viernes, 19 de octubre de 2012

Conflictos saludables por Merlina Meiler

Lo que hace fuerte a una persona o a una pareja no es evadir los conflictos o jactarse de no discutir. No se puede tapar la realidad ni disfrazarla, esto sólo dura un corto tiempo. Lo crucial para tener una relación saludable con los demás y con uno mismo es enfrentar las cosas de la manera que se pueda. Por sí solas no desaparecerán ni se resolverán.

La ausencia de conflicto es la negación de su existencia. En toda ocasión que haya dos o más personas habrá cantidades de puntos en los que no piensen de la misma manera, es natural que así sea. Discutir es una manera de comunicarse. Siempre y cuando la discusión, entendida como intercambio de palabras y de ideas, esté basada en el respeto. A veces un simple comentario que en un principio parece sin sentido se transforma en una debacle. Esto indica que había temas subyacentes sin resolver, y que quedaron suspendidos en el aire hasta que la menor alusión a ellos hizo que estallen como una bomba.

Es peor hacer de cuenta que no pasa nada o que no se ha suscitado situación alguna que nos preocupa, nos incomoda o nos hace verdaderamente infelices, y relegarla “por el bien de la familia”, “para no pelear”, “si igual nada va a cambiar”. Esta negación implica una confrontación mucho más profunda, la tuya con tu propia esencia de quién eres y qué deseas en la vida. No enfrentar los acontecimientos y esperar que desaparezcan o se modifiquen por sí solos es una quimera. Se pueden sacar trapitos al sol de manera adulta, sin golpes bajos, para que el debate transcurra por carriles civilizados.

Muchas veces se comienza a charlar sobre un tema y sin saber cómo esto deriva en viejos rencores o temas recurrentes. Éste es un indicador de que hay situaciones del pasado que aún no se han saldado. O que hay heridas abiertas que siguen supurando ante el primer estímulo. Es una buena idea en estos casos respirar hondo, guardar la calma, tratar de no levantar el tono de voz y adoptar la segunda persona unos instantes para comprender más acertadamente el punto de vista de nuestro interlocutor. Acercarnos a su mapa nos dará un panorama cabal de lo que piensa y siente, y podremos así llegar a un lugar en común, siguiendo lo que nuestros pensamientos y sentimientos nos dictan.

Si aún tienes dudas, adopta la tercera posición, la del observador; así, al estar en un lugar neutral, podrás ver los hechos con más claridad, hallar soluciones originales y terminar con la discordia. Al pensar qué actitud tomar y evaluar opciones, no busques la aprobación de la otra persona, a cualquier precio, ni digas sólo lo que él o ella desean escuchar; ya que el precio que pagarás por esto será demasiado alto.

La falta de discusiones y de ideas encontradas, por lo general, significa ceder, dejar de lado nuestras creencias para abrazar las de la otra persona, por miedo a perderla, a que se enoje, o a que reaccione de una manera indeseada. Sacrificar tus creencias y tus principios nunca vale la pena, por nadie, ya que el hacerlo genera conflictos interpersonales que drenarán tu energía y te dejarán proclive a reacciones indeseadas en el plano físico o psíquico. Asimismo, el enmascarar tus verdaderos pensamientos provoca un gran resentimiento contra la otra persona o un enojo difícil de tolerar contra ti mismo, dos actitudes que pueden distorsionar tus percepciones y hacer que tomes decisiones que darán como resultado lo contrario a lo que verdaderamente deseas.

No vale la pena volver a referirse nuevamente a hechos que ya han sido debatidos en otras oportunidades. Si te das cuenta que alguna herida no ha cicatrizado, toca el tema nuevamente en sólo una oportunidad, por última vez; date el gusto de expresar todo lo que sientes y necesitas decir, y deja en el pasado ese capítulo de tu vida. Permítete darle un cierre y ponle un punto final, ya que es la actitud más sana que puedes adoptar. Mira hacia el futuro de aquí en más con energías renovadas.

Lo verdaderamente importante es la manera en la que cada integrante del conflicto capitaliza lo que quedó después de haber intercambiado ideas y emociones sobre lo que generó la discordia. Lo ideal es salir fortalecidos después de enfrentar una situación de esta clase. Aunque éste no parezca ser el resultado que se obtiene, bien vale la pena realizar nuestro mayor esfuerzo para alcanzarlo.

