martes, 6 de noviembre de 2012

No etiquetes a tu hijo

Los padres solemos etiquetar a los hijos con adjetivos que definen su comportamiento. Pero debemos tener cuidado, pues si estos adjetivos son negativos, acabamos trasmitiendo la idea de que el hijo es realmente así, olvidándonos de resaltar sus cualidades positivas, y limitando sus posibilidades para mejorar como persona.

Nos hemos acostumbrado a hablar de los niños de forma general y con etiquetas. “Mi hijo es un egoísta y un irresponsable”, decimos, o bien: “Mi hija es nerviosa pero trabajadora”. Aunque estas y otras etiquetas en un principio son útiles, porque nos ayudan a resumir cómo son o cómo se comportan, finalmente lo que consiguen es reducirles a unos objetivos o rasgos que nos limitan para ver en ellos otras cualidades que también poseen. Por tanto, les limitamos y recortamos su potencial. Con frases del tipo “él es así”, reducimos la implicación para que cambien, nos sentimos derrotados y tiramos la toalla. Esto, sin darnos cuenta, es la excusa perfecta para no esforzarnos más.

Sobre todo en los primeros años de vida, cuando nuestros hijos absorben y exploran el entorno y son fácilmente influenciables, la educación va a determinar gran parte de los valores morales que interioricen en estos años. Si los padres tienen una actitud positiva hacia los hijos, éstos tendrán un comportamiento positivo en el futuro. Es común que los psicólogos hablemos sobre la influencia del grupo en la adolescencia, y afirmemos que los adolescentes en esta etapa dan más importancia a sus iguales, al grupo o pandilla, al que desean pertenecer porque necesitan reconocimiento, por sentirse integrados como parte fundamental de su maduración. De este modo toman distancia respecto a sus padres para pensar por ellos mismos y van ganando cotas de autonomía e independencia. Aún así, actualmente observo un hecho positivo: la influencia de la familia es más fuerte de lo que se pensaba, ya que aunque el adolescente esté en gran parte influido por sus iguales (amigos y compañeros), parece ser que sólo es así en los aspectos más superficiales y en relación con el presente más inmediato. Tiene que ver con algunas formas de relacionarse, de divertirse y de pensar que, naturalmente, pueden acarrear algún que otro contratiempo tanto a ellos como a sus padres. Sin embargo, la familia puede influir a más largo plazo y en los aspectos más básicos del ser humano, como las actitudes y los valores. (…)

Cuando decimos que un niño es de una determinada manera, nos basamos en que se comporta frecuentemente así, a través de las conductas observables, ya que es útil a la hora de conocer rápidamente cómo es. Pero esto influye negativamente en cómo le tratamos y en las expectativas que tenemos hacia lo que puede hacer. Es muy poco probable que los padres y profesores animen a sus hijos y alumnos si desde el principio ya se los etiqueta como vagos, torpes e irresponsables. Lo que los demás esperan de nosotros puede influir tanto para lo bueno como para lo malo en nuestra forma de pensar, sentir o comportarnos. (…)

Las personas podemos tener una gran influencia sin ser conscientes de ello. En psicología se ha demostrado que las expectativas depositadas en los demás pueden influir en su conducta. Ese fenómeno ha sido denominado profecía autocumplida o efecto Pigmalión. En ocasiones, la gente se convierte en lo que otros esperan que sea. (…)

¡Cuidado con las expectativas que tienes puestas en tu hijo, porque luego tienedes a cumplirse! Las esperanzas puestas en un acontecimiento tienen a facilitar su cumplimiento. Si tachas a tu hijo de “inútil” tenderá a comportarse como tal. Espera de ellos metas realistas y valora sus esfuerzos en vez de esperar “lo mejor” o “lo peor”.

Si observas a tu hijo de forma distorsionada, filtrando mentalmente una parte de él, y le ves como un demonio, o como un ángel, significa que tu visión no es realista y eso hará que se te presenten numerosas dificultades a la hora de abordar los conflictos.

