lunes, 12 de noviembre de 2012

Al otro lado de la ventana


Dos hombres, ambos muy enfermos, ocupaban la misma habitación de un hospital. A uno se le permitía sentarse en su cama cada tarde, durante una hora, para ayudarle a drenar el líquido de sus pulmones. Su cama daba a la única ventana de la habitación. El otro hombre tenia que estar todo el tiempo boca arriba. Los dos charlaban durante horas.

Hablaban de sus mujeres y sus familias, sus hogares, sus trabajos, su estancia en el servicio militar, donde habían estado de vacaciones. Y cada tarde, cuando el hombre de la cama junto a la ventana podía sentarse, pasaba el tiempo describiendo a su vecino todas las cosas que podía ver desde la ventana.

El hombre de la otra cama empezó a desear que llegaran esas horas, en que su mundo se ensanchaba y cobraba vida con todas; las actividades y colores del mundo exterior.

La ventana daba a un parque con un precioso lago. Patos y cisnes jugaban en el agua, mientras los niños lo hacían con sus cometas. Los jóvenes enamorados paseaban de la mano, entre flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles adornaban el paisaje, y se podía ver en la distancia una bella vista de la línea de la ciudad.

Según el hombre de la ventana describía todo esto con detalle exquisito, el del otro lado de la habitación cerraba los ojos imaginaba; la idílica escena.

Una tarde calurosa, el hombre de la ventana describió un desfile que estaba pasando. Aunque el otro hombre no podía oír a la banda, podía verlo, con los ojos de su mente, exactamente como lo describía el hombre de la ventana con sus mágicas palabras.

Pasaron días y semanas. Una mañana, la enfermera de día entró con el agua para bañarles, encontrándose el cuerpo sin vida del hombre de la ventana, que había muerto plácidamente mientras dormía.

El otro hombre se llenó de pesar y llamó a los ayudantes del hospital, para llevarse el cuerpo. Tan pronto como lo consideró apropiado, pidió ser trasladado a la cama al lado de la ventana. La enfermera le cambia encantada y, tras asegurarse de que estaba cómodo, salió de la habitación.

Lentamente, y con dificultad, el hombre se irguió sobre el codo, para alzar su primera mirada al mundo exterior; por fin tendría la alegría de verlo el mismo. Se esforzó para girarse despacio y mirar por la ventana al lado de la cama... y se encontró con una pared blanca.

El hombre le pregunta a la enfermera qué es lo que podría haber motivado a su compañero muerto para describir cosas tan maravillosas a través de la ventana. La enfermera le dijo:

“Quizás solo quería animarle a usted”.
MORALEJA

Es una tremenda felicidad el hacer felices a los demás, sea cual sea la propia situación. El dolor compartido es la mitad de la pena, pero la felicidad, cuando se comparte, es doble.

“Hoy es un regalo, por eso se llama el presente”

Jugando a los novios por Merlina Meiler


Esta es una propuesta ideal para quienes están en pareja desde hace mucho tiempo.
Recibo muchas consultas sobre qué hacer, específicamente, para renovar las sensaciones y despertar aquello que parece dormido. Es que con el transcurso de los años, ciertas particularidades del vínculo se van modificando e incluso, perdiendo.
Las ganas, la novedad, la pasión y otros componentes importantes para mantener viva la llama en una pareja se van apagando. Suelen ganarnos los problemas, la rutina, lo que nos guardamos “por el bien de la familia”, lo que hemos resignado… pero hay vuelta atrás.
Hoy te propongo un juego para mejorar la vitalidad de tu relación y para volver a encender el fuego que los unió (está ahí presente, solo hace falta reconectarse con él): ser novios.
Es probable que tu primera reacción sea de sorpresa o de suponer que es algo que quedó en el pasado, pero acompáñame a pensar sobre este tema unos minutos. Cuando eran novios:
-Siempre había ganas de verse
-Las novedades y las sorpresas eran moneda corriente
-El deseo por estar juntos y tener contacto físico era permanente
-Había más paciencia e interés por lo que nos decía el otro
Pues bien, ¡empecemos el juego hoy mismo o este fin de semana, a más tardar!
Algunas ideas que propongo (el resto queda librado a lo que recuerdes o mejor aún, a tu imaginación):
. Acuerda una cita con tu pareja: puede ser algo que hace mucho que no hagan (como ir al cine) o una actividad que les guste hacer a menudo (por ejemplo, salir a tomar un café). La fecha y la hora tienen que estar bien definidas previamente.
. Salgan los dos solos: en caso de tener niños pequeños, buscar a alguien de confianza que se quede cuidando a tus hijos durante un par de horas va a dar un oxígeno necesario y valioso a tu relación – vale la pena que lo hagas.
. Prepárate de antemano para la cita: elige qué te vas a poner, si puedes ve a la peluquería o estrena algo nuevo. Imagínate que te van a ver con otros ojos y pídele lo mismo a la otra persona: al fin y al cabo, las reglas del juego pueden ser las que tú desees.
. Deja de lado reproches, recuerdos dolorosos y repeticiones de los mismos cuestionamientos: de ti depende que esta salida sea mágica.
. Si es posible, que te pase a buscar por tu casa, al trabajo o a otro sitio en el que estés: esto puede sumar un interés extra, ya que marcará una diferencia con salir siempre juntos desde tu hogar.
. Durante tu cita, juega. Seduce. Habla. Diviértete. Haz que tu interlocutor se sienta cómodo. Reencuéntrate con quien eras hace años, antes de seguir conductas rutinarias y de asumir muchas responsabilidades y déjate llevar por el momento…
Agrega lo que mejor te parezca como incentivo de la velada y de tus sentidos…
¡Y disfruta! Se puede volver a despertar el interés y la pasión, depende en gran medida de ti y de lo que decidas intentar.
¡Inténtalo y comparte conmigo cómo te ha ido!
Fuente:
http://www.mejoraemocional.com