miércoles, 21 de noviembre de 2012

La manía de darle vuelta y vuelta a las cosas


Vivir –en realidad, “malvivir”- dando vueltas y vueltas a las cosas no sólo puede llegar a ser una pérdida de tiempo, y un ejercicio que se vuelve en contra de uno mismo, sino que puede llevar, de la mano y directamente, a trastornos realmente graves como depresiones, obsesiones, ansiedad, hipocondría, etc.

Los problemas se ven mejor cuando se despojan del peso que conlleva denominarlos así –en realidad, son simplemente situaciones a resolver-, y cuando se ven como si fueran ajenos.

Es mejor desidentificarse de ellos, alejarlos un poco, sin implicación personal, ya que es el hecho de intentar resolverlos mientras se está aplastado por ellos lo que impide pensar y verlos con ecuanimidad.

Todos tenemos una habilidad especial para descubrir los errores de los otros, para advertir sus contrariedades, para resolver sus problemas… y es porque no estamos metidos en la piel de los otros.

Lo óptimo es coger con guantes de cirujano el asunto que queremos resolver, extenderlo sobre la mesa de operaciones simbólica, desmenuzar el asunto en sus partes, observar desapasionadamente los inconvenientes, y valorar cuánto de bueno o a favor aparece.

Sí, ya lo sé: no es fácil.

Y quien esté acostumbrado a dar vueltas y más vueltas, dirá que no le es posible hacerlo de otro modo, que es su mente y no él quien piensa, quien abandona cualquier otra ocupación para volver a la noria infinita que gira una y otra vez, y es él quien no puede desembarazarse de la obsesión.

Y ese tipo de mente no conoce la libertad, no sabe de analizar las situaciones con ecuanimidad y equilibrio, con imparcialidad, objetivamente, tranquilamente.

Si el cirujano del ejemplo anterior se pusiera a temblar ante el paciente en el quirófano –nervioso y preocupado-, haría una escabechina en vez de una operación brillante.

Cuando uno está atrapado en la espiral del pensamiento incontrolado –que siempre es fúnebre, pesimista, deprimido…-, no tiene la libertad de ver nuevas soluciones al asunto, sino que se empeña en buscar argumentos que le confirmen en su obsesión más que en ver otras opciones distintas.

Vueltas y vueltas…

Todos conocemos la experiencia. Todos hemos pasado por ahí… y todos hemos querido salir huyendo, cortar el pensamiento como se corta el aire. Todos hemos querido aparcar el pensamiento redundante y obsesivo en algún sitio donde no nos embarullase la cabeza.

Lo bueno es que se puede hacer.

Para ello sólo se requiere retomar el mando de la mente, que no es más que un instrumento a nuestro servicio, e impedir que divague a su antojo.

Se trata de ponerse uno, muy conscientemente, a recapacitar, a valorar posibilidades, y a comparar soluciones. Pero de un modo consciente. Controlando todo el proceso.

Se trata de desapegarse del asunto, de no darle una excesiva importancia a la resolución –aunque la tenga-, y de actuar con la tranquilidad que da la comprensión de que uno no nació preparado, de que uno hace las cosas del modo que considera adecuado, y uno tiene permiso propio para no acertar siempre.

A la larga, muchos de esos asuntos que nos han parecido tan graves, a los que les hemos dado tantas y tantas vueltas, han demostrado no ser tan importantes como aparentaban, y al final nos han convencido de que no valían el esfuerzo, la dedicación, las inquietudes, o el miedo que nos causaron.

Demasiadas veces hacemos de la vida un drama, de las decisiones un asunto de vida o muerte, y de los “errores” un motivo de condena.

Uno de los mejores y mayores actos de amor propio es el de aceptar que nos podemos equivocar, y permitírnoslo; que tenemos derecho a equivocarnos, y que nada ha de cambiar en la buena relación con nosotros mismos por no tomar siempre todas las decisiones de un modo acertado.

Recuerda que una vida humana y caritativa se basa en la defensa de la dignidad, el respeto a Uno Mismo, y el Amor Propio.

(Y no lo olvides: está demostrado que el hecho de darle vueltas insistentemente a las cosas, en el caso de que no se resuelva pronto el motivo de preocupación, conduce con toda probabilidad hacia la depresión)

Francisco de Sales

Lo que significa el fracaso


Fracaso no significa que estemos derrotados:
significa que hemos perdido solo una batalla.

Fracaso no significa que no hemos logrado nada:
significa que hemos aprendido algo,

No significa que hemos sufrido el descrédito:
significa que estuvimos dispuestos a ensayar.

No significa falta de capacidad:
Significa que debemos hacer las cosas de una manera diferente.

Fracaso no significa que somos inferiores:
Significa que no somos perfectos.

No significa que hemos perdido nuestra vida:
significa que tenemos buenas razones para empezar de nuevo.

No significa que debemos echarnos atrás:
significa que debemos luchar con mayor ahínco.

Fracaso no significa que jamás lograremos nuestras metas:
significa que tardaremos un poco en alcanzarlas.

Fracaso no significa que Dios nos ha abandonado:
significa que Dios tiene una idea mejor.

Autor Desconocido

¿Eres estrella o cometa?


Hay personas Estrella y hay personas Cometa.

Los Cometa pasan. Apenas son recordados por las fechas que pasan y vuelven.

Los Estrella, en cambio, permanecen.

Hay mucha gente Cometa. Pasa por nuestra vida apenas por instantes; no cautiva a nadie, y nadie la cautiva. Es gente sin amigos, que pasa por la vida sin iluminar, sin calentar, sin marcar presencia.

Así son muchos artistas. Brillan apenas por instantes en los escenarios de la vida.

Y con la misma rapidez que aparecen, desaparecen.
Así son muchos reyes y reinas: de naciones, de clubes deportivos o concursos de belleza. También entran los hombres y mujeres que se enamoran y se dejan enamorar con la mayor facilidad.

Así son las personas que viven en una misma familia y pasan al lado de otro sin ser presencia, sin existir.

Lo importante es ser Estrella. Hacer sentir nuestra presencia, ser luz, calor, vida. Los amigos son
Estrella. Los años pueden pasar, pueden surgir distancias, pero en nuestros corazones quedan sus marcas.

Ser Cometa no es ser amigo, es ser compañero por instantes, explotar sentimientos, aprovecharse de las personas y de las situaciones.

Es hacer creer y hacer dudar al mismo tiempo.
La soledad es el resultado de una vida Cometa.
Nadie permanece, todos pasan.
Y nosotros también pasamos por los otros.

Es necesario crear un mundo de personas Estrella, verlas y sentirlas todos los días, contar con ellas siempre, ver su luz y sentir su calor. Así son los Amigos: estrellas en nuestras vidas.

Se puede contar con los amigos. Ellos son refugio en los instantes de tensión, luz en los momentos oscuros, pan en los períodos de debilidad, seguridad en los pasajes de desánimo.

Al mirar a las personas Cometa es bueno no sentirnos como ellas, ni desear el agarrarnos de su cola. Al mirar a los Cometa, es bueno sentirse Estrella, dejar por sentada nuestra existencia, nuestra constante presencia, vivir y construir una historia personal.

Es bueno sentir que somos luz para muchos amigos y que ellos nos han iluminado a su vez. Es bueno sentir que somos calor para muchos corazones y que esos corazones nos arroparon cuando el frío nos castigó.

Ser Estrella en este mundo pasajero, en este mundo lleno de personas Cometa, es un desafío, pero por encima de todo, una recompensa.

Ser Estrella es nacer, vivir, y no existir apenas.

Autor Desconocido

Sembrando


El sembrador, mira su campo cultivado y puede ver muchas espigas, tantas como su mirada puede abarcar. En la época de siembra, airea la tierra, prepara el campo para que esa semilla tenga las mayores posibilidades de mostrar su potencial. Siembra, y al voleo las semillas van cayendo en el terreno.

Sabe que para ver el resultado tendrá que esperar un tiempo, tiempo de crecimiento.

Y luego el milagro de la vida repitiéndose otra vez espigas doradas que se mecen al sol.

Solo entonces, cosecha lo que siembra

Los seres humanos somos sembradores, cada cual en su campo, y tenemos la oportunidad de actuar como el.

El ámbito laboral, la familia, la escuela, los amigos… En fin, tantos ámbitos en los que actuamos y en los que tenemos la oportunidad de dejar nuestra semilla.

Por eso es tan importante lo que elegimos sembrar. Porque al igual que el sembrador cosechamos lo que sembramos. Al igual que el, tendremos en cuenta el resultado final que deseamos conseguir para elegir nuestra semilla: si lo que deseamos cosechar es amor, ternura o cualquier otra gama del mismo, la semilla que introduzcamos en el suelo deberá llevar dentro de sus ” entrañas ” todo el potencial de amor.

Sembramos sonrisas, sembramos caricias, sembramos miradas, sembramos palabras.

Al igual que el sembrador, sabemos que nuestra cosecha esta expuesta a tormentas, a sucesos climáticos imprevistos, a situaciones desfavorables. Sin embargo, continuar sembrando con fe, pensando en las hermosas espigas meciéndose en el viento es una poderosa motivación para hacer de la siembra el propósito de nuestras vidas .

Graciela E. Prepelitchi

El amor desnudó las vergüenzas calladas,… de José Ramón Marcos Sánchez

El amor desnudó las vergüenzas calladas,… y su alma entregó la pasión de su cuerpo,… y fue ella de nuevo entre besos y miedos,… liberando despacio las caricias guardadas,… las caricias soñadas,… recordó sensaciones que olvidaron los años,… que acalló la costumbre,… se sintió deseada en la piel de un abrazo,… y vibró nuevamente al sentir sus jadeos ,… y danzó entre susurros desprovistos de tiempo,… el amor desnudo las vergüenzas calladas,… y el deseo vivió porque sólo dormía,…. y latió nuevamente la carne entregada,… y nacieron secretos que mataron complejos,… que temblaron cobardes lo inseguro del antes,… que gozaron valientes la verdad del durante,… que lloraron seguros liberados después,… que sus ojos gritaban con la luz del recuerdo,... y en su voz maculada brillaban auroras,... y temblaba su aroma disfrazado de ayer,.. se miró y comprendió que su eterna belleza,.. se ausento porque ella se dejo de querer,… que al volver a quererse despertó la belleza,...y fue bella otra vez,… y volvió a ser soñada,... y volvió a ser mujer,..
Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez.
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