Otra influencia negativa es centrarnos sólo en su comportamiento problemático y notado lo positivo que tiene, o en sus grandes capacidades y aptitudes, por lo que terminará creyendo que es vago, torpe, o malo. Estas expectativa afecta a su autoestima, lo que hará que se sienta inseguro y termine por comportarse realmente como vago, o torpe, o malo.

En seguida etiquetamos y nos apresuramos a pensar que nuestro hijo es un tirano, de modo que nos ponemos en la peor de las tesituras y no podemos identificar lo que le pasa realmente. Así es imposible buscar soluciones eficaces.

Extracto del libro Pequeños tiranos, de Alicia Banderas, Libros Cúpula.


Evita sobreproteger a tu hijo


Muchos padres sobreprotegen a sus hijos sin darse cuenta que ese exceso de protección puede llegar a ser muy perjudicial para el hijo.

Con demasiada frecuencia se ve que las madres oscilan entre sentirse culpables y sobreproteger a sus hijos o actúan con frialdad, como hicieron otras madres que les antecedieron. Creen que así lograrán que los niños se comporten como si fueran mayores. Lamentablemente, ninguna de estas soluciones es creativa. Ni para el hijo ni para la madre.

Cuando una madre sobreprotege y no da a su hijo la posibilidad de equivocarse o de tener pequeñas decepciones y sufrimientos, el niño no puede averiguar lo que realmente vale. Lo que quiere, ni su verdadera identidad. Le resulta imposible descubrirse a sí mismo y ponerse a prueba. Un niño sobreprotegido no siente la sensación de victoria cuando lograr algo. Se siente solo, por más que siempre haya a su lado otras personas que hacen en su lugar lo que él necesita llevar a cabo.

¿Qué razones llevan a algunas madres a confundir amor con sobreprotección? ¿Hasta qué punto la sobreprotección puede producir cambios de conducta tanto en los hijos como en el resto de la familia? La primera cuestión que hay que tener en cuenta es que no es lo mismo ocuparse del hijo que preocuparse por ayudarle a crecer como persona.

Cuando un niño es pequeño es evidente que su supervivencia depende de los cuidados maternos y paternos, o de los de otras personas que los sustituyan en ellos. Se trata de cuidados afectivos, físicos y emocionales. A medida que el niño crece y va conquistando diferentes grados de independencia y autonomía, el principal desafío de los padres es aceptar este crecimiento. Durante este tránsito conjunto, el hijo comprende que puede confiar en los demás y sentirse apoyado, y los padres aprenden a ver al hijo real, más que al pequeño que fue o al hijo que desean que sea. Es en este paso de una etapa a otra cuando a veces se cruza la línea invisible que separa el cuidado de la sobreprotección.

Cuidar es dejar crecer. Es aceptar los cambios de los hijos, darles amor, comunicarse con ellos según sus necesidades presentes y estimularles. Cuidar al hijo es ocuparse de su crecimiento y esforzarse en comprenderlo. Por el contrario, sobreproteger es producto de la preocupación, de una implicación emocional tan intensa, excesiva y controladora que acaba convirtiendo una relación potencialmente favorecedora en otra de menor calidad. Los padres que sobreprotegen desean sin duda dar felicidad a sus hijos, pero creen que ésta sólo es posible si los tienen controlados bajo su atenta mirada, ya sea en todo lo relacionado con sus juegos, con sus amigos, en sus decisiones o en su manera de pensar. La preocupación permanente por lo que ellos consideran el bienestar de sus hijos les impide darse cuenta –alcanzando a veces límites asfixiantes- de hasta qué punto se genera en la familia un círculo vicioso que también influye en ellos. Y es que mientras se afanan en evitar a los hijos cualquier peligro inminente, en decidir por ellos cómo deben pensar o cómo deben relacionarse con sus amigos, no sólo les arrebatan la posibilidad de tener nuevas experiencias, sino que se privan a sí mismos de descubrir a la exquisita, diferente, única y especial persona que tienen ante sí.

