuar, pero tampoco se le debe dejar libre albedrío. Enseñarle cuales son los límites le ayudará a tener una visión real del mundo del que él forma parte.
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Decir NO a los hijos
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La tarea de educar no es fácil pero no le debemos tener miedo, no nos dejemos confundir por las muchas teorías que nos dicen lo que tenemos y no tenemos que hacer y que nos llevan a cuestionarnos nuestra calidad como padres. De manera natural nuestro instinto nos dice como hemos de criar a nuestros hijos pero, a veces, no le hacemos caso. La cosa está clara, queremos a nuestros hijos, queremos que crezcan sanos y felices y que lleguen a ser buenos adultos… por todo ello sabemos que la base de la educación ha de ser el amor y el cariño, aunque sin descartar la posibilidad de poner límites y decirles NO cuando sea necesario.
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saber poner límites a los hijosEn sus primeros años, es a través tuyo, que tu hijo aprende como es el mundo que le rodea, con tus alabanzas y felicitaciones sabe que lo que hace está bien, pero que si algo está mal le reprimes ó regañas. Por ello es básico que tu comportamiento sea consecuente con lo que le quieres enseñar, no le puedes regañar por algo y limitar su comportamiento si tú también actúas de la misma manera.
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Es importante que los padres estén de acuerdo, que se apoyen a la hora de enseñar al hijo que puede y que no puede hacer. En el caso de existir un desacuerdo no es bueno expresarlo delante del niño.
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Has de evitar abusar del NO porque perdería su valor, utilízalo solo cuando sea realmente necesario. Hazlo sin gritar pero con tono firme y contundente para que el mensaje que le llegue al niño no sea contradictorio, por ejemplo si cuando tu hijo de un año se acerca al fuego le dices con voz dulce: “cariño no te acerques al fuego que te quemas” mientras lo alejas del peligro, no estará seguro de lo que está pasando y probablemente lo volverá a hacer.
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Los límites son interpretados por el niño como una prohibición  de algo que quiere tener o hacer y no todos reaccionan de la misma manera ante un NO, los hay que lo aceptan y otros que se quejan y rebelan. Sea cual sea su reacción hemos de estar preparados para afrontarla y superarla, lo importante es mantenernos calmados y firmes ante nuestra decisión y no dejarnos llevar, ni superar por la conducta del niño.
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Los límites deben ser acordes con la edad del niño y por lo tanto a medida que éste crezca, los márgenes deberán ir variando para adaptarse al desarrollo de tu hijo. Por ejemplo, es normal que a un niño de 3 años no le dejes quedarse a ver la tele hasta las 12 de la noche, pero si tu hijo de 10 años te pide quedarse hasta más tarde los sábados por la noche quizá sea hora de ampliar la hora límite para ir a la cama.
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No uses el NO gritando o riñendo ni como una respuesta vengativa o como una herramienta para pacificar una situación.
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Decir NO a los padres
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Los padres también debemos tener límites, debemos ser capaces de mirarnos para detectar y reconocer nuestros errores. Debemos aprender a decirnos NO a nosotros mismos cuando sea necesario.
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Los padres NO debemos pensar que somos una figura intransigente y rígida, que somos la autoridad de la familia y por lo tanto, que nuestros hijos deben acatar nuestras normas y hacer las cosas cuando y como nosotros digamos. Por el contrario debemos ser sus guías, han nacido en nuestra familia pero ya tienen su lugar en el mundo, ya tienen su carácter, pronto sabrán lo que les gusta y lo que no, nosotros como padres, debemos estar a su lado para mostrarles el buen camino hacia su independencia.
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NO debemos guiar a los hijos por el camino que nosotros no pudimos ser. NO hay que vivir a través de los hijos sino con ellos. NO se debe influir en su futuro con lo que hubiéramos querido para nosotros. Escuchar a nuestros hijos, saber que opinan, nos permitirá formar parte siempre de su vida.
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Los hijos NO se hacen personas disciplinadas por vivir en un ambiente dirigido por rutinas y normas rígidas. Por el contrario el niño que crece en un ambiente en el que se le da cariño, respeto, flexibilidad… será un adulto cariñoso, respetuoso y flexible con los demás. Porque los padres somos sus primeros maestros y porque con el ejemplo se aprende, debemos tener siempre cerca el amor y la comprensión.
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NO te dejes llevar por la comodidad, si cuando tu hijo te pide ver un rato más de televisión accedes, aunque piensas que no es lo más correcto, pero así podrás descansar un rato antes de preparar la cena, si cuando vais por la calle tu hijo te pide chucherías se las compras, aunque sabes que luego le va a influir en su apetito, pero así te evitarás una pataleta… piensa antes si lo que consientes le beneficia o le perjudica, piensa si lo haces por él o por ti. A veces, el cansancio y la poca paciencia hablan por nosotros, pero es entonces cuando debemos ser fuertes y explicar a nuestro hijo que ya ha visto suficiente televisión animándole a jugar juntos o a leer un rato, debemos ser disciplinados con nosotros mismos y explicarle que pronto tendrá que comer mientras le distraes con una actividad de camino a casa. NO hay que consentir a los hijos con la excusa de que estarán más contentos o nosotros más tranquilos.
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NO debemos asociar los deseos del niño con necesidades reales. No confundas el NO darle todo lo que pide con el NO quererle, muchas veces decimos “quiero que tenga lo que yo no pude tener”. Pregúntate si es más feliz un niño jugando con sus padres al veo-veo ó al escondite, o un niño solo en una habitación llena de juguetes. Cuando a un niño se le compra todo cuanto pide o cuando se le rompe algo se lo reponemos, no valorará lo que tiene, no aprenderá a usar la imaginación y lo peor de todo, es que hará de una costumbre un derecho volviéndose exigente y caprichoso.
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NO os dejéis llevar por el sentimiento de culpa. Hay muchas situaciones que pueden llevar a los padres a sentirse culpables ante sus hijos, si trabajáis fuera de casa, si estáis separados o divorciados… situaciones que no os permiten estar al 100 % con vuestros hijos y que cuando estáis con ellos os hacen perder la objetividad, consintiendo todas sus peticiones y actitudes como justo pago.
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NO estés constantemente negando todo por sistema pensando que si cedes en algún momento, te perderá el respeto. Se trata de que ambas partes convivan y disfruten con ello. Has de saber encontrar el equilibrio y reconocer cuando hay que relajarse y cuando hay que mantenerse firme. Por ejemplo, si cuando estás en el parque, con tu hijo de 3 años, vas detrás de él con frases como “no te subas tan alto que te caes”, “no te tires por el suelo que te manchas el pantalón nuevo”, “no te metas las cosas en la boca”… el niño se frustra antes de empezar y dejará de tener la curiosidad que lleva al aprendizaje. Lo mejor es que te preguntes ¿hay peligro?, ¿es realmente un problema que se manche la ropa?, ¿existe riesgo para su salud?. Y entonces relajarse y cambiar las frases por otras del tipo: “estás subiendo muy alto, me quedo a tu lado por si necesitas ayuda”, “madre mía como te estás poniendo, en cuanto lleguemos a casa a la ducha”, “no te metas las cosas en la boca”. Decir que NO ha de ser el complemento al SÍ que les hace entender que hay unos límites y que pueden hacer muchas cosas pero no todas.
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Los límites según la edad
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Los límites han de ser acordes a la edad de nuestros hijos y por lo tanto deberán variar conforme vayan creciendo y desarrollándose.
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De 1 a 3 años:
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A partir del primer año de edad la mayoría de niños empiezan a caminar, de repente comprenden que el mundo ya no se acerca a ellos sino que son ellos mismos los que pueden aproximarse a lo que les interesa, que suele ser todo. Es entonces cuando los padres deben de mostrar a sus hijos que hay cosas que son peligrosas y otras a las que no deben de temer. No se trata de ir detrás del niño con frases del tipo “no abras el armario”, “no bajes los escalones que te caes”, “no entres en la cocina”… primero porque te pasarías el día como un policía y segundo porque cohíbes su interés al conocimiento de sus capacidades y del mundo que le rodea. Lo mejor es que limites su acceso a todo aquello que consideras peligroso o que no quieres que trastee, usa sistemas de seguridad como cierres para puertas y cajones, barreras para escaleras y balcones, etc., aleja de su alcance todo aquello peligroso, existen infinidad de artículos para evitarle los peligros del hogar. Una vez tengas el hogar seguro deja que tu hijo explore por si mismo y si cuando al no poder abrir un cajón se enfada enséñale lo que hay dentro, satisface su curiosidad pero explícale que lo que hay dentro NO es bueno para él y que por eso está cerrado, cuando se enrabia porque quiere bajar por las escaleras pero los barrotes se lo impiden, dile que puede ser peligroso y por eso NO puede pasar y enséñale a bajar de manera segura unos cuantos peldaños. Se trata de que tú estés tranquila de dejar a tu hijo por casa para que desarrolle todas sus capacidades libremente.
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De 3 a 5 años:
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En estas edades los niños ya han adquirido mucha autonomía, saben caminar, saltar, correr… son muy apasionados y viven las experiencias muy intensamente, son impulsivos, curiosos, exigentes, activos y su necesidad de descubrirlo todo nos puede ser difícil de entender. Piensa que la visión que tenemos de un niño la hacemos nosotros mismos por ejemplo, si tu hijo hace construcciones con las latas de atún de la despensa podemos pensar “que trasto de niño, ya me ha empantanado la cocina” ó “hay que ver que imaginación y que buen sentido del equilibrio que tiene”, cuando salta desde un escalón más alto y al caer se reboza por la arena tu puedes decirle “!mira como te has puesto la ropa limpia!”, mientras le sacudes como a una alfombra ó “!vaya salto, ha sido impresionante!”, no olvides que tu hijo quiere aprenderlo todo y su única manera es interaccionando con lo que le rodea, sé flexible y limita solo lo que verdaderamente consideras que no es bueno ni para él ni para los demás.
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A partir de 6 años:
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A esta edad los niños quieren tener su lugar en el mundo, quieren hacer las cosas solos y a su manera, tienen su propio criterio de las cosas y no siempre es el mismo que el tuyo. A todos nos gusta hacer las cosas a nuestra manera porque pensamos que es la correcta, pero los padres no siempre tenemos la razón, es muy importante que escuches a tu hijo, valorando y analizando su opinión. No taches a tu hijo de rebelde o digas que no escucha y discute por todo. Reconoce si él tiene razón o explícale porqué lo que tú le dices es lo mejor. Si tu no dialogas ni le escuchas él tampoco lo hará contigo. A esta edad su vocabulario es muy amplio por lo que conocer su parecer y buscar una solución conjunta es más sencillo. Por la misma razón, cuando quieren conseguir las cosas, ya no lo hacen mediante las rabietas, sino con la manipulación.
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Hasta los 6 años hemos mostrado a nuestros hijos los peligros que hay en su entorno, ha aprendido lo que se puede o no hacer dentro y fuera de casa, saben que puede jugar con todos los juguetes que quieran pero que al final deben recoger su habitación, saben que pueden ir sueltos por la acera pero que al llegar al cruce han de dar la mano a un adulto… por lo que los límites van en otra dirección, sobretodo llegada la pubertad y la adolescencia, tenemos que enseñar a nuestros hijos que son parte de una familia, de un colegio, de una ciudad… y que deben ser respetuosos con ellos mismos y con los demás y que hay conductas, normas y pautas que todos debemos seguir. Pronto llegará el día en el que tendrás que darte cuenta de que tu hijo necesita su intimidad, y algo más de libertad. Te pedirán elegir su indumentaria, que les compres ciertos artículos o ropa “de moda”, que amplíes los horarios de llegada a casa, que le dejes ir a dormir a en casa de un amigo…, cada familia deberá de estudiar la petición y valorar los nuevos límites. Hay situaciones más fáciles de resolver que otras pero no olvides que la solución no es imponer sino reflexionar.

Fuente: http://www.clubmadres.com

Hijos, somos su ejemplo


Todos los padres tenemos una idea preconcebida de cómo van a ser nuestros hijos o de cómo nos gustaría que fueran. A menudo les exigimos que se comporten como nosotros no hacemos, sin darnos cuenta de que, los padres somos el primer modelo a seguir por nuestros hijos.
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Los padres somos el primero y principal modelo a seguir por los hijos. Y hasta que éstos alcanzan cierta edad, ven a los padres como héroes, piensan que son los más fuertes, los mejores y los más guapos, entre otras muchas virtudes. Desde bien pequeños los niños juegan a imitar a los mayores con juegos en los que intercambian roles (a mamás y a papás, a médicos, a dependientes…), así no solo se divierten sino que aprenden valores, conductas… todo lo que necesitan para abrirse al mundo.
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Amor y límites
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Los padres somos el referente emocional de los hijos, mantener un buen clima del hogar beneficiará en gran medida a la educación del niño. El ambiente familiar que goza de armonía, paz, amor, cariño y respeto, consigue que los hijos crezcan seguros de sí mismos y con buena autoestima.
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También es importante saber respetar sus derechos, necesidades e intereses, sin llegar a permitir que los niños hagan todo lo que quieran, convirtiéndolos así en verdaderos tiranos. Los niños necesitan el cariño de los padres, pero también unos límites firmes. Sólo así pueden orientarse en su entorno y tener una visión real del mundo, de la sociedad a la que pertenecen.
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Ser un ejemplo.
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padres dando un mal ejemplo a su hijoSi queremos transmitir pautas de comportamiento correctas a los hijos, de modo que actúen responsablemente, debemos ante todo, ser un buen ejemplo.
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Hay un conocido anuncio de televisión que promovía la lectura infantil con el eslogan “Si tú lees, ellos leen”, pues bien, ese eslogan se puede aplicar a todo: si tu eres ordenado, tu hijo será ordenado, si tu eres colaborador, tu hijo también lo será, si tu eres correcto, él también lo será… pero también, si tu acostumbras a gritar, tu hijo también gritará, si tu eres descuidado, tu hijo también lo será, si tu no eres puntual, tu hijo tampoco lo será…
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Los hijos siempre quieren hacer lo que hacen los padres, quieren agradarles y que éstos los elogien. Por esa razón los niños cuando son pequeños empiezan a copiar a sus padres, dejemos pues que copien y hagamos lo que queremos que ellos hagan y comportémonos como queremos que ellos se comporten.
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Los padres han de ser un firme ejemplo. Los padres son el primer y más importante profesor de sus hijos, sus decisiones, reacciones, conversaciones, actuaciones, costumbres, comentarios, hábitos, etc. Los niños aprenden todo de sus padres y también del entorno que les rodea (colegio, amigos, compañeros, familia). Así que lo que tú hagas y como lo hagas en el día a día serán lecciones que tu hijo irá aprendiendo, de forma sutil, sin darse cuenta, pero que al final marcarán su personalidad.
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Tu conducta a examen
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Se sincera contigo misma y repasa todas las acciones de un día cualquiera. Cuantas veces has dicho una pequeña mentira para no acudir a una cita, has criticado a tu vecino, te has ido rápido de una tienda en la que te han cobrado de menos, etcétera. Pero en cambio regañas a tu hijo cuando te dice una mentira, cuando se burla de un compañero o engaña a su hermano pequeño. Todos esos comportamientos, falta de sinceridad, respeto, justicia y tolerancia, son defectos que tu hijo va adquiriendo porque los observa en su entorno. Piensa que tus acciones pueden ser mucho más influyentes que tus palabras y actúa en consecuancia.
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Es importante hacer un repaso o una lita de todas las cosas que hacemos o decimos y que no quisiéramos que las hiciera o dijera nuestro hijo y definitivamente eliminarlas de nuestra conducta. Los niños nos observan mucho, más de lo que nos damos cuenta, y lo que ven muchas veces no es lo que queremos que vean: tiramos la basura al suelo, vemos la televisión más de la cuenta, dialogamos poco, no compartimos las cosas… Obsérvate a ti misma y actúa como quieres que ellos lo hagan en un futuro. La mejor manera de enseñarles buenos valores es que te vean utilizarlos pues el ejemplo es la mejor escuela.

Fuente: Club Madres 

Enseñar valores a los hijos


Los padres queremos que nuestros hijos se comporten correctamente y que lleguen a ser buenas personas. Por ello es necesario que desde pequeños les inculquemos valores positivos a los hijos.
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Educar a un hijo no es fácil, hay que ser pacientes y perseverantes en cuanto a su educación. Y cuando hablamos de educación no nos referimos a la formación escolar o académica, que, por supuesto, es importante, sino la que los padres ofrecen a sus hijos en el día a día, formándolos y enseñándolos en cada una de las situaciones que se viven.
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Que nuestros hijos adquieran correctos valores dependerá no solo de su propio carácter, sino de lo que aprendan en el seno familiar. Si el niño crece en un ambiente en el que se sienta querido, respetado y protegido aprenderá valores éticos adecuados. Los niños necesitan a alguien que les guíe, que les anime y les ayude en el transcurso de su vida. Necesitan sentirse apoyados, valorados, queridos…Y para eso estamos los padres, somos su mejor ejemplo, su modelo a seguir en todos los aspectos. Hemos de enseñarles con el ejemplo y utilizar los valores que queremos que aprendan, no solo por ellos sino por nosotros mismos.
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La vida es dura y difícil y los hijos no siempre estarán en nuestro regazo para cuidarlos y protegerlos, tarde o temprano tendrán que tomar sus propias decisiones, y que hagan lo correcto dependerá de la educación que les hayas dado y de los valores transmitidos. Como dice José Mª Contreras en su libro Hablar con los hijos, “en el fondo, educar es un dialogo sobre valores”.
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La base de la educación
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El mundo que nos rodea está cargado de actos y situaciones poco éticas, desagradables e incorrectas, y los niños lo absorben todo, por eso, es de gran importancia el papel de los padres en la correcta educación. Todos los valores deben surgir del seno familiar. Los niños no nacen con virtudes peyorativas sino que somos, primero los padres y luego el entorno, quienes se los mostramos. Tenemos pues el poder de cambiar el destino formando individuos con valores sanos. Para conseguirlo hay que practicar cinco normas básicas:
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mostras buenos y correctos valores a los hijos- Ser padres ejemplares: debemos mirar en nuestro interior, ver si somos, si nos comportamos como queremos que sean y se comporten nuestros hijos.
- Comunicación: debemos abrirnos a los hijos, hablar de nuestros sentimientos y pensamientos para que ellos se abran a nosotros.
- Reducir los impactos nocivos: la televisión, los videojuegos, Internet… y en general todo su entorno está cargado de impactos negativos que influirán en su conducta. Asegúrate de que lo que ve y de que las personas con las que se rodea sean las más idóneas.
- Saber corregir: hay que frenar las conductas negativas, explicar las consecuencias de su actitud (siempre con un lenguaje adaptado a la edad y madurez del niño) y mostrar conductas correctas.
- Enseñar: dialogar mucho con ellos, razonando y explicándoles, no supongas que los niños saben las cosas, debes enseñárselas y la mejor manera es con ejemplos prácticos, con situaciones del día a día, con libros, cuentos, etcétera.
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Que aprenden los niños a cada edad
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Conseguir que los hijos entiendan lo que es bueno y correcto y sepan diferenciarlo de lo que es malo e incorrecto, dependerá de la madurez, del grado de entendimiento y de la comprensión del niño. Para enseñar valores hay que tener en cuenta su edad y desarrollo (emocional, mental y social). No podemos exigir la misma responsabilidad a un niño de 3 años que a uno de 5.
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Niños de 0 a 1 año: los bebes desde que nacen necesitan, a parte de que se les cubra sus necesidades básicas de aseo y alimento, recibir el máximo amor y cariño por parte de sus padres. Es la manera de poder construir los cimientos sobre los que se levantará su seguridad, independencia y desarrollo. Los bebés no entienden de normas pero si de ternura.
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De 1 a 3 años: Todavía no dominan el lenguaje pero son capaces de entender algunas normas sencillas. Es la edad en la que necesitan los límites como pauta de su comportamiento, por ejemplo “no tires tierra”, “eso no se toca”, “no se muerde”. Así aprenderán a reconocer lo que está bien y lo que no.
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De 3 a 4 años: los niños no solo necesitan límites sino también explicaciones para asimilar los valores. Ya entienden las normas, aunque no siempre las respeten. Y éstas no se deben limitar a no dejarles hacer algo sino que han de ser más amplias, como son las que les enseña a ser educados y a comportarse adecuadamente.
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De 4 a 5 años: aunque los niños siguen siendo egocentristas tienen, de manera básica, un mayor sentido de la justicia (lo asimilan a la igualdad) y la empatía. Por ejemplo: saben que no pueden pegar porque al otro le dolerá (empatía) pero que si le pegan una patada él la devolverá (justicia).
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A partir de los 5 años: los niños pueden comportarse de forma cruel aunque sin tener verdadera conciencia.Pueden herir, sin quererlo y sin saberlo, los sentimientos de los demás. Del mismo modo el niño puede ser víctima de burlas. Por eso necesitan explicaciones y mucho apoyo de los padres. Debemos implicarnos, tomarnos en serio los sentimientos de nuestros hijos, ayudarlos y enseñarles a mantenerse al margen de peleas y a pedir ayuda cuando la necesiten (a padres o profesores). En esta etapa es muy importante la actitud de los padres, pues a estas edades se fijan mucho en lo que hacemos e intentan imitarnos.
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De 6 a 9 años: a esa edad los niños ya tienen una conducta más rebelde. Conocen los diferentes puntos de vista de una misma situación por lo que cuestionan las normas de sus padres. El niño ya tiene opinión propia sobre dichas normas y quiere actuar en consecuencia.
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A partir de los 10 años: los niños ya no son tan niños y empiezan a sufrir cambios, tanto físicos como psíquicos, tienen cambios de humor y de comportamiento significativos. Y muchos de los valores enseñados y acogidos parecen ahora no tener sentido. Muchos adolescentes expresan su inseguridad a través de un mal comportamiento (o mala conducta). Es importante que los padres se muestren abiertos y pacientes y les ayuden a madurar dándoles la oportunidad de experimentar, equivocarse y aprender de sus errores por si solos, para que vayan encontrando sus propios valores.
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Valores primordiales
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Los valores son aquellos parámetros de conducta y actitudes que toda persona debe tener para convivir en sociedad. Es aquello que la familia, la sociedad y la persona como individuo, consideran como correcto y ético.
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Empatía
La empatía es la capacidad para entender las preocupaciones y problemas de los demás y compadecerse de ellos. Es la virtud que hace que las personas sean sensibles, tolerantes, compasivas, comprensivas, afectuosas y no violentas.
Los niños deben entender sus propios sentimientos y saber que los demás también tienen sentimientos, necesidades o preocupaciones igual que él. Para inculcarles este valor lo primero que hay que hacer es escucharle de verdad, sin menospreciar sus sentimientos. Si está rabioso porque ha perdido un juguete hay que entenderle y comprenderle. Evitar decir “no pasa nada ya te compraremos otro” sino “sé como te sientes por haber perdido tu juguete” A veces los sentimientos están más ocultos y hay que destaparlos con preguntas tipo “¿te sientes mal? pareces nervioso”. Muchas veces cuando los niños se ven comprendidos por sus padres se sienten mucho mejor. En el ejemplo se podría decir al niño “entiendo como te sientes, yo también estaría muy disgustada si perdiera alguna cosa”. Es importante hablar de sentimientos, los de los padres y también los de los hijos, y preguntar a menudo “¿cómo te sientes?”
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Conciencia
Es la base para una vida decente, una sólida ciudadanía y comportamiento ético y moral.
La sociedad que nos rodea bombardea al niño de influencias negativas, que lo pueden convertir en una persona sin moral, sin empatía, sin autocontrol y sin buena conciencia. Ayuda a tu hijo a construir su conciencia y estimular su inteligencia moral. Se un ejemplo para él, trátalo de forma respetuosa, habla con él de lo que está bien y mal, corrige y razona sus conductas negativas.
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Autocontrol
El autocontrol es lo que permite tomar decisiones correctas en situaciones tentadoras, significa tener control de sí mismo. A veces vivimos situaciones que nos alteran tanto que se nos pasa por la cabeza hacer cosas malas e incluso horribles pero el autocontrol evita que eso suceda. El autocontrol es lo que permite a los niños a regular su conducta de forma que sólo realicen las cosas que son correctas. Es una virtud muy necesaria en la sociedad actual tan cargada de violencia.
Si tu hijo es de los que pierden el control y acaban con gritos, palabrotas y patadas, es bueno enseñarle a respirar profundamente y contar hasta diez para relajarse. Poco a poco irá aprendiendo que una vez que se actúa ya no hay marcha atrás y se que entonces se debe asumir el resultado de los actos. Nuestro objetivo como padres es ayudar a nuestros hijos a darse cuenta de que tienen control sobre su vida y sobre las decisiones que toman. Hay que enseñarles a pensar antes de actuar imaginando las posibles consecuencias. Los niños necesitan practicar en la toma de decisiones, así que ayuda a tu hijo a examinar detenidamente las posibles consecuencias y guíale para que tome decisiones seguras y correctas, de esta manera, con el tiempo aprenderá a actuar como es debido y sin tu ayuda.
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Respeto
Es tratar a los demás como nos gustaría que ellos nos tratasen a nosotros. La educación en el respeto empieza en casa, cuando la manera de dirigirnos entre nosotros es correcta, cuando mantenemos una actitud cordial y respetuosa con los hijos, estamos inculcando este importante valor en ellos.
Debes mostrar respecto por tus hijos aceptando sus opiniones, sus deseos y sus gustos, y haciéndoles partícipe de los asuntos de casa, pero eso tampoco significa que se les deban otorgar todos los caprichos. Todos los niños viven la etapa de las palabrotas, hay que hacerles entender que esas palabras malsonantes pueden herir o molestar a los demás y que lo mismo sucede con las peleas.
Replicar, responder irrespetuosamente y las malas contestaciones están en alza, y esto puede tener resultados muy negativos en el ámbito social. Corregirlas es trabajo de los padres. Ante una situación de falta de respeto lo primero que hay que hacer es decirlo, explicar como se siente uno al ser tratado así y enseñar nuevas conductas que sustituyan a las inapropiadas.
También hay que enseñar a los niños a discrepar respetuosamente, mediante el uso de la palabra y siendo correctos.
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Bondad
Es el valor de preocuparse por los demás, por su bienestar y sus sentimientos de manera altruista. Son las ganas de hacer el bien y no el mal.
Todos los niños nacen con la capacidad de ser buenos, y es con nuestro estímulo hacia acciones bondadosas, lo que hace que ese valor se asiente en su carácter.
Para que los niños sean bondadosos deben saber que las palabras y las acciones crueles son ofensivas y hieren a las personas. Deben aprender que este tipo de acciones tienen consecuencias. Por ejemplo, que un niño se burle de otro por llevar gafas es cruel y no debemos permitirlo, de lo contrario esa crueldad irá en aumento.
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Sinceridad
Es uno de los valores que consideramos más importantes. La sinceridad es la base de la confianza. Debemos enseñar a lo los hijos que no hay que mentir pues haciéndolo se contrae consecuencias desagradables como la falta de confianza, enemistad y enfados. Mintiendo no se solucionan los problemas. Los niños pequeños, a menudo mienten, porque confunden la realidad con la fantasía, pero los niños más mayores mienten porque tienen miedo al castigo por haber hecho algo, para evitar la recriminación, con lo que no se debe abusar de los castigos. Muchas veces las mentiras en los niños de más de 6 años revelan una falta de confianza en sí mismos.
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No violencia
La agresividad en los niños y adolescentes está en continuo aumento. Debemos enseñar a convivir en armonía. La agresividad es innata en todo ser humano y es buena en su justa medida, es decir, es lo que nos hace defender nuestros propios intereses y defendernos haciéndonos valer, pero cuando la integridad o la vulnerabilidad del prójimo está en peligro entonces hablamos de una agresividad negativa que hay que evitar. Debemos pues enseñar a los hijos a controlar la agresividad. Para enseñar valores pacíficos a los niños lo primero que hay que hacer es no pegarles (los niños actúan y aprenden los valores que ven en el seno familiar), controlar su entorno (televisión, videojuegos, Internet, amistades…) para evitar las imágenes o situaciones cargadas de violencia. Se debe frenar en seco los comportamientos violentos y explicar, en un lenguaje sencillo, la situación y su consecuencia.
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Colaboración
Todos los niños pequeños pasan la etapa de querer ayudar en casa y aunque su ayuda resulte el doble de trabajo para nosotros, es importante permitirles que nos brinden su ayuda. De hecho deben tener la obligación de realizar tareas en casa (adaptadas a cada edad), aunque sean pocas y sencillas. Así aprenderán a colaborar, a realizar trabajos en equipo, a integrarse y a valorar los esfuerzos. Si les damos la oportunidad, aunque al principio se necesite una gran dosis de paciencia, en un futuro veremos la recompensa. No olvides elogiar el esfuerzo y la colaboración de tu hijo.
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Modales
Se ha demostrado que tan malo es un exceso de autoridad como dejar hacer por completo todo lo que quiera el niño. Lo idóneo es un término medio. Los niños tienen que ir aprendiendo los buenos modales poco a poco y una vez más hay que predicar con el ejemplo, si le pedimos las cosas a nuestro hijo con un “por favor” y luego le damos las “gracias” como algo normal y habitual, él también acabará haciéndolo. Es importante ir inculcando normas básicas de conducta como por ejemplo saludar, comer correctamente con los cubiertos, decir “buenos días” o no interrumpir las conversaciones.
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Consideración
Ser considerado significa tener la capacidad de renunciar, en beneficio de los demás, de tus propios intereses. Preocuparse primero por otros antes de mirar por nosotros mismos. Los niños pequeños, menores de 3 años, no saben que sus actos pueden molestar a los demás (no tienen ni la edad ni la madurez para ello), pero poco a poco hay que ir explicándoselos, por ejemplo, hacer ruido por la noche puede molestar a los vecinos, se debe estar callado cuando los demás hablan, no hay que tirar cosas al suelo, hay que ser amable…
Una forma de guiar y corregir la conducta en determinadas situaciones es proponiendo una acción alternativa; en el caso del ejemplo del ruido por la noche sería indicar al niño un juego más silencioso que no pueda molestar a los vecinos.
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Tolerancia
Es respetar a los demás por su carácter y comportamiento, aceptando sus diferencias y reconociendo sus derechos y necesidades.
A menudo, las personas poco tolerantes suelen ser individuos inseguros, con miedo a los cambios y a lo desconocido. Otras veces es la ignorancia o falta de información lo que hace que los niños desarrollen prejuicios.
Hay que ayudar a nuestros hijos a descubrir las cualidades positivas de las personas y enseñarles desde pequeños, que ninguna persona es mejor que otra. Dialogando, explicando y mostrando abiertamente diferencias y similitudes hará que nuestros hijos se sientan más seguros y sean tolerantes.
No hay que permitirles comentarios discriminatorios de ningún tipo. Y si esto sucede debemos conocer los motivos por los que lo hacen y después dialogar, explicar y enseñar el comportamiento correcto.
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Justicia
Es una virtud que nos permite ser honestos, tener una mentalidad abierta. Es el valor que nos ayuda a escuchar antes de juzgar, a compartir, a respetar las normas. Un niño que aprende justicia será mucho más tolerante, amable, comprensivo y atento, y se convertirá en el mejor ciudadano, trabajador, amigo, padre, vecino que podamos desear.
Si queremos que nuestros hijos sean justos debemos tratarlos de igual forma, evitando favoritismos entre hermanos, estableciendo normas justas, prestando atención al niño, admitiendo los errores, actuando con imparcialidad, no juzgando de antemano, evitando las comparaciones…
Un ambiente familiar hostil no va ayudar a los niños a desarrollar los fundamentos de la justicia y a menudo deriva en trastornos afectivos duraderos.
Una forma de enseñar justicia es incitarles a que piensen cual es la solución más justa a sus problemas. Hay que enseñarles a que vean las cosas desde todos los puntos de vista (ponerse en el lugar del otro les permitirá conocer la justicia y la injusticia). Que los niños sean parte de la solución muchas veces hace que se detengan, piensen y se calmen. Y no dejes que se marchen hasta que no hayan resuelto el problema. Si es necesario ofreceremos nuestra colaboración para mediar en la situación.
Anima a tu hijo a defender tanto sus propios derechos como los de los demás cuando se enfrente a un trato injusto. Enséñale la importancia del juego limpio y de la deportividad.
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Responsabilidad
Hay que dejar que los niños vayan asumiendo responsabilidades, en la medida de sus posibilidades, aún sabiendo que cometerán errores y equivocaciones, hay que confiar en la capacidad del niño. Los niños han de tener más obligaciones que la de estudiar y ser responsable de ellas, para evitar que se conviertan en una personas egoístas. Todos los niños pequeños viven la etapa de la independencia en la que lo quieren hacer todo ellos solos, es un buen momento para que empiecen a asumir tareas, como poner la mesa, recoger sus juguetes, vestirse, etc.
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Civismo
Tener este valor significa que eres capaz de mirar a tu alrededor y acudir en ayuda de quien lo necesita, de quien está en apuros. Y es una virtud que denota seguridad y confianza en uno mismo, así como integridad moral.

Que tipo de padres sois


En una familia puede haber un padre y una madre que mantienen una estrecha relación y un elevado nivel de comunicación con su hijo; le escuchan y le animan a expresarse y verbalizar sus necesidades. Sin embargo, hay otras familias en las que son escasos los intercambios afectivos y comunicativos. Los adultos dudamos si debemos poner normas más rígidas, si tenemos suficiente autoridad, o si, a veces, es necesario dar un cachete al niño desobediente… Según la manera en que actuemos con nuestro hijo, se pueden definir hasta cuatro estilos educativos que darán lugar a consecuencias en su desarrollo personal.
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Baumrind (1966, 1991), realizó una clasificación de los estilos educativos e, inicialmente, describió tres tipos basados, por un lado, en la combinación del grado de afecto y comunicación y, por otro lado, en el nivel de control y exigencia de los padres. Y posteriormente Brenner y Fox añadieron un nuevo estilo a la clasificación refiriéndose a los padres que escasamente se preocupan por sus hijos:
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Estilo autoritario o centrado en el adulto
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Se caracteriza por un alto nivel de exigencia y control por parte de sus padres, aunque el nivel de comunicación y afectividad hacia sus hijos es bajo. Las normas suelen ser impuestas sin mediar explicaciones, y el incumplimiento de éstas suele ir acompañado de amenazas o castigos. Las opiniones de los hijos no cuentan en las decisiones familiares. La actitud de los hijos ante este estilo se manifiesta con la aparición del miedo y no se muestran tal como piensan y como son, por temor a la reacción posterior (con o sin castigo) de los padres. Existen dos tipos de hijos, los que mantienen una actitud sumisa a la normativa parental y los que se rebelan antes este tipo de normas.
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Este estilo educativo puede generar sentimiento de culpabilidad y baja estima ante la imposibilidad de cumplir los deseos de sus padres; favoreciendo sentimientos de agresividad y odio al no sentir suficiente autonomía personal, y potenciando conductas engañosas en los hijos como forma de evitar el control de los padres y sus castigos.
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Estilo cooperativo participativo
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En este estilo puede observarse un alto grado de afectividad y comunicación entre padres e hijos, incluyendo, al mismo tiempo, firmeza y exigencia. Los padres, con una actitud dialogante, establecen normas coherentes, pero no rígidas; admiten que tanto ellos como sus hijos se pueden equivocar. Son conscientes de las capacidades de sus hijos ante la resolución de conflictos y el papel de su apoyo. Niños y adolescentes mantienen una actitud responsable ante las dificultades y sus propias decisiones.
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Como consecuencia de este estilo se desarrolla en los hijos el sentido de responsabilidad para que asuman las consecuencias de sus actos. Los padres inducen en sus descendientes habilidades de trabajo en equipo, enseñándoles actitudes de cooperación, de toma de decisiones y de respeto por las reglas. Los hijos poseen, así, un mayor control de las emociones y una mayor tolerancia a la frustración.
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Estilo permisivo o sobreprotector
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En el estilo permisivo se observan niveles muy elevados de afecto y comunicación, pero con una ausencia casi total de exigencias, siendo el adulto el que tiende a someterse a las exigencias y deseos del niño. La actitud de los hijos consiste en la dependencia que tienen con los padres y en el hecho de que saben que no se han de preocupar por nada ya que los adultos les resolverán los problemas. Ante la actitud de consentimiento los hijos se centran exclusivamente en acciones de su propio interés, volviéndose tremendamente egoístas.
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En este caso, los niños no tienen un código de conducta marcado, pues suelen carecer de referentes y, por tanto, no saben a qué atenerse. Les falta motivación para la acción, es decir, hábitos de esfuerzo para emprender la realización de un proyecto personal. Tienden a la labilidad emocional con una baja habilidad para empalizar con los sentimientos de los demás.
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Estilo indiferente o negligente
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Este estilo se caracteriza por la presencia de un bajo nivel de afecto y comunicación entre padres e hijos y por la ausencia de normas. Se observa una tipología de padres fríos y distantes, con una escasa implicación en la educación de sus hijos.
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Este estilo se ha relacionado con diferentes comportamientos negativos de los hijos, como el bajo rendimiento escolar, la delincuencia, el consumo de alcohol y drogas, la independencia social, la conducta de juego perturbada y el estrés.
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Extracto del libro Niños y adolescentes difíciles, Asela Sánchez, Formación Alcalá

Haz de 2013 tu año más saludable: ¡Fija Prioridades!


¿Cuantas cosas quieres conseguir el próximo año? ¿Cuantos objetivos vas a ponerte para 2013? Sé honesto. Escríbelos si no los tienes claros.
Si tu respuesta es como solía ser la mía, entonces te saldrán muchos, quizás demasiados (algunos profesionales, personales, de salud, etc.)

El proceso que solemos seguir es el siguiente: Algo nos motiva a cambiar, nos animamos, fijamos grandes metas, creamos un plan para hacerlas realidad, seguimos animados, entonces miramos la lista y vemos que son más de 15 páginas, no sabemos por donde empezar, nos sentimos sobrepasados y lo abandonamos.

Si alguna vez te has sentido así, continua leyendo. 
Nos acercamos a ese periodo de tiempo donde más compromisos nos hacemos y es posible que este año puedas cumplirlos.Para ello, lo único que necesitas es:
  1. Saber lo que quieres
  2. Tener las herramientas adecuadas para conseguirlo
  3. Poner todo tu foco en combinar lo que quieres con las herramientas.

Tener claras tus prioridades (a las que ceñirte) es uno de los principales ingredientes del éxito. Y sin embargo es donde muchos de nosotros fallamos.
Simple. Fácil. Sin excusas.  Pues toma papel y lápiz y empecemos a fijar prioridades a través de 5 pasos muy claros:

1. Define que es lo que quieres: Lista tus Top 25 prioridades. Puede que te salgan menos, pero dedica un tiempo y escribe las 25 cosas principales que te gustaría hacer o conseguir el próximo año o incluso más adelante. Escribe aquellas cosas que vengan a tu cabeza incluso si ahora no forman parte de tu vida. Desde temas profesionales, personales, objetivos de salud, intenta reflejar todo aquello que te importa. Recuerda, por ahora es solo una lista.
 2. Elige tu Top 5. El siguiente paso es revisar la lista anterior y poner un círculo en las 5 cosas más importantes de todas. Sé que no te será fácil pero es necesario. Una manera de hacerlo puede ser ordenándolas del 1 al 25 según lo importante que sean para ti. Quizás no puedas diferenciar si A o B es la más importante, pero si puedas saber que se encuentran por la mitad de la lista. El objetivo de este ejercicio es acabar con una lista de tus 5 prioridades principales. Sólo cinco. Cuando la tengas, preguntante a ti mism@: “¿Estoy segur@ de que son estás mis principales prioridades para 2013?”

3. Define bien tus Top 5 y pregúntate que te llevará a conseguirlo. No es suficiente decir “Quiero ser más sano”, “ Quiero ganar más dinero”, “No quiero tener sobrepeso”. Nuestras prioridades u objetivos deben ser cuantificables y medibles y, además, tienes que poder tener control sobre ellas. De hecho, si tu objetivo es perder 10 kilos quizás puedas tener más control si te planteas que puedes revisar lo que comes o pensar cada cuanto haces ejercicio, lo que normalmente lleva a perder peso. Define exactamente lo que quieres y que harás para conseguirlo: si tu objetivo es escribir un libro, ¿cuantas palabras al día te comprometes a escribir?

Más adelante, profundizaré en este tema pero, por ahora, define bien que es lo que quieres.

4. Comprométete con tus prioridades: Ya tenemos definidas claramente nuestras  principales prioridades. Tienes tu top 5! Pero ¿que sucederá con las otras 20 cosas que deseas de tu lista? ¿Como las vas a cumplir?  Podrías estar pensando que esas 5 cosas prioritarias irían en una primera sección y las otras veinte a continuación, en una segunda fase. Siguen siendo importantes para ti y puede que desees ir alternándolas con esfuerzo, según vas consiguiendo las otras 5 prioritarias.
La respuesta es NO!. Todo lo que no has señalado con un círculo como prioritario, son “COSAS A EVITAR”, es decir, tienen que ir fuera de tu lista de propósitos para 2013.

5. Identifica tus “COSAS A EVITAR” y atente a ello. Quizá la recomendación de que te olvides de todo lo demás te parezca poco convencional, la mayoría de mis clientes quieren dejar el resto de objetivos debajo de su Top 5 y en principio, puede tener sentido, pero al final este tipo de comportamientos genera una de las distracciones mas perjudiciales que impiden alcanzar tus mayores objetivos. Recuerda: “Quién mucho abarca, poco aprieta”.
Enfocaté en lo principal
Vivimos en una sociedad que compite más que nunca por atraer nuestra atención hacia diferentes cosas y  tenemos que tenerlo muy en cuenta también en nuestra propia vida. Sin foco, sin permanecer fieles a nuestras prioridades, no sólo no vamos a conseguir encajar esas cosas extra que queremos en nuestra vida, sino que no vamos a conseguir las más importantes. Esas cosas que nos van a dar la satisfacción, la emoción y la verdadera felicidad. Sin sentir estas emociones el resto, realmente, no vale la pena.

Fijar prioridades claras tiene cada vez más importancia.
Las distracciones no tendrán fin. De hecho probablemente aumenten y sean cada vez más tentadoras a medida que crezcas y te vayas adentrando en “otros mundos”. Pero el verdadero reto para conseguir la vida que deseas es ser capaz de abordar, antes que otra cosa tus objetivos 5 principales objetivos.
No estoy queriendo decir que desaproveches las oportunidades que te surjan en el camino, pero es importante que seas consciente de la importancia de si estas nuevas oportunidades son relevantes para ti ahora. Sino, puede que tu batalla interna nunca termine.

Sin priorizar, no haces nada
¿Eres de los que tienen sólo 2 proyectos en los que estás trabajando? ¿Qué sucedería si fuesen 5, o 7 y 10 ..y 20 más? Si nos sentásemos a reflexionar en cuantas cosas invertimos nuestro tiempo al mismo tiempo, nos daríamos cuenta de que estamos a muchos más asuntos de los que imaginábamos.
Cuantas más cosas tengas donde elegir más tiempo gastarás deliberando sobre que hacer y lo malgastarás no centrándote en esas cosas que son realmente importantes para ti.
Es la “paradoja de la elección”. Cuantas más opciones tenemos menor será la probabilidad de elegir cualquiera de ellas.

Priorizando, puedes comenzar
Priorizar es una parte crucial del proceso de fijar objetivos.
Pero hay que tomárselo en serio. Fíjate en lo que realmente es importante para ti y quieres conseguir este año y evita cualquier otra cosa.
¿Qué cosas importantes vas a decidir NO HACER? Hazlo y crea espacio para comenzar a cambiar de verdad en lo que te importa.

Sabes lo que quieres. Comienza a invertir en ello y ¡consíguelo!.

Fuente: http://www.contagiatedesalud.com

Esclavo de sentimientos,... de José Ramón Marcos Sánchez

Ya nos conocemos tanto que hoy somos desconocidos,…no recordamos ni el día que empezamos a olvidarnos,….nos hemos acostumbrado a habitar en la costumbre,…a no echarnos de menos por tenernos de mas,….eres el yo prolongado que nunca quise tener,…y sin embargo no puedo morir sin ti,…aunque no viva contigo,….nos engendró un sentimiento,…nacimos de una ilusión que parecía real,…que por real fue muriendo,….hasta extinguirse en respeto,….y nos respetamos tanto que nos tapamos el daño,…pasamos de no querer mentirnos por amor a necesitar mentirnos por cariño,…esto hace que me odie,….esto evita que te odie,….asumimos la monotonía por no asumir el fracaso,…y seguiremos unidos en la verdad de nuestra propia mentira,….hasta no estar,….y poder idealizarnos en el recuerdo,…y llorar la ausencia de alguien que nunca estuvo presente,….porque el amor lleva implícito ser libre y dar libertad,…pero las ganas de tanto nos llevan a poseer,…hasta convertirnos en esclavo de otro que también es nuestro esclavo,….en preso del prisionero que dio muerte al sentimiento,….

PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
Correo y MSN: joseramonmarcos@live.com Twitter: @joseramonmarcos

LEYES HINDUES

La primera Ley dice :
"La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

La segunda ley dice:
"Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". Nada, pero nada,absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras
vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa...hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado, y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante.
Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

La tercera Ley dice:
"En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después.
Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

Y la cuarta y última Ley dice:
"Cuando algo termina, termina".
Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

Disfrutando el día de hoy por Merlina Meiler

Hoy es un día hermoso, aunque no perfecto. En realidad, no sé si existen los días perfectos.
Hay pocas nubes, casi nada de viento, sólo una brisa suave, y la temperatura es muy agradable. ¡Es un día para disfrutar a pleno!
Pero el pronóstico meteorológico para mañana es devastador: caída de la temperatura, lluvias torrenciales, viento insoportable.
¿Qué decides hacer hoy?
¿Pasar momentos placenteros, aprovechar lo máximo que puedas este bienestar que se te presenta, disfrutar despreocupadamente, sabiendo que es probable que en poco tiempo el panorama cambie? ¿O te quedas en tu casa con amargura, lamentándote de lo que sucederá a partir de mañana?
No podemos manejar lo que acontecerá en nuestra vida en el futuro. Ni siquiera sabemos, a ciencia cierta, si lo que se pronostica, diagnostica o conjetura acaecerá, de la manera y en el período esperado (o imaginado).
Sólo tenemos el día de hoy, es nuestra gran certeza y la realidad que nos toca transitar. Enfocarnos en el ahora nos hará prevenir más de un dolor de cabeza, y contaremos con toda nuestra energía y claridad mental para abocarnos de lleno a nuestra vida.
Las preocupaciones solo nublan el presente y nuestra visión sobre temas a disfrutar (y a resolver) aquí y ahora.
Mañana, nos tocará vivir situaciones diferentes.
Hoy, es un día único, irrepetible. Lleno de posibilidades. Con todas las variables a nuestro favor para que sea muy bueno.
¿Te lo vas a perder?
Fuente: http://www.mejoraemocional.com

Anti-estrés por Merlina Meiler


Vivimos a las corridas, sin tiempo para nada… y por eso, tenemos ciertos síntomas cuyo origen, en muchas ocasiones, parece inespecífico: insomnio, irritabilidad, poca tolerancia, angustia, dificultad para concentrarnos, cambios en los hábitos alimenticios, etc. Pero si vives en una gran ciudad y no estás enfermo, estas molestias probablemente tengan una misma causa: el estrés.
Algunas sugerencias para dejar el estrés y los malestares que provoca atrás:
Descansa lo suficiente: no es una actitud productiva quedarte mirando algún programa poco trascendente en la TV o navegando por Internet y por eso restar horas al sueño reparador que tanto necesitas. Si te acuestas tarde un día, al siguiente compensa esa falta y ve a la cama temprano.
Aliméntate sanamente: no se trata de hacer dieta, sino de elegir los alimentos que ya sabes que son beneficiosos para tu organismo y de comer los otros sólo de vez en cuando (¡sin culpa y con placer cuando lo hagas!). No saltees comidas ni pases demasiadas horas sin comer algo. Además, tómate un tiempo para comer: hacerlo a las apuradas, aunque sólo sea una ensalada, es contraproducente.
Vive en paz: en vez de engancharte en el mal humor de los demás, céntrate en tu buena vibra y no permitas que otros te arrastren a su propio “rollo”. SI alguien quiere discutir o pelear, hacen falta 2… retirarse a tiempo o dejar pasar ciertas provocaciones evitan malos momentos.
Ten fe en que lo bueno está por venir: ser optimista es mucho más saludable que lo opuesto. De ti depende mirar el vaso medio lleno o medio vacío. La esperanza trae aparejada una visión diferente, con nuevas posibilidades para obtener el resultado que deseas. Asimismo, disipa la tensión y relaja.
Comparte tus problemas: las mujeres son más propensas a contar sus preocupaciones a amigas o a familiares, pero a los hombres, en general, les cuesta más abrirse. Pero siempre hay alguien (profesional, amigo o conocido) dispuesto a escucharnos para aliviar nuestra carga y, por qué no, a ayudarnos para encontrar soluciones.
Tómate tiempo libre: por lo menos, 24 horas seguidas a la semana. Hay gente que no descansa de lunes a lunes; el cuerpo y la mente precisan un bueno descanso. Además, asigna ratitos durante el día para “desenchufarte”: levántate si estás mucho tiempo sentado, deja de trabajar  5’ ó 10’ cada hora o cada dos horas. Y recuerda que salir de vacaciones es uno de los mayores antídotos anti-estrés que existen, si hace más de un año que no te tomas una semana seguida o más, tal vez esté llegando el momento de ver las posibilidades reales que tienes para hacerlo.
Los problemas de los otros no son tuyos de manera personal: hay quienes se inmiscuyen tanto en lo que le pasa a los demás que salen de su eje interno y viven preocupados por temas que, en realidad, son ajenos. Si mantienes una distancia prudencial respecto a lo que le sucede a quienes te rodean, lograrás mayor objetividad y podrás ayudarlos con mejor efectividad.
Pasa tiempo al aire libre: si el tiempo lo permite, camina. Siéntate unos minutos en el parque de una plaza. Sal a tu jardín o a tu balcón y observa alrededor durante un rato. Mira el cielo, de día o de noche. Conectarse con la naturaleza carga las pilas y desestresa.
Sonríe: las sonrisas son terapéuticas, ¡y es tanto lo que depende de tu actitud! Muchas veces tenemos que hacer trámites u ocuparnos de asuntos tediosos y de tu forma de encarar todo el proceso dependerá que te ponga tenso o que pase lo más rápidamente posible.
¿Qué actitud anti-estrés adoptarás hoy?
Fuente: http://www.mejoraemocional.com