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Biografía de Miguel Ángel Asturias

(Guatemala, 1899 – París, 1974) Poeta, narrador, dramaturgo, periodista y diplomático guatemalteco, considerado uno de los protagonistas de la literatura hispanoamericana del siglo XX. El empleo personal que hace de la lengua castellana constituye uno de los mundos verbales más densos, sugerentes y dignos de estudio de las letras hispánicas.

Se graduó de abogado en la Universidad de San Carlos, en Guatemala, donde participó en la lucha contra la dictadura de Estrada Cabrera, hasta que éste fue derrocado. Fundó y dirigió la Universidad Popular en 1922. Ya en ese entonces empezó escribir. Partió luego a Europa, donde vivió intensamente los movimientos y sucesos que la transformaban. Estudió lingüística y antropología maya con Raynaud, y de esa época es su traducción del Popol Vuh, junto con José María Hurtado de Mendoza.


Miguel Ángel Asturias

Regresó a Guatemala en 1933, donde ejerció la docencia universitaria, fundó el Diario del Aire, primer radio periódico del país y vivió una agitada vida cultural y académica. En el período revolucionario de 1944 a 1954 desempeñó varios cargos diplomáticos. En 1966 ganó el Premio Lenin de la Paz y en 1967 el Premio Nobel de Literatura. Murió en Madrid el 9 de junio de 1974, pero sus restos reposan en el cementerio de Pere Lachaise, en París.

Para comprender su obra se debe tomar en cuenta el profundo influjo que ejercieron en él tanto la cultura maya como la vida europea. Lo maya se arraiga en la cosmovisión de un mundo que está asentado en un profundo y auténtico pensamiento mágico y que atrapa en sus relatos. Por otro lado, el influjo del surrealismo, la amistad con P. Eluard, el contacto con el Ulises de J. Joyce, son las otras fuerzas que marcan su escritura. Asturias es considerado precursor del boom hispanoamericano por su experimentación con estructuras y recursos formales propios de la narrativa del siglo XX.

Su obra se inserta en la vanguardia literaria y abarca géneros diversos. Según Albízurez Palma, un exhaustivo estudioso de la obra de Asturias: "Como poeta lírico, ha dejado constancia de sus ricas posibilidades en variedad de creaciones, algunas de temas íntimos, otras vinculadas a temas folclóricos, otras políticos, otras con sugestiones mágicas, barrocas y de sorprendente fuerza imaginativa. Como dramaturgo, creó un teatro tocado por el realismo mágico, denso en significación humana y de notable poderío verbal. Como narrador, Asturias alcanzó su máximo prestigio. Sus novelas y cuentos revelan una apasionada y subjetiva captación de la realidad en diversas facetas: la tragedia de las dictaduras, el mundo mágico del indígena, el mundo de magia y ensueño de la niñez, las tradiciones de Guatemala, en sus novelas asoman los influjos entremezclados de diversas tendencias, movimientos y corrientes literarias".

Su primera obra importante es Leyendas de Guatemala (1930), conjunto de relatos que apareció en París con un prólogo de P. Valéry, y que pertenece a su primer ciclo junto con El Señor Presidente (1946) y Hombres de maíz (1949). El Señor Presidente tiene como asunto la vida en Guatemala durante la dictadura de Estrada Cabrera. Dice el autor que "(...) a través de mi piel se filtró el ambiente de miedo, de inseguridad, de pánico telúrico que se respira en la obra". En Hombres de maíz se puede ver el realismo mágico que subyace en toda su creación literaria. Representa, además, una consideración acerca del desarrollo de la humanidad desde una sociedad primitiva, analfabeta, y desde el mundo actual, liberal y capitalista.

En el género del cuento escribió además Week-end en Guatemala, (1955), El espejo de Lida Sal (1967), Tres de cuatro soles (1971). Además de las novelas mencionadas, publicó Viento fuerte (1950), El Papa verde (1954), Los ojos de los enterrados (1960), El alhajadito (1961), Mulata de tal (1963), Maladrón(1969) y Viernes de dolores (1972).

