martes, 25 de diciembre de 2012

Sigo andando, supero el fracaso



Las cosas no siempre salen como deseamos y muchas veces por un fracaso inicial renunciamos a grandes sueños o a grandes oportunidades,  y ello da paso al estrés, la frustración, la ansiedad.

Una pregunta que me ha ayudado mucho cuanto quería renunciar a algo es:
¿Cuanto deseo lo que quiero?; ¿Qué sentido le da a mi vida perseguirlo?
Después de meditar un poco en esa pregunta me daba cuenta que aunque fracasara otra vez, seguiría siendo mucho más lo que tenía que ganar que lo que tengo por perder; y eso que es sólo una pregunta.

Fuente: Liberar tu ansiedad

Lo único que no puede darte,... de José Ramón Marcos Sánchez

Respeto el dolor del silencio aunque el silencio me duela,…. asumo la condena de un culpable sin culpa,… pero me culpo por ello,…. no supe evitar sentir y me olvidé que sentías,… y eso me habrá convertido en el doliente recuerdo de la ilusión agotada,…. en la herida que sesgó la débil piel de los sueños,….. sueños de almas encerradas en la celda de tu llave,…. que necesitan la mentira de la promesa de un siempre,…. y olvidan la honesta belleza de la verdad de un momento,… y olvidan que soy la sangre que nace en el aire de los detalles que mueren,… la intensidad de cada uno de los instantes que se encuentran en el argumento de ahora,… que doy la vida viviendo,…. y surco el miedo hasta romper sus derechos y obligarle a no existirse,… y no te puedo entregar la propiedad de mi ausencia,… ni puedo darte la esencia de lo que me hace ser yo,… porque no es a mi a quien amas,…. amas lo que represento,… lo mundano y lo divino,… lo salvaje y lo sumiso,…. lo profundo y lo superfluo,… quieres ser dueña de la diferencia que me hace ser diferente,… y mi dueña tiene nombre,… y su nombre es,... Libertad,….

PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
E-Mail y MSN: joseramonmarcos@live.com 
Portal Web: joseramonmarcos.com 
Twitter: @joseramonmarcos 
Skype: jose.ramon.marcos.sanchez. Canal Youtube: turko1969

Niños, ¿comen lo que necesitan?


A la mayoría de las madres nos asalta la duda de si nuestros hijos estarán bien alimentados. Y muchas veces pensamos, equivocadamente, que no comen lo suficiente para estarlo. Queremos ayudarte a aclarar esas dudas.

Desde que nacen nos dicen que le demos el pecho o el biberón a demanda (lo que quiera y cuando quiera) pero este tipo de alimentación, tan conveniente y saludable para el niño, se nos olvida en el momento en el que empezamos a introducir otros alimentos.

Es entonces cuando empiezan los problemas porque nuestro hijo no come lo que nosotros queremos. ¿Qué ha pasado con lo que quiera y cuando quiera? Si con solo 3 meses sabía lo que necesitaba ahora con más edad también sabrá lo que necesita y cuando lo necesita. No le obligues a comer más de lo que quiera.

niña comiendo dieta mediterranea
Siempre hemos oído que los niños tienen que comer de todo para estar bien alimentados. Pero eso no es del todo cierto, nosotros como adultos no comemos de todo y llevamos para adelante trabajo, casa y familia. Hay alimentos que nunca entraran en nuestros hogares y no por ello acabaremos desnutridos. ¿En tu dieta están incluidos los caracoles, la carne de avestruz, la papaya, los higos…? Seguro que no comes de todo lo que hay en el mercado hoy en día y tampoco comes lo mismo que otras personas y no por ello te has plantado nunca que estés mal alimentada.

No te dejes llevar por frases hechas y mira a tu hijo. Si su curva de peso y talla es la adecuada para su edad no hay motivo para preocuparse. Consulta con tu pediatra si su desarrollo físico es correcto y no le des mayor importancia al hecho de que tu hijo coma poca verdura o prefiera la carne de pollo a la de conejo.

Ofrece a tu hijo una dieta variada para que sus necesidades de vitaminas, minerales, proteínas, etcétera estén cubiertas. Pero no te pelees con él si no come lo que tú consideras que ha de comer. Por otro lado dale al cabo del día varias tomas, es mucho mejor comer poco y a menudo que mucho concentrado en pocas tomas. A primera hora el desayuno, a media mañana el almuerzo, a medio día la comida, a la tarde la merienda y por la noche la cena. Dividiendo el día de esta manera podrás asegurarte de, que la ingesta que hace tu hijo le proporciona la energía suficiente para atender a su ritmo diario, y que el aporte nutricional es el necesario para asegurarle un buen desarrollo tanto físico como emocional.

Procura que la hora de sentarse a la mesa no sea una batalla. La comida no debe ser un motivo de enfado entre tu hijo y tú. Prepárale platos que le gusten para que se los coma gratamente (comer mucho pero a disgusto alimenta menos que comer poco pero con agrado). Y ponle una cantidad apropiada, ver un plato demasiado lleno puede quitarle el apetito antes de empezar.

Fuente: http://www.clubmadres.com

Comunicación entre padres e hijos


A veces una norma tan simple como respetarse a la hora de hablar puede mejorar enormemente la comunicación entre padres e hijos. Por eso, decirles aquello de que “si yo te hablo bien, tú me hablas bien” puede ser efectivo para eliminar la tensión a muchas conversaciones familiares.

Contención, contención y más contención. Esto es lo que nos hace falta a los padres para poder ser afectivos y efectivos con nuestros hijos. Recordemos que contención no es reprimir lo que sentimos, sino expresarlo sin desbordarnos ni desbordarlos. Para contener a nuestros hijos no siempre hacen falta palabras; puede bastar con nuestra presencia apacible y comedida, con poder estar frente a su enojo o su dolor sin descomponernos ni alterarnos. Si los padres estallamos o saltamos a la mínima –lo cual nuestros hijos nos ponen realmente muy fácil-, nuestra labor pierde eficacia y profundidad.

Autoridad no significa gritar más que ellos o decir lo que tengamos que decirles más alto. Alguna vez puede hacer falta y puede funcionarnos, pero por sistema no hace más que crispar el ambiente y aumentar la tensión hasta el límite.

Muchos padres se quejan de que, aunque ellos mantengan la calma y la compostura, sus hijos no hablan, muerden. Que apenas abren la boca saltan chispas, que se ponen a la defensiva por menos de nada o que pasan directamente al ataque por una simple sugerencia o comentario.

- ¿Qué tal te ha ido? – le preguntó una madre a su hija a la vuelta de un viaje.
- ¡Ay, mamá! ¡Déjame en paz y no empieces ya! – respondió la hija.

Una amiga mía, la primera vez que su hija le alzó la voz y le salió con un desaire de este tipo, le dijo:
- Mira qué te digo: Si yo te hablo bien, tú me hablas bien, ¿entendidos?

Con esta frase basta. ¿Para qué decir más? En realidad, saber contenerse es precisamente ser capaz de no decir nada más. Cuando nada más comenzar un tema de conversación nuestros hijos se ponga a la defensiva o se desaten, basta con que les recordemos que si nosotros hacemos el esfuerzo de contenernos y de hablarles en un tono tranquilo y respetuoso, ellos tienen que correspondernos del mismo modo. Y si no es posible, se deja la conversación para otro momento en que estén o estemos más tranquilos.

Si nos habituamos y les habituamos a hacerlo así, podremos comprobar que las palabras justas pronunciadas con el tono adecuado producen a menudo un efecto balsámico instantáneo y restablecen la escucha y la buena sintonía. Sin embargo, cuando una situación nos sobrepasa, la tendencia es normalmente contraria. Solemos desahogarnos sermoneándoles o regañándoles hasta que hemos soltado toda la tensión y, sin darnos cuenta, comenzamos a mezclar otras cuestiones que no vienen al caso y, enredamos más las cosas. Perdemos claridad y, aunque tengamos razón, perdemos también autoridad. Quizás sea lo que mejor he aprendido durante la adolescencia de mi hijo: a contenerme.

Extrato del libro “Adolescentes. Qué maravilla” de Plataforma Editorial.