lunes, 15 de octubre de 2012

Para impedir que el adiós, mate también el recuerdo,... de José Ramón Marcos Sánchez

Hoy mi alma se derrama en la tinta del ayer,…. y me duelen las palabras que ya no podré decirte,…. que ya no querrás oír,… y me daña la distancia que habita en tu cercanía,… entender que estando al lado ya te marchaste hace tiempo,… que yo me marché contigo,… que malgastamos aquello que nos vivió diferentes,… que se gasto hasta romperse en un mar de indiferencia,…. y ya no sé si te quiero,… si algún día me quisiste ,… quiero encontrar en quien somos pedazos de lo que fuimos,…. que me cuenten si ya han muerto,…. si alguna vez existieron,…. si fallecieron de pena o los mató la costumbre,… si nos echaron de menos antes de echarnos de más,… si nos lloraron sinceros en las ausencias ocultas,… en las presencias mentidas,…. y quiero que me proyecten al inicio del entonces,… al tiempo donde creímos amarnos,… donde creímos ser uno,… para pedirle perdón a la memoria de aquello,… para impedir que el adiós mate también el recuerdo,…
PD: Dios no me quiere y el Diablo me tiene miedo.
José Ramón Marcos Sánchez
E-mail y MSN:joseramonmarcos@live.com Twitter: @joseramonmarcos

La amistad calle de dos vías de Maytte Sepúlveda

“Dos amigos, uno soltero y el otro casado, poseían una granja, cuyo fértil suelo producía abundante grano que se repartía en partes iguales.

Todo iba perfectamente. Pero llegó un momento en que el amigo casado empezó a despertarse sobresaltado en las noches pensando: ‘No es justo, mi amigo no está casado y sólo le doy la mitad de la cosecha; pero yo tengo mujer y cuatro hijos, de modo que en mi vejez tendré quien me cuide y todo cuanto necesite. ¿Quién cuidará de mi pobre amigo cuando sea viejo? Necesita ahorrar para el futuro mucho más de lo que actualmente ahorra porque su necesidad será, evidentemente, mayor que la mía’. Entonces se levantaba de la cama y acudía sigilosamente al granero, a donde su amigo guardaba su trigo, y vertía un saco de grano adicional.

También el amigo soltero comenzó a despertarse por las noches y pensaba: ‘Esto es una injusticia. Mi amigo tiene mujer y cuatro hijos y sólo le doy la mitad de la cosecha. Pero yo no tengo que mantener a nadie más que a mí mismo. ¿Es justo, acaso, que mi pobre amigo, cuya necesidad es mayor que la mía, reciba lo mismo que yo?’ Entonces se levantaba de la cama y llevaba un saco de su propio trigo al granero de su amigo sin que este se enterara.

Pero después de muchos meses, una noche se levantaron al mismo tiempo y tropezaron el uno con el otro, cada cual con un saco de granos a la espalda”.

Teresa es una persona muy animada y sociable, pero en este momento se siente frustrada y hasta un poco molesta porque dice que está cansada de ser ella la que siempre mantiene el contacto con sus amigos y que ninguno de ellos hace el intento de tomar la iniciativa de llamarla, o de invitarla… A veces se pregunta, igual que yo lo he hecho algunas veces: ¿Si yo no mantuviera el contacto seguiría existiendo esta amistad?

Su comentario me hizo pensar en la importancia que tiene la reciprocidad y en lo poco que la tenemos en cuenta cuando nos relacionamos con los amigos. Tal parece que para algunas personas la amistad es una relación pasiva que se da y se mantiene como por arte de magia donde son los demás los que deben acercarse a nosotros o simplemente estar ahí en el momento en que necesitemos de ellos. Pero, ¿cómo puede una relación sostenerse en el tiempo si no existe algún tipo de esfuerzo mutuo por mantener el contacto y fortalecer la relación entre los dos? ¡El cariño, además de sentirlo, hay que expresarlo!

Es importante pensar en la amistad como en una calle de doble vía, de manera que siempre estemos dispuestos a dar, a compartir, a considerar y a tener presente a los amigos. Hay amigos maravillosos con los que hemos compartido alguna etapa especial y, debido a los cambios y las oportunidades que nos ofrece la vida, nos separamos, nos distanciamos y hasta perdemos el contacto con alguno de ellos. Si es así, vale la pena iniciar las averiguaciones que nos permitan encontrarlos para volver a conectarnos y retomar la relación.