En teatro merecen citarse Soluna (1955), La audiencia de los confines (1957), Chantaje y Dique seco (1964). En poesía, Anoche, 10 de marzo de 1543 (1943), Sien de alondra (1948), Ejercicios poéticos en forma de soneto sobre temas de Horacio (1951), Alto en el sur(1952), Bolívar, Canto al libertador (1955), Nombre custodio e imagen pasajera (1959) y Clarivigilia primaveral (1965). En ensayo, El problema social del indio (1923), Arquitectura de la vida nueva (1928),Carta aérea a mis amigos de América (1952) yLatinoamérica y otros ensayos (1968).

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Biografía de Jonathan Swift

(Dublín, 1667-id., 1745) Escritor irlandés. Estudió teología en el Trinity College de Dublín, y tras estallar la guerra civil se trasladó a Inglaterra, donde obtuvo el puesto de secretario del diplomático sir William Temple, pariente lejano de su madre. Conoció a Esther Johnson, la hija de Temple, quien se convertiría en la destinataria de una serie de cartas íntimas, publicadas póstumamente en 1766 con el título de Cartas a Stella (Journal to Stella); algunos biógrafos sostienen que llegó a casarse con ella en secreto.


Jonathan Swift

Las malas relaciones con su protector lo llevaron otra vez a Dublín, donde se ordenó sacerdote en 1694. Después de trabajar un año en la parroquia de Kilroot, y reconciliado con Temple, regresó a Londres para participar activamente en la vida política, religiosa y literaria de la ciudad. Aunque en un primer momento estuvo cercano a los whigs, tras la subida al poder de los tories escribió una serie de panfletos en su favor y contra los whigs que se caracterizaron por su gran agudeza y mordacidad, y que le llevaron finalmente a dirigir el Examiner, periódico del Partido Conservador.

En su panfleto La conducta de los aliados (The Conduct of the Allies, 1711) acusaba al Partido Liberal de alargar en interés propio la guerra de Sucesión española, lo que motivó la dimisión del comandante de las fuerzas armadas.

La habilidad como satírico de Swift se evidencia en sus primeros libros: La batalla de los libros (The Battle of Books, 1697) ridiculiza las discusiones literarias en boga que contraponían la calidad de las obras de la Antigüedad a las modernas, adoptando el autor una posición favorable a los clásicos, mientras queHistoria de una bañera (Tale of a Tub, 1704), sátira sobre la pretenciosidad e hipocresía en el terreno de la religión y la literatura, le supuso la pérdida de sus prerrogativas en la Iglesia Anglicana.

Tras la muerte de su protector, en 1699, se había trasladado a Irlanda, donde tras ejercer diversos cargos eclesiásticos fue nombrado deán de la catedral de San Patricio (1713-1745). Realizó por entonces numerosos viajes a Londres para mantener su actividad política, hasta que en 1718, con la caída del gobierno, perdió toda su influencia.

Entre 1724 y 1725 publicó una serie de panfletos a favor de la moneda irlandesa, las Cartas de un pañero(Drapier’s letters, 1724), que significaron la revocación del permiso para acuñarla, y más tardeUna modesta proposición (A modest proposal, 1729), en la que ironizaba sobre la posibilidad de vender a los hijos de los irlandeses pobres como alimento para los ingleses ricos, para el bien de la patria y de ambas clases sociales. Por estas obras sería considerado más adelante como un héroe del nacionalismo irlandés. Afectado al parecer por un tumor cerebral, sus últimos años se vieron marcados por una progresiva demencia.

La obra que indiscutiblemente aseguró a Swift la gloria literaria fue su novela Viajes de Gulliver(Gulliver’s Travels, 1726), sátira imaginativa y pesimista de la sociedad que se convertiría, curiosamente, en un éxito de la literatura infantil. El descubrimiento por parte del protagonista de países imaginarios, integrados por ejemplo por seres minúsculos (Lilliput) o gigantes (Brobdingnag), le sirve al autor para lanzar una sátira aguda e inmisericorde sobre la política y las relaciones sociales de su época, de un tono negativo rayano en la misantropía. El estilo de Swift, austero y directo, alcanza sus mejores resultados en la sátira, el género que siempre cultivó y en el cual demostró sus inmensas dotes imaginativas y para la crítica social.

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