Extracto del libro Madres y malabaristas, de Nora Rodríguez, Ediciones Urano

Se feliz ahora de Maytte Sepúlveda

Una tarde , frente a un centro comercial, encontré un vendedor callejero con una carretilla llena de mandarinas, escuché cómo este hombre mal vestido y sudoroso, a todo pulmón gritaba sonriendo, las bondades de sus mandarinas: “Mire qué hermosas frutas, señorita. Pruebe una sin compromiso, si no le gusta no se la cobro; distinguido caballero, llévele esta bolsa de mandarinas a su esposa, tenga un dulce detalle con ella, llévelas ahora y mañana me las paga”, yo observaba sin que él se diera cuenta su entusiasta y alegre perorata… luego me miró fijamente con unos ojos chispeantes y me dijo con su cara radiante: ¡Señora, se ha dado cuenta Usted qué lindo día nos ha regalado el Creador!! Quedé sin saber qué responderle, estaba sorprendida: este hombre humilde era capaz de generar toda esa alegría, toda esa felicidad, a pesar de que no parecía tener las cosas que la mayoría de nosotros creemos que dan la felicidad. Mire a mi alrededor y sólo vi gente cabizbaja, amargada, apurada y agobiada, nadie se fijaba en este hombre y su mensaje. En verdad es extraño y reconfortante encontrar a alguien con tanta alegría en el medio de la ciudad, simplemente por el hecho de estar vivo y tener la oportunidad de hacer su trabajo.

La felicidad de este hombre común y corriente, que vive el día a día en circunstancias mucho más difíciles que tú y yo, me confirma que para ser feliz, no se requiere de vivir en una gran mansión ni de pasar grandes vacaciones ni de tener un cargo muy importante ni de tener muchos títulos, ni de la marca de nuestra ropa ni de cuánto dinero tengamos en el banco; en verdad, la felicidad es un estado de conciencia y depende de nuestra actitud, pues la mayoría de la gente es tan feliz como decide que puede serlo.

¡No necesitamos estar en circunstancias diferentes para ser felices!!. ¿Cuántas veces pensamos: Seré feliz cuando me gradúe, “cuando me case”, “cuando me jubile”, “cuando me mude a otra ciudad o país”, “cuando me aumenten el sueldo”, “cuando consiga otro trabajo”..? Postergamos continuamente la felicidad sin darnos cuenta que no podemos hacerlo pues el único momento que tenemos y podemos usar es el presente.

Recuerda que ¡serás tan feliz como decidas serlo, incluso si no cambian las circunstancias!! La felicidad es exclusivamente tu responsabilidad, eres tú quien decide si vives amargado, haciendo mala cara o si por el contrario vives feliz y sonriente. Comienza a cambiar tu actitud y la interpretación que le das a cada evento que aparece en tu vida. A veces nos sucede que cuando estamos a punto de comenzar una nueva etapa en la vida, aparece una piedra en el zapato, algo por resolver, un imprevisto o un problema que solucionar, nos desanimamos pensando qué la felicidad no es para nosotros, sin darnos cuenta de que los problemas y los imprevistos forman parte del proceso de la vida y que siempre estarán ahí para ayudarnos a crecer, a madurar y a usar las herramientas que tenemos, ajustemos la perspectiva que tenemos de la vida. Aprende a disfrutar del proceso y del camino que te lleva a conseguir tus metas. Reconoce todos tus regalos y dale gracias a la vida por todo lo que tienes, aunque sólo sea la posibilidad de estar vivo un día más y disfrútalo, porque es un regalo extraordinario. Más que dinero y fama, busca sentirte bien contigo mismo, con lo que haces, con lo que tienes y con las personas que te acompañan a vivir cada día; esa tiene que ser tu prioridad. Pregúntate: ¿qué estoy haciendo o dejando de hacer para sentirme vacío o desanimado? Es posible que cuando dejes de buscar culpables de tu malestar, puedas encontrar en ti la causa del mismo, entonces habiéndolo reconocido podrás trabajar en el para superarlo.
A propósito, te daré un formula infalible para ser feliz de forma instantánea: haz feliz a otros. Pues todo lo que entregas a los demás sin esperar recompensa o reconocimiento alguno, te reconforta, te fortalece y hace que la prosperidad llegue a tu vida. ¡Te juro que funciona!