¡Sal de la pasividad en la que te encuentras y conviértete en una persona animada, entusiasta y con la iniciativa de reunir de nuevo al grupo de buenos amigos para compartir!

Tú sabes lo bien que recibimos todos una llamada sorpresa, un correo o una invitación inesperada por parte de un viejo amigo. Deja de esperar y comienza a actuar. La amistad es una de las relaciones con más significado en la vida. En todas las etapas que vivimos tuvimos mejores amigos, personas que de una u otra forma nos hicieron sentir queridos, valorados, acompañados, comprendidos, especiales, importantes, fortalecidos… y que ahora que somos adultos son tan especiales que se convierten en la extensión de nuestra familia y en tíos de nuestros hijos.

Para ser verdaderos Amigos…
Acuérdate siempre de ellos. No importa el tiempo que haya pasado desde la última vez que los viste, ni la distancia que en este momento los separe, piensa en ellos con cariño y gratitud.

Sé honesto en los sentimientos. Que tu relación de amistad se base en el cariño sincero, que no exista un interés personal y egoísta de obtener algún tipo de beneficio económico, social o laboral, en el medio.

Habla con franqueza. Comunícale tu malestar y desacuerdo, encontrando las mejores palabras para hacerlo y con la intención de solucionarlos. Aclarar los malos entendidos muchas veces nos acerca y fortalece los vínculos de cariño y respeto

Sé incondicional. Siéntete siempre dispuesto a dar más que a recibir. No esperes a que tus amigos te pidan, da siempre el primer paso para acercarte a ellos, especialmente en momentos de dificultad.

¡Suelta el pasado, deja de preocuparte por el futuro, vive el presente, la vida es maravillosa, todo va a estar bien!

Fuente:


Relaciones tóxicas – Parte 1 por Merlina Meiler

Si estás inmerso (o inmersa) en un vínculo de pareja que te produce mucha pena y desdicha y poca alegría y buenos momentos, que en ciertos momentos te hace sentir que de algún modo llegas a desdibujarte como persona en pos de mantener una armonía o una comunicación ficticias, es bien probable que formes parte de una relación tóxica. Determinarlo te será de suma utilidad para desactivarla y acceder a una vida emocional más satisfactoria. 

Una relación tóxica es aquélla en la cual una o las dos personas sufren mucho más de lo que experimentan dicha y placer por estar juntos. Uno de los integrantes (y en algunos casos ambos) se ven sometidos a un gran desgaste por tratar de sostener la relación. Este tipo de vínculos provocan más insatisfacción que felicidad, y la sensación de bienestar que pueden proporcionar en escasos momentos es muy efímera ya que para vivenciarla es necesario silenciar o pasar por alto ciertas cosas que, de darles la importancia que efectivamente tienen, causarían un profundo dolor e incluso llegarían a poner en peligro la continuidad de la pareja.

Ten presente que nada bueno puede surgir de uniones entre personas que generan actitudes y emociones lacerantes que nublan tu capacidad de alcanzar la plenitud emocional que te mereces. Las relaciones ideales entre las personas son ganar-ganar. Una relación tóxica nunca puede catalogarse como tal, son de ganar-perder y, en muchos casos, las dos personas involucradas pierden.

Si tú eres quien en estos momento se está planteando si el vínculo que te causa insatisfacción y momentos desagradables es de esta índole, piensa si hay comportamientos tóxicos involucrados. Si de a ratos preferirías no estar con esa persona porque te hiere y te entristece visceralmente, si utiliza mecanismos tales como la culpa, el sarcasmo y la burla para manipularte, si mina tu autoestima y tu capacidad de que decidas de manera individual lo mejor para ti, si has llegado al punto de no reconocerte a ti mismo, entonces eres parte de una relación tóxica y eres tú quien sin dudas pierde en esta forma de comunicación despareja.

¿Qué nos lleva a involucrarnos en relaciones tóxicas? Hay diferentes razones, a continuación detallo las más usuales: 

La baja autoestima. Si nuestras creencias están basadas en sentir que no somos merecedores de la atención, el respeto o el amor de otra persona, quien aparezca será considerado (o considerada) nuestra tabla de salvación, a la que nos aferraremos con uñas y dientes porque sin esta persona, ¿quién nos querrá? O ¿quién pagará nuestras cuentas? O ¿quién nos cuidará? 

El creernos salvadores. Fantasear que nosotros podemos cambiar a esa persona, que hemos llegado a su vida para que se transforme en otra clase de ser humano, mejor, más como nosotros queremos que sea, suponer que con nosotros se comportará de una manera diferente a la que suele hacerlo, que lograremos que se operen modificaciones impensadas, son caminos de ida hacia el sufrimiento. Podemos ayudar a que otras personas cambien rasgos de su personalidad que les molesten, siempre y cuando se den cuenta de que este cambio los favorecería, decidan hacerlo y además quieran que los ayudemos. Lo que sí tenemos es la capacidad concreta de lograr que se produzcan cambios asombrosos en nosotros mismos si así lo deseamos: esta capacidad es innata, por lo que nada ni nadie podrá privarnos de ella nunca. Es sólo cuestión de tomar la decisión de hacerlo y poner manos a la obra. 
Asumir el rol de víctimas. Quién nos va a querer o a aceptar como esta persona que se digna a darnos ratos de su tiempo, o a convivir con nosotros, en definitiva, a darnos momentos su (mala) compañía cuando le place. El asumir este rol implica que estaremos generando (o aceptando) a una persona que se comportará como victimario. 

La urgencia de muestras de cariño. Este tipo de deseo imperioso es muy mal consejero, y se suma a la necesidad de suplir carencias profundas. A veces da como resultado el tolerar cualquier cosa por un poco de lo que atisbamos como cariño (una demostración de afecto, sexo, un regalo), pero que en realidad encubre otro comportamiento de fondo (uso, abuso, egoísmo, maltrato, falta de respeto, etc.). 

Estar acompañado a cualquier precio. El miedo a la soledad es el paso preliminar hacia una posible relación tóxica ya que, vuelvo a mencionarlo, toleraremos literalmente cualquier cosa con tal de no estar solos. Considero que no hay mayor sensación de soledad agobiante que el creer que uno está acompañado por alguien que le va a hacer bien cuando esto en realidad no es así y esa persona no sólo no cumple con nuestras expectativas más esenciales sino que atenta (con marcado éxito) contra nuestra calida de vida. ¿Cómo confiar en alguien que demuestra que no quiere nuestro bien? (Aunque diga otra cosa). 

El aburrimiento. La búsqueda de nuevas sensaciones, de una manera de alejarnos de la monotonía o de la rutina puede hacer que sólo veamos una faceta de la personalidad de quien nos atrae, la divertida y agradable que nos saca del letargo en el que estábamos, y no logramos visualizar el resto de la personalidad de quien nos atrae, en la cual hay comportamientos tóxicos que en un principio no identificamos. Encontrar a alguien que tiene gustos similares a los nuestros es muy bueno – ¡enmascarar una relación tóxica no lo es! Una vez inmersos en un vínculo de esta índole, se nos dificulta salir porque creemos falsamente que volveremos al aburrimiento inicial…. ¡esto depende enteramente de nosotros! Hay muchas personas que comparten nuestros gustos y sueños que no precisan crear un vínculo tóxico para relacionarse. La necesidad imperiosa de cumplir algún rol social, como por ejemplo el de esposa/o, madre o padre tal vez pueda llegar a hacernos priorizar el fin antes que ver a la persona que elegimos como realmente es. Algunas veces tratamos por todos los medios posibles de enmascarar la realidad para seguir manteniendo las apariencias y la estructura social, aunque el costo interno suele ser demasiado alto.

El miedo a seguir avanzando en la vida. Si tenemos un vínculo con una persona que nos pone frenos o nos cercena en nuestro crecimiento y nos estancamos en cierta área de nuestra vida (ya sea personal, laboral, espiritual o profesional) ¿no somos nosotros mismos quienes aceptamos quedarnos en una zona conocida en vez de crecer, desarrollarnos, cambiar y superarnos? Tal vez ésta ha sido tu ganancia secundaria y por eso has sostenido este tipo de comunicación por más tiempo del que quisiste o creíste poder soportar.

Fuente: