sábado, 15 de diciembre de 2012

Acabemos con las peleas entre hermanos

Cuantos de nosotros LOS PADRES ha tenido que enfrenta situaciones que nos preocupan cuando vemos a nuestros hijos peleando, gritando , sin compartir sus juguetes, etc. Las madres entramos en colapso nervioso, ya que en estos momentos es muy difícil interceder ante ellos. La paz familiar se acaba, es el caos!!!!!!!!Al terminar la lectura de este artículo te enseñaremos unos tips que en nuestro caso personal nos han servido mucho a moldear y manejar las discusiones entre hermanos, si los pones en práctica, te aseguramos que obtendrás en menos de una semana resultados positivos que beneficiarán a todos en tu hogar. Te lo garantizamos.

Ante todo debemos tener siempre claro que la educación que requieren nuestros hijos debe provenir de nosotros, sus padres, quienes hemos de promover relaciones de amistad entre los hermanos de tal manera que la llegada de nuevos hijos contribuya a fortalecer el vínculo familiar. La calidad de la convivencia depende en gran medida del ambiente que los padres generemos en el hogar. Los padres que aprendemos a destacar los aspectos positivos –de personas, situaciones, relaciones, etc. –; y damos importancia al espíritu de ayuda, servicio y colaboración; sin demuestran favoritismos ni provocar competitividad; no tendrán problemas graves cuando surjan los inevitables brotes de celos, pequeñas envidias, competencias y comparaciones, que son normales y habituales en todos los hermanos.

Una de las circunstancias que puede fomentar las peleas y celos entre hermanos es la llegada de un nuevo bebé puesto que es uno de los acontecimientos que puede causar inseguridad y nerviosismo entre sus hermanos. Por ello aconsejamos conviene que los padres preparen con suficiente anticipación un ambiente de tranquilidad, ilusión y acogida para el nuevo ser que complementará a la familia. Naturalmente el bebé necesita más cuidados y atenciones que sus hermanos mayores por su fragilidad y desamparo. Para evitar los sentimientos de rivalidad, que pueden surgir, es aconsejable motivar a los hermanos mayores para que colaboren en la atención al recién nacido – involucrar a los hermanos a acercarle el biberón, hablarle, cantarle, arroparle en la cuna, entretenerle para que no llore, asistir a su madre durante el baño del bebé, vigilarle cuando llegue la hora de gatear, etc.–.Es por esto que con la llegada de nuestros mellizos empezamos con un proceso de planeación a su llegada, ayudando a Manuela, nuestra hija mayor, para que ella se acostumbrara a la idea de su llegada, este proceso fue muy lento y nada fácil, aunque nos esforzábamos para que ella aceptara cada vez más a los bebés, esto fue muy difícil para nuestra hija, y tardamos mucho tiempo en estabilizar el ambiente familiar.
Es muy importante que los padres amemos a todos sus hijos con la misma intensidad para evitar celos y envidias entre los hermanos, así los harán sentir apreciados y valorados a todos; aunque, cada uno prefiera distintas manifestaciones de amor. Conviene recordar que cada hijo es diferente y, en consecuencia, tiene necesidades distintas.

Para conocer profundamente a los hijos –sus gustos, sentimientos, necesidades, aptitudes, limitaciones, es necesario que los padres dediquemos tiempo y atención. Así sabrán identificar un ámbito en particular –deportes, música, teatro, danza, etc. – en que cada uno pueda tener éxito y sentirse valorado. De esta manera se fortalece la seguridad y autoestima de forma individual. No es recomendable insistir en que todos los hijos hagan las mismas actividades. Con el tiempo, los hermanos llegan a comprender que cada uno es distinto, posee diferentes capacidades y aptitudes así como sus propias limitaciones y debilidades.

Durante el proceso de crecimiento de nuestros hijos hemos observado y aprendido que los celos y la competitividad son las principales fuentes de conflictos y peleas entre hermanos. Por lo tanto, es aconsejable evitar situaciones que originen esta clase de problemas, propiciando un ambiente familiar de cariño, serenidad y apoyo mutuo. Para ello recomendamos que si implementas estos tips que te vamos a dar seguramente mejorarás las relaciones entre tus hijos:

1.Tratar a los hijos según su carácter y temperamento individuales, pero amarlos con la misma intensidad. Procurar satisfacer las necesidades particulares de cada uno.
2.No hacer comparaciones entre los hijos para evitar la rivalidad y la envidia. Descartar el empleo de frases tales como “tu hermano/a es más responsable que tú”, “aprende de tu hermano/a”, “si fueras como tu hermano/a”, “solo tu hermano/a me ayuda”, etc.
3.En un conflicto o pelea no debemos tomar partido por ninguno de los hijos. Conviene guardar distancia y permanecer al margen cuando la situación no muestra peligro. También se les puede preguntar lo que sucede para entender por qué se están comportando así. Si se considera que ellos solos pueden resolverlo, apelando a la generosidad y capacidad de reconocer la verdad, es bueno permitirles que lo hagan; de lo contrario, se debe actuar con imparcialidad ayudándoles a reflexionar.
4.Dar atención personalizada a nuestros hijos. Esto quiere decir que papá y mamá deben conceder tiempo a solas a cada uno de ellos. No dejar pasar los momentos en que les puedan felicitar por una tarea bien hecha, o demostrar confianza por una gestión encomendada para fortalecer su sentido de la responsabilidad. Por otra parte, debemos corregir individualmente a los hijos, con cariño, comprensión y firmeza. No se debe hacer quedar mal a los hijos/as delante de los demás, porque sienten humillación e ira.
5. No dar responsabilidades extras al hijo éste es un error que ocasiona tensiones y conflictos. Es bueno que los hijos mayores nos apoyen, pero los padres deben saber que la educación y protección familiar es su responsabilidad.
6.Promover situaciones de ayuda y colaboración entre hermanos: apoyarse en tareas escolares; hacerse cargo de algo en común, como cuidar una planta o mascota, ahorrar conjuntamente para un mismo proyecto…
7.Las normas de disciplina deben ser pocas pero firmes y claras e iguales para todos. Por ejemplo: los horarios de comidas, deberes y sueño; el orden y la limpieza.
8.Motivar y apoyar a cada hijo de acuerdo a sus aptitudes y capacidades para que todos desarrollen la confianza en sí mismos; pero también animarlos a superar sus limitaciones para que aprendan a vencer las dificultades.
9. Dedicarles nuestra atención no sólo en tiempos de guerra, sino también en los períodos de paz, suele reducir las peleas.

Meditemos: mientras los niños están jugando, ¿no es cierto que nosotros aprovechamos para realizar nuestros quehaceres diarios o para leer un rato después del trabajo? ¿Y cuándo acudimos a ver cómo están? Normalmente cuando los oímos pelear o, al contrario, cuando no oímos nada, porque pensamos: “¡Qué extraño!, ¿estarán haciendo alguna travesura?”

Esto no pasa inadvertido para ellos, y sabiendo que si discuten sus padres van a venir y además van a tener la ocasión de que reten a su hermano y quedar por encima, no les costará mucho encontrar un motivo de disputa.

Hemos observado que una forma de comprobar que esto es así consiste en esperar y ver cuánto tiempo transcurre desde que comenzamos a escuchar la discusión hasta que nos llaman: no más de unos pocos minutos. Si sólo quieren llamar nuestra atención y nosotros les seguimos el juego, verán que funciona y las peleas no terminarán nunca.

Finalmente, te invitamos a que practiques estos tips cuando tus hijos están peleando y te garantizamos que obtendrás soluciones efectivas en menos de una semana, además de recobrar la paz familiar.

Fuente: http://hijosypadres.wordpress.com

Consolidando el vínculo entre los padres y sus hijos adultos

Hoy en día, la creciente expectativa de vida significa que los miembros de una familia pasarán más tiempo en roles intergeneracionales, que requieren sin dudas de mayor negociación y entendimiento para hacer frente a los cambios.

La relación de un hijo adulto con sus padres tiene un fuerte efecto sobre el estado psicológico de ambos padres y de los hijos, y proporciona un lazo social muy duradero. Es importante que las distintas generaciones trabajen juntas para hacer que la relación sea satisfactoria antes que tirante o tensa.

Hijos adultos y sus padres, una relación ambivalente
Los lazos entre las distintas generaciones, compuestas por los hijos adultos y sus padres, se pueden entender como "relaciones ambivalentes" Los lazos ambivalentes incluyen opiniones positivas y negativas de una persona hacia otra. Estas sensaciones entre los hijos adultos y sus padres, incluyen amor, ayuda recíproca, valores compartidos, y mucha solidaridad, pero también podrían, al mismo tiempo, contener una continua serie de emociones y de sensaciones de aislamiento, conflicto y problemas familiares, como abuso, negligencia, y tensión por parte de los miembros.

Las sensaciones ambivalentes son mayores durante las épocas de transiciones tales como la jubilación, algún fallecimiento, enfermedad, matrimonios, nacimientos, y cambios de carrera. Existen tres aspectos en las relaciones del hijo adulto con sus padres, que pueden especialmente provocar algún tipo de ambivalencia:

1) Puede haber ambivalencia entre la autonomía y la dependencia. Los hijos adultos y los padres mayores tienen deseo de ayudar, apoyar, e intervenir, pero este deseo se puede poner en contraste con la libertad. (ejemplo: la sensación de muchas madres de estar aprisionadas entre la necesidad de apoyo de sus hijas adultas y su propia necesidad de independencia y autorrealización. Las hijas adultas luchan con su deseo de seguir siendo hijas, y convertirse en esposas y madres independientes).

2) La ambivalencia como resultando de la solidaridad. Las familias que demuestran solidaridad (co-residencia u hogares con proximidad cercana, dependencia mutua para la ayuda, e interacción frecuente) probablemente tengan sensaciones contradictorias, tales como descontento sobre su relación, luchas para lograr independencia, y conflictos diversos.

3) La ambivalencia como resultando de normas (expectativas sociales) que entran en conflicto con respecto a las relaciones intergeneracionales. Las normas sociales pueden incluir obligaciones entre los parientes y la obligación de asistir a miembros familiares de otra generación.

Fuentes de tensión entre los hijos adultos y sus padres
Las diferencias en valores y creencias, pueden convertirse en una fuente de tensión en los lazos intergeneracionales. Los padres y los hijos adultos que suelen estar de acuerdo sobre cómo manejar el dinero, criar hijos, sus tipos de amigos y socios, creencias religiosas, y otros valores, tienen a menudo menos dificultades en sus relaciones. Las diferencias en las diversas etapas de desarrollo de la vida, pueden ser una fuente de tensión en la familia. Los padres mayores pueden tener que enfrentarse a su envejecimiento, su delicada salud, su retiro, o su mudanza, y sus hijos deben asumir que ellos (sus padres) están más viejos y no pueden hacer tanto como querrían, por lo que pueden necesitar alguna ayuda por parte de sus hijos. Esto puede suceder justamente cuando los hijos adultos se están ocupando de su propia mudanza, de una mayor responsabilidad en su trabajo, y están cuidando a sus hijos, lo que deja menos tiempo para proporcionar a sus padres.

Las diferencias en las expectativas de los padres hacia sus hijos, y los objetivos y el comportamiento de los propios hijos, pueden ser una fuente de tensión. Los hijos pueden también alcanzar todo lo que esperaban sus padres, pero en su relación puede faltar afecto, calor, respecto, una comunicación abierta, y honradez. Los hijos adultos pueden también a su vez tener diferencias con las expectativas en el comportamiento de sus propios padres. Los padres pueden no lograr proporcionar una ayuda financiera solicitada por sus hijos, o pueden interferir en las vidas de sus hijos. Puede que tampoco estén disponibles para ayudar en la crianza de sus nietos. El resultado, puede ser la decepción mutua.

Hijos adultos: construyendo y manteniendo relaciones sanas
Le ofrecemos algunas sugerencias para la construcción y el mantenimiento de lazos sanos, entre los hijos adultos y sus padres mayores:

•Sea honesto.Acepte a tiempo sus errores y dudas. Los miedos, las dudas sobre uno mismo, las culpas, y otro tipo de sensaciones nos privan de entender a los otros y de cambiar nuestro comportamiento.
• Sea comunicativo.Escuche e intente entender las experiencias de la otra persona. Comparta sus propias expectativas, sensaciones, esperanzas, y preocupaciones.
• Acepte otros sentimientos y creencias.Reconozca que los sentimientos y las creencias de los hijos adultos y de los padres mayores son verdaderas para cada uno de ellos. Todos merecen el derecho de tener sus propias opiniones, incluso si son diferentes a la del otro.
• Respétense el uno al otro.El respecto trae más respeto, y reconoce la individualidad.
• ¡Déjelo ser!Reconozca que cada generación toma decisiones distintas, y debe sufrir o disfrutar pos sus consecuencias. No prohíba a la otra generación la oportunidad de aprender de cada situación.
• No tome toda la culpa o el crédito.Cada generación tiene experiencias únicas.
• Elija para su propio bien.Cualquier decisión que tome, debe ser en base a su propia determinación (aunque escuchando los consejos del otro). De esta forma, en caso de fallar, no cargará las culpas de su resentimiento a la otra persona, y podrá continuar manteniendo una buena relación.
• Sea flexible.Tome la decisión de construir y de mantener una relación sana entre las diferentes generaciones de su familia.

Las relaciones entre los hijos adultos y sus padres continúan a través de toda la vida, hasta el último momento. Estas relaciones están desafiadas no sólo por el incremento en las expectativas de vida, sino también por las diversas transiciones en la existencia, tales como cambios en residencia, trabajo, salud, matrimonio, divorcio, y nupcias. Construir y mantener lazos intergeneracionales sanos, puede dar a las personas y sus familias la posibilidad de acceder a un mayor conocimiento, respeto, y aprecio entre los unos y los otros. Las habilidades para entender las diversas necesidades, proporcionan también una importante herencia a las generaciones futuras, que también tendrán que ocuparse de las transiciones y de las tensiones de la vida.

Fuente: http://www.enplenitud.com