“Trabaja como si no necesitaras dinero, ama como si nunca te hubieran herido y baila como si nadie te estuviera viendo”.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa y todo va a estar bien!!

Fuente:


Hasta siempre,.. de José Ramón Marcos Sánchez

Hace tiempo que el silencio me grita tus sentimientos,…y me dice que te has ido aunque te tenga a mi lado,… que habitas en la rutina y sueñas en otro cuerpo,… y que te falta el valor para decirme “hasta siempre”,… hace tiempo que los besos han dejado de ser besos,… y las caricias acostumbradas ya murieron de costumbre,… y me duele echarte de menos,… y te daña echarme de más…. y me voy consumiendo en recuerdos,… en la sombra de aquello que no volverá,… y siento que mis brazos son sólo compás de espera,… a la espera de sus brazos,… y esperas cada momento los momentos clandestinos,… para fundirte en su piel y nacerte de nuevo,… hace tiempo que tus suspiros son el viento de mis noches,… que arrancan mi alma diciendo que no quieres volver,… y sé que lloras en el silencio de las culpas,… y ríes en el secreto de los sueños,… y herido de amor el amor me recuerda,… que amar es dar todo a cambio de nada,… te doy mi distancia,… te entrego el olvido,… y aunque me mata el dolor de perderte,… me sobra amor para decirte,…. gracias por todo,…. “hasta siempre”,…
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez
E-mail y MSN:joseramonmarcos@live.com 
Twitter: @joseramonmarcos

Tu postura corporal por Merlina Meiler

La forma en que te presentas ante los demás transmite tu manera de pararte frente a la vida y a las circunstancias a las que tienes que enfrentarte.

Piensa en cómo es tu postura corporal, generalmente. Es más, si tienes un espejo cerca o en el momento que puedas pararte frente a uno, obsérvate durante algunos instantes.

¿Tiras los hombros hacia adelante, demostrando que dudas y no estás seguro de tus actos y de tus palabras?

¿Entras a tu trabajo o a lugares públicos o con mucha gente con paso seguro y firme, o prácticamente a hurtadillas, como pidiendo permiso y tratando de que nadie repare en que has ingresado a ese sitio?

¿Sueles cruzarte de brazos seguido, poniéndote a la defensiva, en especial cuando te dicen cosas que preferirías no escuchar, en lugar de relajarte y, desde una posición de mayor tranquilidad y creatividad, responder a tu manera y desde tus convicciones, sin entrar en el juego del otro?

¿Te vas “achicando” con el transcurso de las horas o en reuniones o en situaciones que te ponen a prueba?

Se habla mucho de que los cambios deberían ser desde adentro hacia afuera, y esto en muchas ocasiones se aplica, pero en el caso de la postura corporal, simplemente con realizar algunas pequeñas modificaciones podremos sentir también cómo, internamente, obtenemos logros importantes.

Imagina estar entrevistando a una persona que desea trabajar en tu empresa. ¿Tomarías a alguien sentado bien derecho, que te mira suave pero firmemente de frente, o a una persona que se hunde en su asiento, enrosca sus piernas y mira constantemente hacia el piso?

Entonces, te propongo que desde el momento en que leas este artículo y mañana, durante todo el día, modifiques un poco cómo te presentas ante los demás y ante la vida. Algunos tips:

. Concéntrate en ti y en cómo te paras (o te sientas), más allá de quién o quiénes estén delante de ti.

.Mantente erguido, con los hombros hacia atrás.

.Arréglate la ropa o el cabello, deben verse prolijos, también.

.Si entras a un sitio muy concurrido (o a una fiesta, ¡me encanta hacer estas “grandes entradas” en lugares llenos de gente, me ayuda a vencer y a erradicar la timidez!), corrige tu postura, enderézate, enfócate en ti mismo y piensa alguna frase que te dé valor -el que tienes, en realidad, tal como: ¡Aquí entro yo!

Practica esta nueva manera de plantarte ante todo y todos y coméntame cómo te va y los cambios que vas logrando.

Fuente: